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Lucha en solitario, por Carmen Lomana

Carmen Lomana junto a Idoia Carrillo, relaciones públicas del hotel La Manga Golf (Murcia)
Carmen Lomana junto a Idoia Carrillo, relaciones públicas del hotel La Manga Golf (Murcia)larazon

Viernes 8 de Marzo, Día de la Mujer, dispuesta a escribir mi crónica que es mi obligación y el trabajo que toca este día. ¿Huelga? No, gracias. ¿Manifestación? Tampoco.

Viernes 8 de Marzo, Día de la Mujer, dispuesta a escribir mi crónica que es mi obligación y el trabajo que toca este día. ¿Huelga? No, gracias. ¿Manifestación? Tampoco. No me gustó nada lo que vi el año anterior, mujeres escupiendo a Begoña Villacís. Y tampoco me identifico para nada con lo visto en los telediarios sobre la manifestación. Mujeres violentas, enrabietadas con la vida, sectarias, solo las que piensan como ellas parecen dignas de tener en cuenta. Estas mujeres a mí no me representan. Solo tenemos que ver la malversación de fondos de las asociaciones para la ayuda de la mujer maltratada, que a las pobres mujeres no les llega ni un 20%. Quiero mujeres, libres, sobre todo de pensamiento, independientes económicamente, luchadoras, fuertes y seguras, sin complejos ni miedos, felices de celebrar un día con alegría por todo lo conseguido y lo que queda. Siguiendo siempre hacia adelante, comprometidas con la vida y con el momento que nos toca vivir, ganando terreno y no dejando que la vida nos doblegue y nadie nos humille. Aprendamos a decir no. A querernos más a ser más solidarias entre nosotras. Siempre me ha preocupado el ataque de una mujer a otra sin ninguna conmiseración ni pudor, llevados por extrañas envidias y fobias. Algo que sufro en mi piel continuamente. Esta misma semana, un personaje que ustedes conocen, Antonia Dell'Atte, me ridiculizaba llamándome bisabuela, y eso no es lo peor. Lo peor es que en una cadena como La Sexta se hacían eco de ello como una gracieta: «Estuvo muy bien el zasca de Antonia dell'Atte hacia Carmen Lomana riéndose de su edad». A La Sexta se les llena la boca hablando de feminismo, pero sueltan estas perlas. ¿Hay algo más bajuno que una mujer o un hombre ridiculice a otro por su edad? ¿Se imaginan a alguien en Francia riéndose de Catherine Deneuve por su edad? ¿O en EEUU de Jane Fonda? Pues en España es continuo. Tuve la mala idea este verano el 1 de agosto, fecha de mi cumpleaños, de confesar mi edad orgullosa de ello, ya que había muchos errores respecto a cuántos cumplía sin ponerse de acuerdo en diferentes publicaciones. A partir de ese momento, cuando alguien me falta el respeto en redes sociales es por ese motivo. Ridículo y contradictorio con el respeto hacia las personas. Otra pésima costumbre en la prensa del corazón, exceptuando «¡Hola!», es publicar foto o noticia de una mujer y al lado la edad. Creo que denota un mal gusto y espíritu cotilla inconcebible en un tipo de periodismo que se supone elegante.

Hoy quiero reivindicar, recordar y adorar a una mujer llamada Clara Campoamor Rodríguez, madrileña, del barrio de malasaña. Diputada del partido liberal y de izquierdas. En 1936 solamente había tres mujeres en el Congreso. Cada vez que ella subía a la tribuna defendiendo el derecho a voto de la mujer se organizaba una chufla de todos los partidos. Las otras dos mujeres Victoria Kent del PSOE (funcionaria de prisiones) y Margarita Nelken republicana de izquierdas, también se oponían. Argumentando que las mujeres más devotas y religiosas que los hombres se dejarían influir por los curas y votarían en contra de los intereses republicanos. Así que mejor prohibírselo. Hubo alguno que llegó a decir que las mujeres solo podrían votar a partir de los 45 años, porque antes de esa edad el histerismo les impedía para cualquier acto responsable.

Campoamor luchó sola. Finalmente, la derecha la apoyó y consiguió ganar por 161 votos contra 131. El socialista Indalecio Prieto rugió y abandonó el congreso gritando que era «una puñalada a la República». Admiro profundamente a Campoamor. Era una verdadera liberal alejada tanto del fascismo como del comunismo. Con una conciencia recta que la llevó a denunciar las brutalidades del Frente Popular, teniendo que marcharse a Suiza donde malvivió dando clases. A ella le debemos nuestro derecho al voto. El día de ayer iba por Clara.