Historia

La carta frente al email: misivas que cambiaron el mundo

El historiador Simon Sebag Montefiore publica, «Escrito en la historia. Cartas que cambiaron el mundo», una selección de más de cien cartas que van desde Egipto al siglo XXI

Si hay algo que haya sufrido un retroceso histórico ante la brutal irrupción de internet en nuestras vidas, eso es la carta. La epístola como modo usual de comunicación, literaria o no, está herida de muerte, pero aún no ha fallecido. Su valor intrínseco queda demostrado en la selección de más de cien cartas que el prestigioso historiador inglés Simon Sebag Montefiore ha recogido en su libro Escrito en la historia. Cartas que cambiaron el mundo (Crítica), que van desde el antiguo Egipto –hace 3000 años– al siglo XXI, incluyendo escritura cuneiforme, papiros y pergaminos. Ramsés II, Marco Antonio a Octavio, Napoleón a Josefina, Roosevelt a Churchill, Hitler a Mussolini, Marx a Engels, los Reyes Católicos a Colón, Frida Kahlo, Mandela, Stalin, Mozart, Miguel Ángel, Picasso, Oscar Wilde, Balzac o Maquiavelo entre otros muchos. Una selección ecléctica de personas, lugares y temas. Cartas públicas, íntimas, de amor, familia, poder, guerra, dolor, amistad, caída o del último adiós. La escritura epistolar tuvo su apogeo, o edad de oro, desde la Edad Media, a la generalización del uso del teléfono (1930-40). Su declive más acusado es a finales del siglo XX con la aparición de las nuevas tecnologías.

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-¿La epístola es un género en extinción?

-No necesariamente, creo que puede tener todavía un resurgimiento, un renacimiento, como el libro. En el terreno de la diplomacia, por ejemplo, aún perviven con fuerza, el libro incluye una del presidente Donald Trump a Kim Jong-un y ahora acaba de enviar otra carta muy loca al presidente Erdogan de Turquía.

-¿Qué valor tiene una carta que no tenga un e-mail o un mensaje de móvil?

-Nada puede superar la autenticidad y la intimidad de una carta. Cuando escribes correos electrónicos, para empezar, se escriben y se reciben muy rápidos, se leen demasiado en diagonal, les falta profundidad. Las cartas han sido la suma de periódicos, teléfonos, radio, televisión, correos, blog y mensaje de móvil. Se utilizaban para todo, muchas eran triviales –como pedir los servicios de un fontanero– y otras iban sobre el estado del mundo, el amor, el sexo, la guerra, el poder…

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-¿Reflejan un momento único en el tiempo?

-Sí, tiene la chispa de la vida.

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-¿Podemos decir que esta selección condensa la historia de la humanidad?

-Sí, porque con ella podemos ver y sentir toda la historia hasta el día de hoy, abarca desde Ramsés el Grande hasta Donald Trump.

-¿Qué tiene de especial esta selección?

-Es muy diferente a otras, puede que algunas cartas resulten familiares, pero la gran mayoría son inéditas, están elegidas por mí de manera subjetiva. Además es muy variada en cuanto a temática y a personas, una mezcla moderna de culturas, razas, continentes, hombres, mujeres, literatos, pintores, artistas, políticos… el abanico es muy amplio y variado.

-¿De un modo u otro han transformado asuntos humanos?

-Sí, en la guerra o en la paz, en el arte o la cultura, hay cartas que han servido para transformar la humanidad. Este libro está diseñado para ser leído, primero, como un entretenimiento, pero es un arca de tesoros, puedes abrirlo por cualquier parte y encontrar una joya o leerlo de principio a fin, pero cada una de ellas ha transformado la vida humana en cierto sentido.

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-Algunas han sido muy trascendentes.

-Sobre todo en el terreno de la política y la diplomacia, como por ejemplo el telegrama de 1817, la manipulación de Bismarck de esta carta causó la guerra o en 1914 la carta del cheque en blanco que dio lugar a la Primera Guerra Mundial.

-¿Pueden considerarse un vehículo de comunicación único?

-Por supuesto, de amor, de odio, amistad, para la política, los negocios…Un vehículo fantástico para mantener una relación a distancia y una manera increíble de mostrar la historia.

-¿Una carta permite penetrar en el interior de un autor?

-Sí, es muy íntima, muestra exactamente lo que piensan, pero las cartas mienten al igual que las personas. Es un testimonio auténtico, nos dice cómo es la persona que lo escribe, es una ventana hacia su alma.

-Y tiene más vida que la persona que la escribe.

-Exacto, una carta es para la posteridad, muchas de ellas han sido escritas para ser publicadas y conocidas y otras muy eróticas o amorosas que se escribieron para leerse en la intimidad de dos personas y jamás vistas. Mucho después de que los protagonistas han muerto, sus cartas siguen viviendo

-El autor de una carta nunca está sólo.

-Esta es unas de esas pocas cosas que puedes hacer en soledad, pero siempre vas a estar acompañado. Lord Byron lo comprendió cuando razonaba que «escribir cartas es el único recurso que combina la soledad con la buena compañía, pues quien escribe goza de la sensación de calidez de que pronto alguien, en algún lugar distante, compartirá sus sentimientos».

-¿De las que ha seleccionado, cuáles le han impresionado más?

-Tengo muchas favoritas, una de las que más me gusta es la carta de despedida de Leonard Cohen a Marianne. Otras me han sorprendido por inauditas o extrañas, como las rusas –que hay muchas-, la de Catalina la Grande y el príncipe Potiomkin, la manera en la que reconcilian después de una pelea. Los dos son personas absolutamente extraordinarias, esa es la delicia de esa carta.

-¿Qué pareja le resulta más sugestiva?

-Frida Kahlo y Diego Rivera me encantan, su misiva es muy sexy, muy apasionada y refleja mucho su arte. Sí, diría que esa es mi favorita.

-Decía Goethe que destruir una carta era destruir la propia vida.

-Sí, totalmente, todo el mundo debería escribir cartas y nadie debería destruirlas jamás.