Se casa al fin Feliciano López, el tenista más ligón

Feliciano López y Sandra Gago se darán el «sí, quiero» el 20 de septiembre.

  • Se casa al fin Feliciano López, el tenista más ligón

Tiempo de lectura 4 min.

11 de junio de 2019. 14:08h

Comentada
Jesús Mariñas 11/6/2019

Nos embriaga el azahar, estamos en su época. Parece que volvamos a los viejos tiempos, miramos hacia atrás sin ira y todo lo envolvemos o disimulamos en un tul de ilusión. Otra vez se han puesto de moda los bodorrios y estos meses tendremos para dar y tomar tras el enlace soñado –que así titula la biblia del cuore– de Carlota de Mónaco. Ese país vuelve a marcar época exhumando nada menos que el romántico y tupido Chanel casamentero de Carolina, aunque se desconoce qué fue de él, si decidió venderlo no está confirmado. No solo rescataron protocolos y ringorrangos para el día del enlace de su hija, no podemos olvidar el enorme bolso que escogió la madre de la novia, que por su tamaño, más que colgado servía de colgador para ella. Era un buen punto de agarre. Desmenucé y hasta desguacé las indumentarias de todos los invitados como si en ello se fuese la vida. Supusieron una alegría para el cuerpo, y también lo serán el 20 de septiembre en la unión de Feliciano López y Sandra Gago, que despidió su soltería como juvenil y fresca imagen de las gafas de Rigo, del catálogo Tous, para los que lleva trabajando desde los 16.

Gago citó al atardecer madrileño lleno de calor, pasión y claroscuros. El tenista falló a la cita por jugar en el extranjero, pero con su lino amarillo canario y el encanto que la caracteriza Sandra llenó el evento incluso guardando celosamente los detalles que siempre amenizan los prólogos. «Solo te anticipo que el traje lleva mangas, es todo lo que puedo decir», reveló la prometida. Y mantuvo fiel el compromiso silenciador de lo que sin duda ocupará portadas o hasta incluso supondrá la resurrección de alguna de las muchas novias que tuvo el deportista en más o menos pasión o tiempo. Todas han pasado por sus ágiles y contundentes manos desde, Alejandra Prat a Úrsula Corberó, Jessica Bueno, la imponente –junto a la que batió el récord de tres años– y Alba Carrillo, con la que yo había coincidido en su primer viaje a la Copa de Miami donde todavía no estaba tan bien situado. Pero hartándose de valor o ciegamente enamorada, para allá marchó con la desgracia de que en el avión la sentaron a nuestro lado. Horror y terror: ¡la de cosas que soltó muy inocente, perdida y sin desconfiar en esas casi diez horas de vuelo! Nos amenizó el viaje y ni le permitimos cabecear. Tiempo más tarde, ya roto el encanto, nos saludó haciendo la uve de la victoria y tirando a matar. «Ya os anticipé que no era de fiar» y ahora tocan madera ante la aparente fragilidad de Sandra. «Tiene mucho carácter, no creas», me advierten. El mozo está bien placeado y con muchas corridas, como dicen los taurinos ante un toro difícil, y lo aplican al caso. Aunque pese al fasto que preparan, nada supera lo de Belén Esteban, casi en puertas. Como es novia repetidora, cubre de silencio cómplice cualquier revelación. Hablan de que media exclusivón igual que con Sandra.

La lata de la discordia

Aunque para misterios por resolver, lo del bote, que fue sustraído por Isabel Pantoja de la despensa de «Supervivientes». Delgadísima como está, no cuesta creerlo, aunque sus compañeros la acusan hasta con el dedo extendido diciendo «¡ha sido ella, ha sido ella!». Una lata que cuestiona y ensombrece más la participación y llena de júbilo a sus detractores. Tenía mis reservas ante su participación, pero me tiene arrebatado. Solo le faltan palmas, taconeo y movimiento de volantes para poner estampa digna de Romero de Torres, el que mejor pintó a la española. El hecho, desaparición, glotonería, gazuza, hambre canina o más bien presunto hurto pasará a la historia como «el caso de la Pantoja» tal si el chopped fuese el tesoro de las mil y una noches o el festín de Baltasar. Antaño las bromas y acusaciones eran entre gitanos y pata negra que fueron gran argumento de los hermanos Alvárez Quintero. Se modernizaron trocando el Jabugo por carne envasada. Cambiaron los tiempos. Solo le faltaba esta acusación para oscurecer más su actual y empobrecedora imagen: el pelo tirante hacia atrás y los grandes ojos perdidos, vacíos y como ausentes.

Últimas noticias