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La delgadez ideológica de Michelle Obama

"Acaba de elevar el nivel de eso que llaman izquierda caviar o progresismo champán, que no es más que la incongruencia entre el discurso y la acción"

Michelle Obama
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Michelle Obama acaba de elevar el nivel de eso que llaman izquierda caviar o progresismo champán, que no es más que la incongruencia entre el discurso y la acción. Su súbita y marcada delgadez descoloca a buena parte de sus casi 58 millones de seguidores en Instagram, que ven una traición a la diversidad corporal que defiende con fervor desde que dejó la Casa Blanca. Sospechan que la todopoderosa exprimera dama, adalid de romper con la hegemonía del cuerpo ideal, a solas despotrica frente al espejo contra sus curvas racializadas y esa exuberancia natural quizá no superadas.

Aunque no ha confirmado nada, crece el rumor de que tanta estilización se debe más al atajo de fármacos tipo GLP-1, como el Ozempic, que a una combinación magistral de dieta y ejercicio. La hemeroteca digital nos chiva que, hace más de diez años, Michelle ya tonificaba con comba, kickboxing y mancuernas de 15 kilos. Sus implacables rutinas con el entrenador de los Obama, Cornell McClellan, fortalecían, pero no laminaron sus carnes.

Comparativa del antes y el después de Michelle Obama
Comparativa del antes y el después de Michelle ObamaRedes sociales

Es su cuerpo y nadie más que ella lo habita. Decide cómo viste, qué muestra o que tratamientos estéticos se aplica. La crítica viene porque, desde su discurso, su silueta Ozempic, que repite el arquetipo chic de muchas celebridades, es estigmatizante y refuerza un canon de belleza prohibitivo. Adelgazar a capricho con semaglutida es muy caro, a pesar del reciente anuncio de Trump, que bajará los precios de Ozempic y Wegovy de 1.000 y 1.350 dólares mensuales a 350. Michelle reivindica la diversidad y la aceptación de los cambios que trae la edad desde el privilegio de su estatus y la tiranía de la delgadez. No es su talla 36, sino lo que todo ello representa en su catecismo feminista y sus mensajes sobre autoestima, salud realista o empoderamiento femenino. ¿Eso la deslegitima?

Pensemos que la exprimera dama, capaz de llenar estadios y vender millones de libros, se haya cansado del púlpito, de su propio don extraordinario para seducir a las minorías marginadas, de su sitio en la Historia e incluso de sus propias causas. Pensemos que ahora su senda vital es otra. Pero, si es así, habrá que retirarle suavemente el aura de santa Michelle.