Cañadas, perdida en combate

La «top model» más cotizada de los noventa ha roto con el pasado: su vida y su físico han sufrido una metamorfosis

Se olvidó de rendir cuentas a la báscula. Esta semana, la que fue musa de la diseñadora Donna Karan ha dejado boquiabierto al panorama mediático español con su metamorfosis. Después de mucho tiempo sin dejarse ver en nuestro país, Esther Cañadas acudió a los juzgados de Esplugues de Llobregat, donde declaró como testigo en el juicio al que se enfrenta su ex marido, Sete Gibernau, por supuesto fraude fiscal. La albaceteña, a sus 35 años, ha dado un giro radical a su imagen: luce algún kilo de más, tiene el rostro más redondeado y hace de la discreción su bandera. Adiós a los estilismos explosivos a los que nos tenía acostumbrados. Ahora, apuesta por el estilo informal: vaqueros ajustados, jerseys amplios y gafas de sol de aviador. Si el objetivo de este «look» tan desaliñado es pasar desapercibida, logra justamente todo lo contrario.

Vida en América

Parece que Cañadas se ha dado a la buena vida. Desde que se alejó de las pasarelas, poco o nada se sabe de su existencia. La que fuera la «top model» más internacional de nuestro país está fuera del mapa. Hasta las propias agencias de modelos que trabajan con ella le han perdido el rastro. Aunque aseguran que sigue en activo. Barcelona, Nueva York, París... Nadie sabe nada. «Déjanos que le enviemos un e-mail porque, de verdad, no sabemos nada de ella», responden. Incluso, la que fue su descubridora, Mariet Kristhine Poyet, desconoce sus últimos pasos: «No tengo qué decir sobre su vida privada porque la desconozco... Ahora su día a día no tiene nada que ver con el de cuando yo la conocí».

Por lo visto, vive fuera de nuestras fronteras, disfrutando del continente americano, donde posee una casa en Nueva York y otra de verano en Miami. Se cree que su existencia transcurre entre estas dos ciudades aunque tal es la incógnita de su paradero que se especula con la posibilidad de que haya cambiado su residencia a México.

Sea o no cierto el rumor, y pese a que la gran mayoría de su tiempo transcurre fuera de España, siempre que puede aprovecha para visitar a sus amigos de Madrid y Barcelona, así como para darse un baño en las playas de la isla pitiusa, donde se le vio el verano pasado junto a un hombre de mediana edad con el que parecía tener un romance. Y es que aparte de su matrimonio con Mark Van der Loo y el posterior con Sete Gibernau, del que se separó en 2008, su vida sentimental es un misterio.

Según cuentan los que la conocen, disfruta de un momento de serenidad personal. En cuanto a su futuro profesional, comentan que después de muchos años de trabajo, por fin puede tomarse las cosas con más calma y decidir en qué invierte su tiempo. Los últimos proyectos que se le conocen fuera del «catwalk» son junto a su inseparable amigo Ricky Martin como embajadora de la fundación del cantante, en la que, al parecer, Cañadas se ha volcado de lleno ayudando contra el tráfico de menores.

Pero éste no es el primer proyecto solidario con el que sorprende, mientras construía su vertiginosa carrera por medio mundo, acogió a una india, con la que demostró su debilidad por los niños. Sin embargo, en 2007 la pequeña regresó a su entorno natal, y Cañadas a la vorágine del modelaje, aunque nunca volvió a trabajar tanto como en la década de los 90, cuando su físico escultural y su mirada felina hicieron que las agencias más importantes del planeta se pelearan por representarla y los diseñadores porque luciera sus prendas. Entre sus modistos fetiche se encuentran Dsquared2, con los que sigue teniendo muy buena relación, y Custo Barcelona, con el que trabajó durante años. De hecho el último que se le conoce fue en la campaña de primavera-verano de Alex Vidal, Custo Barcelona, Dsquared2 y Parahnoir. Incluso hizo sus pinitos en el séptimo arte, participando en «Torrente 2: Misión en Marbella» y «El secreto de Thomas Crown».

Pero desde entonces está reinventándose en paradero desconocido. Quizá decidió probar suerte como detective privado... Según dice la carta de presentación de su agencia, ése era realmente su sueño cuando con 14 años lo dejó todo por las pasarelas.