Isabel Preysler frente a Belén Esteban: sólo puede quedar una

Nadie hubiera pensado hace algunos años que Isabel Preysler y Belén Esteban competirían en las portadas.

Nadie hubiera pensado hace algunos años que Isabel Preysler y Belén Esteban competirían en las portadas.

Nadie hubiera pensado hace algunos años que Isabel Preysler y Belén Esteban competirían en las portadas. La primera sobrevive adaptándose en cada momento a su situación personal. Ha superado dos divorcios y el fallecimiento de su tercer marido. Actualmente, su relación con Vargas Llosa le ha llevado a moverse en ambientes literarios a los que no estaba acostumbrada. La reciente boda de Belén Esteban ha vuelto a demostrar su tirón. Es una luchadora, capaz de sobrevivir a todas las trabas que encuentra. LA RAZÓN enfrenta a dos iconos muy diferentes.

Isabel Preysler: El talento de saber reinventar a la mujer perfecta

Si hubiera que hacer una radiografía de Isabel Preysler la palabra que mejor la definiría sería la de «incombustible». Llegó a España en febrero de 1969 para instalarse en casa de su tía Tessy Arrastía, hermana de su madre Betty. En aquel momento no estaba previsto que la joven de 18 años fijara su residencia definitiva en Madrid. Pero una cosa son las disposiciones familiares y otra muy diferente el destino. La socialité nunca más volvió a Manila, salvo para visitar a sus parientes. A partir de ese momento comenzó a escribir su libro de vida, donde su personalidad y sus matrimonios la convirtieron en una figura mediática de la prensa del corazón que, por el momento, ningún otro personaje ha conseguido eclipsar. Cuenta la leyenda que cuando se divorció de Julio Iglesias, convertido ya en una figura internacional de la música, le dijo: «En el futuro voy a tener más portadas que tú». Después vino su matrimonio con un aristócrata, el marqués de Griñón, relación por la que comenzó a llamársela «reina de corazones». Lo fuera o no, lo que sí consiguió fue llevarse siempre bien con sus ex maridos y, además, enamorar a uno de los hombres más poderosos del panorama político de España como era entonces el ministro de Economía, Miguel Boyer. Uno de los personajes con más trayectoria política dentro del PSOE y que lo dejó todo por amor. Al menos, esa fue la vertiente romántica que se quiso dar a la fuga del vicepresidente del Gobierno de Felipe González. En realidad, estaba cansado de los desencuentros con Alfonso Guerra, por lo que decidió cambiar la política por la empresa privada que le daba más satisfacciones y, también, dinero.

Y, a raíz de su matrimonio con el padre de su hija Ana, empezó una nueva era para la reina del «glamour», que le permitió relacionarse con un mundo hasta entonces desconocido para ella. Era la llamada «beautiful people» formada por la clase dirigente y poderosa donde también se integró perfectamente y convirtió su mansión de Puerta de Hierro en un lugar de encuentro. Ella se mantenía al margen de los secretos e intrigas que los selectos invitados compartían en sus salones. Su labor se limitaba a ser anfitriona, les recibía y poco más.

Isabel seguía midiendo sus tiempos. Sus salidas publicitarias requerían veinticuatro horas de puesta a punto y aparecía radiante, sonriente y siempre tarde. A diferencia de otros personajes a «La Preysler» se le perdonaba el retraso porque lo primero que hacía, y continúa haciendo, era disculparse. Esta misma semana ocurrió lo mismo, cuando acudió a la presentación de la nueva colección de Pedro del Hierro de la que ella es imagen subliminal como sucede con la firma de joyas Rabat. Llegó una hora después de la convocatoria, pero no hubo plante. Su amiga Carmen Martínez-Bordiú no entiende esos retrasos: «Me pongo de los nervios, pero Isabel es así. Hay veces que la engaño con la hora para llegar a tiempo». Para Miguel Boyer, también era un problema.

Su actual pareja, Mario Vargas Llosa es más expeditivo. Sus conferencias y jornadas literarias tienen un «timing», por lo que si su novia no está preparada, él se marcha y da por bueno que más tarde ella aparecerá. La llegada del Nobel a su vida volvió a cambiar el molde de Isabel, ampliando su círculo social. Y no fue fácil al principio. Los ambientes literarios estaban acostumbrados a Patricia Llosa, que organizaba la vida laboral y familiar del escritor. Mario no sabía manejar el móvil, ni las cuentas corrientes, ni comprar un billete de avión y mucho menos vivir solo. Todo lo hacía Patricia. La llegada de Preysler supuso un tsunami informativo. Y no solo para la prensa del corazón, sino en los ambientes literarios, mucho más clasistas y exclusivistas. El 80 cumpleaños del escritor se celebró en el hotel Villamagna y supuso un antes y un después. Esa noche el Nobel sorprendió a todos con una declaración de amor: «Cada día que paso contigo es mejor que el anterior. Y ya sé que la palabra felicidad tiene un nombre y apellido: Isabel Preysler». Desde entonces no se han separado, acudiendo juntos a todo tipo de actos literarios. «Su ritmo es impresionante. Mario es inagotable». La hoja de ruta de Preysler la marca ahora Mario.

Belén Esteban: su boda la corona como la auténtica «princesa del pueblo»

Belén Esteban se ha casado por segunda vez, y su boda ha sido la noticia del verano. Programas de televisión han subido sus audiencias, medios digitales, revistas semanales y periódicos de tirada nacional han llevado en su interior o en portada la boda de la que fue bautizada como «princesa del pueblo». Un título que, como el de reina de corazones que ostenta Preysler, viene marcado por su biografía. Una trayectoria vital con la que se identifican muchos ciudadanos. La chica de barrio que se enamora de un torero, se queda embarazada y se instala en la finca Ambiciones. El cuartel general de la familia Janeiro donde no la quieren y lo pasa mal. Sola, sin amigas y con poco afecto demostrado por parte de algunos miembros del clan del diestro. La consideraban una busca-fortunas cuando, al pasar de los años, se supo que quien vampirizaba económicamente al torero eran los suyos. Un padre que administraba sus ingresos con resultados negativos que ocasionaron embargos y venta del patrimonio para saldar deudas. Una madre que no supo poner freno a las infidelidades de su marido y que daba por buenas las de su hijo. Belén vivió una historia surrealista con cuartos cerrados con llave, como si fuera el cuento de Barbazul, que encerraba a sus esposas en las dependencias de su castillo. Apariciones intempestivas de Carmen Bazán en el dormitorio de la pareja para llevarle un colacao a sus hijos, sin respetar la intimidad de la pareja. Y, por supuesto, los muchos momentos de soledad que tuvo que vivir alejada de su madre, a la que no contaba nada para no preocuparla. Todos estos ingredientes forman parte de una biografía con luces y sombras cuya guinda ha sido su boda con Miguel Marcos, un chico normal, con su trabajo de conductor de ambulancias y sin afan de protagonismo.

Así estaban las cosas en los comienzos de su vida semipública, donde el apellido Janeiro estaba unido a sus declaraciones y apariciones en televisión. Con el tiempo fueron ellos lo que se subieron al carro de la popularidad de La Esteban. Es cierto que durante mucho tiempo el despecho de la colaboradora televisiva por la ausencia de responsabilidad afectiva (que no económica) de Jesulín fue su caballo de batalla. Llegó un momento en que la historia recurrente no dio para más y Belén continuó con su liderazgo porque conectaba con el público, aunque no siempre para bien. Sus detractores la criticaban por sus maneras excesivas. La relación con Fran Álvarez, su ex marido, tampoco facilitó las cosas. Se casaron y la boda pronto acabó en divorcio. A partir de ese momento hubo cierto coqueteo por parte del camarero para rentabilizar su relación con la tertuliana, pero pronto se dio cuenta de que lo mejor era vivir su vida, apartarse de un mundo tumultuoso donde los acercamientos de personas que consideraba amigos servían para alimentar los malos rollos con su ex mujer. Fran desapareció de la escena, los Janeiro como círculo concéntrico de Belén no interesaban y fue entonces cuando los desencuentros con Toño Sanchís, su representante, se convirtieron en el punto de desequilibrio en la vida de Belén. «Devuélveme mi dinero», era la frase que la ex representada repetía constantemente. Como en otras ocasiones la audiencia se quedaba con ella ante esa explosión de expresividad. Volvía a conectar con los ciudadanos como sucedió muchos años antes, cuando salió de «Ambiciones» con su hija Andrea, la bañera de plástico de la niña, su maleta y completamente sola. Menos mal que en Madrid la esperaba su familia de verdad, sus amigas Mariví, Tina y Sole. Las tres han estado con ella en la felicidad y la adversidad y forman parte de su núcleo duro desde siempre. La fama progresiva de Belén no afectó a esa relación que el triunvirato se ha encargado de mantener pero sin convertirse en palmeras. En una de las pocas veces que Mariví ha hecho declaraciones con respecto a la época más oscura de su amiga fue muy clara: «Siempre le he dicho lo que pensaba cuando las cosas que hacía la perjudicaban. Pasó temporadas muy malas, pero siempre hemos estado ahí las personas que la queremos». Una fidelidad que la princesa del pueblo ha manteido contra viento y marea.