La foto con la que los Franco podrían hundir a Pedro Sánchez

La imagen de la familia rindiendo homenaje a su antecesor es, por su trascendencia histórica y política, la más deseada. Difícil pero no imposible de conseguir.

  • La familia Franco traslada las cenizas de Carmen Franco a la cripta de la Catedral de La Almudena en Madrid. (Foto: Getty Images)
    La familia Franco traslada las cenizas de Carmen Franco a la cripta de la Catedral de La Almudena en Madrid. (Foto: Getty Images)
Madrid.

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21 de octubre de 2019. 10:25h

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Ángela Portero Madrid. 17/10/2019

Fue una suerte de familia real del franquismo y como no podía ser menos, todo lo que les ha acontecido en los últimos 40 años, ha acaparado el interés de los medios. Desde tiempos inmemoriales, los vaivenes de la saga que se esconde tras el apellido Franco, siguen copando titulares y más ahora que la exhumación del abuelo se convierte en una cuestión de interés nacional.

No es fácil verlos juntos. Cada uno de los miembros de esta peculiar familia lleva su vida al margen del resto. Son muy independientes y distintos, a pesar de tener el mismo ADN y ser los descendientes de la única hija del dictador. Llevan existencias muy dispares, se ven poco pero a pesar de ello, son una piña cuando llega el momento. Y el momento ha llegado.

La exhumación del cuerpo de Francisco Franco y la polémica que le rodea, convierte la foto de la familia al completo en el Valle de los caídos o en Mingorrubio en el objetivo más preciado de los paparazzi. Una foto histórica, casi imposible, la de todos los Franco reunidos ante el ataúd del general. La imagen de todo el clan al completo no tuvo lugar siquiera cuando, tras la reciente muerte de Carmen Franco Polo, la familia se reunió para despedir a la matriarca.

Entre las 1200 personas que abarrotaron la Iglesia de San Francisco de Borja de los jesuitas de Madrid que acudieron el 12 de enero de 2018 a su funeral, estuvieron sus siete hijos, gran parte de sus nietos y algunos bisnietos, pero no todos los que acudirán a la exhumación de Francisco Franco. El luctuoso acto que congregaba a la mayoría de los Franco no tenía la dimensión política e histórica que supondrá la exhumación del hombre que marcó una de las épocas más oscuras de la historia reciente de España. Se trataba de un acto privado, la despedida de unos hijos a su madre, de sus nietos a la abuela, y del resto de presentes a una mujer que, sin renunciar a sus orígenes, vivió apartada de las connotaciones políticas que conllevaba el apellido Franco.

Captar la imagen de los Franco rindiendo homenaje a su abuelo es lo que trata de evitar a toda costa el gobierno en funciones de Pedro Sánchez. Una misión casi imposible. Las excepcionales medidas de seguridad que rodearán al acto hacen que, en caso de conseguirse la fotografía, su posible valor en el mercado se disparare por las nubes.

Por ese motivo, se ha prohibido a los familiares llevar cualquier tipo de cámara o teléfono para inmortalizar el momento y se les ha advertido que se les requisará cualquier tipo de dispositivo electrónico que permita su consecución. Para evitar, además, que alguien ajeno a la comitiva funeraria pueda captar la codiciada imagen, con un teleobjetivo o dron, está previsto que se coloque una carpa que oculte la histórica escena a los ojos más indiscretos.

Ver a los 7 hijos de la Duquesa de Franco y su prole al completo, el día en que Franco abandone para siempre su morada en el Valle de los Caídos, es el nuevo reto al que se enfrentan fotógrafos y reporteros de todos los medios y agencias de noticias del país. La recompensa no es baladí. El impacto de la imagen sólo es comparable al que logró otra fotografía mítica, la que le realizó su propio yerno, el Marqués de Villaverde, a un Franco moribundo en el hospital.

La exclusiva fue publicada nueve años después de su muerte en “La Revista” que dirigía Jaime Peñafiel y que, en los 80, mantenía una férrea pugna por el liderazgo del sector con la revista Hola. Fue una guerra a golpe de talonario. La cifra que se pagó a una persona que trabajaba al servicio de Franco por la exclusiva de las escandalosas imágenes de su agonía superó los diez millones de pesetas de la época. Y el impacto fue brutal.

Hoy, en una época marcada por la crisis publicitaria que ha hecho que el sector periodístico no esté para grandes dispendios, la imagen tiene más valor histórico y político que económico. De conseguirse, Pedro Sánchez, sería el hazmerreír de España a pocas semanas de una crucial convocatoria electoral, en la que la exhumación de Franco juega un papel trascendental.

Pero una fotografía así, tan sólo será posible realizarla en la cripta de Mingorrubio, cuando sus familiares accedan a la tumba que espera desde hace 44 años a su dueño y señor. Allí, en la penumbra del recinto que acogerá sus restos, podría producirse el desliz ya que, a este acto, familiar y privado, no es probable que se ejerza tan férreo control de seguridad.

Los 22 familiares que acudirán al acto de inhumación, celebrarán una misa íntima, de cuerpo presente, en la que pretenden cubrir el ataúd con la bandera de España que legó Carmen Polo a sus herederos y que acompañó al féretro durante el traslado a Cuelgamuros en 1975. Se desconoce si antes de introducirlo en su urna funeraria, la familia querrá contemplar a su antecesor por última vez, abriendo la tapa que guarda su cuerpo embalsamado.

Dado el tenso enfrentamiento que mantiene la familia Franco con el Gobierno de Sánchez, que ha rechazado todas las propuestas que han presentado para definir los detalles del traslado de sus restos mortales, entre ellas que sus nietos porten a hombros su ataúd y que éste reciba los honores que le corresponden por su cargo militar, nada causaría más malestar a Pedro Sánchez y su equipo que la imagen de Francisco Franco cubierta por la bandera nacional durante la inhumación mientras suena el Himno de España. Una venganza en plato frío que sólo tiene en su mano la familia, que tendría que autorizar su publicación.

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