Isabel Preysler, una experta en la pista de baile

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El 40 cumpleaños de Nieves Álvarez fue celebrado días atrás en un chalet de El Viso que se alquila para eventos. El aire melancólico lo quedaba patente en las luces navideñas todavía colgadas. Isabel Preysler entró por una puerta trasera evitando a los fotógrafos y siempre tutelada por una Nuria González como en estado de gracia. Nati Abascal contrastó con una indumentaria negra bajo encaje blanco de Elie Saab «crecida» sobre unos altísimos zapatos Aquazzura, que serán «lo más» de esta primavera-verano. El colombiano pega fuerte en el mundo del estilazo y parece un nuevo Blahnik.

Como tampoco a Isabel, a la que yo recuerdo enlazada a su, entonces desconocido, hijo Enrique en una fiesta de la Cámara de Comercio Española de Miami. Fue la noche en que reconocieron a Porcelanosa y recogió la placa para luego emparejarse «en un agarrado» a su pequeño. Bueno, lo era hasta entonces, y más tarde llegaron Tamarita, que siempre «ora pro nobis» y Ana Boyer, que sigue encandilada de Verdasco. Isabel parece como tocada por una varita mágica, y no es la de Maribel Yébenes que la mantiene. Isabel pidió que me quitaran de su mesa, que lo hizo Pepe Marquina, y así disfruté viendo los piques entre Olga Guillot –que cantó el bolero como ninguna otra– y Celia Cruz. Joaquín Cortés, que esa noche debutó en América, no podía creer tanta puya de divas entre plato y plato. En la fiesta de Nieves, Isabel se unió a Luis Galliussi y se quedaron con la pista hasta que Vicky Martín Berrocal y Rafael Amargo decidieron emularlos, o competir. Al andaluz no le cuesta mover el esqueleto y la Preysler impactó en sus movimientos donde también evolucionó con Boris Izaguirre, su especie de «chevalier servant» desde que la entrevistó para «Vanity Fair». Entre la concurrencia, la estoica Nuria March y Luis Sartorius con Bárbara Pérez Manzarbeitia dándole al bolero sin descuidar ritmos más actuales.

Lo apuraron en una especie de homenaje a Nacho García de Vinuesa como decorador de un nuevo casino urbano. No fallaron más amigos que sólo colegas como Tomás Alía, un Joaquín Torres impecable y de reajustada cintura, Lorenzo Castillo impactante con su pañuelo gris de Tom Ford sobresaliendo del bolsillo del pecho, y Pascua Ortega siempre taciturno. Eugenia Silva resultó la guinda inesperada porque su íntimo Luis Galliussi anunció que «acaba de ser madre de Alfonso de Borbón». Era lo esperado y no se retrasó. Exacta hasta al dar a luz sin pasarse una hora de lo previsto. Aún no acabó su afincamiento vecino a la Plaza de Oriente, algo temporal tras vender su ático de Rosales. Busca casa, otra mudanza que deberá esperar hasta que se recupere del parto que convierte en abuela primeriza a Marisa de Borbón, que tiene unos ojos tan verdes y a la vez tristes como los que hicieron famosa a Soraya, la emperatriz persa de tan triste destino y a la que tanto conocí cuando se instaló en Marbella para soltarse la melena y el ritual a base de buenos tintos.