Navidades de nieve y playa

Seré muy naif o muy tradicional o ambas cosas, pero estas fechas las vivo con la misma ilusión que cuando tenía 10 años, especialmente la noche de Reyes: me gusta dar una fiesta para los niños de mis amigos poniéndoles una mesa preciosa con una suculenta merienda antes de ir a ver la cabalgata. También les animo a cantar villancicos –es increíble lo desinhibidos que son– y organizamos una especie de concurso con canciones en inglés, español y francés. Precisamente, el jueves estuve en un maravilloso concierto en el Teatro Real ofrecido por un coro de 500 niños, cuya recaudación irá destinada a financiar 500 becas de comedor social para los más pequeños. Fue algo impresionante: cantaron desde el «Va pensiero» de Nabucco hasta zarzuela, terminando con el tradicional villancico «Campana sobre campana». Y, de la misma forma que adoro el día de Nochebuena y Navidad, no soporto la noche del 31. Me convierto en un ser antisocial y me gustaría encapsularme y amanecer ya en el nuevo año sin verme ni besarme con nadie. Reconozco que cuando dan las doce campanadas y todos nos atragantamos con las uvas, siempre pienso cosas absurdas y negativas de lo que nos puede pasar en ese año desconocido que empieza y me produce vértigo: les confesaré que, además, casi siempre acierto en los malos presagios, aunque algunas veces la realidad me supera... porque, ¿qué me dicen ustedes de lo que ha sido este 2013 para este país? A los pobres españoles nos han masacrado a recortes de Sanidad, Educación y nos han subido los impuestos –ahora también el recibo de la luz– mientras vivimos rodeados de corrupción e injusticias hasta extremos insospechados. Los jueces envían a policías a las sedes de nuestros gobernantes del PP por recabar pruebas sobre oscuras contabilidades en dinero negro –que por lo visto son la última moda para su financiación, con sobrecitos por servicios prestados– y la Guardia Civil acude a registrar la sede de UGT Andalucía... Podemos competir con los países más bananeros y corruptos con muchas posibilidades de estar entre los primeros puestos.

Pero como estamos en fechas en las que todos tenemos que querernos mucho, vamos a intentar sobrevivir a las carreras por el último regalo que nos falta y a las presiones de querer dejarlo todo organizado con el agravante de tener que estar divinas para esa cena familiar del 24, en la que yo os aconsejo «relaxing cup of café» y la mejor de vuestras sonrisas. Podéis poneros un vestido bonito pero confortable –el punto puede ser perfecto con un collar «oversize»–, pero tampoco está mal un pantalón pitillo con una maravillosa blusa de seda blanca o rosa y unas bailarinas bordadas o «slipers» de terciopelo. Es nuestra gran fiesta, la del mundo cristiano, así que ir a la Misa del Gallo tampoco estaría mal y así damos un paseíto, que nos despeja y ayuda a digerir pavos, turrones y todos los excesos.

Siempre recuerdo mis Navidades en Chile con mi adorado Guillermo y mis suegros, tiempos felicísimos en los que nunca me acostumbraba a la cena de Nochebuena en el jardín a 30 grados de temperatura, ni a ir a la playa de Zapallar el día 25 para tomar el sol. Ese Chile siempre estará en mi corazón y lo quiero como a mi patria... ¿Ven? Les he dicho que me gustaban estas fiestas pero he ocultado el tremendo esfuerzo que debo hacer para no caer en la más profunda melancolía...

Quiero abrazarles y desear a todos mis lectores una Navidad compartida, armoniosa,generosa y llena de amor...