Y firmaba Eisa...

Este extraño junio me tiene bastante descolocada a pesar de ser mi mes favorito. Me emociona el solsticio del verano, la llegada del día más largo, es maravilloso vivir con luz y pensar que los tres meses que tenemos por delante son tan cálidos y luminosos que podremos disfrutar del mar o la montaña.Todavía no he sentido calor; ese calor que tanto me gusta, me ralentiza y que me produce enorme placer. Adoro sentir el sol, estar horas bajo su caricia y abrazo. En Madrid todavía no hemos tenido una noche calurosa pero se agradece sobre todo por el trajín de fiestas e inauguraciones. Las terrazas están a reventar de gente. Esta es una ciudad echada a la calle, disfrutona, nos gusta vivir a nuestro aire y, hablando de aire, las medidas de Carmena para limpiarlo lo único que han conseguido son más atascos y contaminación. Empezamos una nueva etapa con un alcalde joven, sobradamente preparado y con una gran experiencia municipal. La nuestra es una ciudad de servicios, abierta al mundo, con una oferta cultural y gastronómica de lo mejor. Deben conseguir que también tenga una imagen corporativa impecable en la que sus gentes sean felices sin tantas imposiciones, multas e impuestos, siempre ascendentes, y con muy pocas prestaciones a cambio de ellos. Hablando de cultura, es espectacular la exposición en el Museo Thyssen de «Balenciaga y la pintura española» con Eloy Martínez de la Pera de comisario. Un trabajo perfecto donde podemos contemplar la gran influencia e inspiración del diseñador en los maestros de la pintura española. La colección de retratos de las reinas e infantas de los Austrias es impresionante y al lado del cuadro el vestido, jugando con paralelismo de color, volumen y tela semejante a la pintura. Balenciaga fue un arquitecto de la alta costura, siempre jugando con volúmenes y texturas nuevos. Desde muy joven estudió y buceó en las obras de Zurbarán, El Greco y Velázquez. Su color fetiche fue el negro, especialmente en sus comienzos. Al principio firmaba sus etiqueta con el nombre de Eisa y muy pocas personas conocen el por qué; era el apellido de su madre, Eizaguirre, la z en euskera se pronuncia como s y de ahí el diminutivo. Cuando se trasladó a París al final de la guerra, ante el panorama tan desolador de una España arrasada y muy precaria, su primera gran creación fue el vestido Infanta (1939), inspirado en los retratos de la familia Real pintados por Velázquez. Este maravilloso vestido está en la exposición y no pueden dejar de verlo. Tiene un corte tan impecable y un tejido «raso princesa» bordado en fondo marfil de una belleza que te deja extasiado. Es la primera exposición dedicada a Balenciaga desde hace 50 años y estará abierta hasta el 22 de septiembre. En ella pueden ver 90 trajes y 55 pinturas entre los siglos XVI al XX. Otro evento elegantísimo en la Fundación Fernando de Castro fue el ofrecido por la firma francesa de calzado Roger Vivier. Nos sirvieron la cena en una espectacular mesa imperial decorada en tonos fucsia y granate, con una estupenda vajilla y cristalería que se agradece ante tanto cocktail de medio pelo... Sus zapatos con hebilla plateada en charol negro son icónicos. Los lució y puso de moda Catherine Deneuve en «Belle de Jour» de Buñuel, una de mis películas favoritas de la historia del cine. Vinieron a Madrid para la cena la embajadora de la firma y modelo histórica de Chanel, Inés de La Fressange, junto con el nuevo diseñador de la marca, el italiano Gerardo Felloni. Lo pasamos francamente bien y disfrutamos de la nueva colección en una pequeña exposición con creaciones bellísimas que pueden encontrar en El Corte Inglés de Castellana. El fin de semana bajo a Jerez a la boda de mi queridísima amiga Ainoha Arteta. Me gustan las bodas y el amor.