Historia

Sí, Calderón de la Barca también fue catalán

El revisionismo separatista ha sumado un nuevo nombre a Leonardo «da Vic», Cristóbal Colón y Cervantes, catalanes despojados de sus orígenes por la historiografía española...

La verdad es que muchas de las noticias que últimamente llegan desde Cataluña son para disfrutar. Son de esas que conviene esperar con ansia para paladearlas cuando se producen. Abrazándose al saber popular de que no hay ficción que supere la realidad, el monstruo del independentismo ha terminado por devorarse a sí mismo y superarse con cada decisión. Y no estamos hablando de política, sino de revisionismo histórico. De los inventores de que Cristóbal Colón era catalán (al igual que Leonardo «da Vic», Santa Teresa, Cervantes...), llega ahora que don Pedro Calderón de la Barca no era tal. No fue el madrileño por el que el número 61 de la calle Mayor saca pecho. Su vida solo fue un sueño. En realidad, esta figura tomó sentido en el cuerpo del noble catalán Felip Ramon Calders.

Así lo afirma Pere Coll Riera, autor de «Calder[ón] o la dramatúrgia catalana al servei de la monarquia» (Llibres de l'Índex) y, a su vez, defensor de que, como también recoge el historiador Jordi Bilbeny, Cervantes tampoco existió, sino que «El Quijote» fue fruto de Ramón Cervera. ¿Saben de dónde? Sí, de Barcelona. Suman así un nuevo nombre al imaginario catalán de esas figuras que a todo el mundo gusta tener de en su patrimonio. Si Leonardo pintó la «Gioconda» con Montserrat al fondo, por qué Calderón no puede ser catalán y haber encerrado en el cuerpo de Segismundo una metáfora de la opresión sufrida por el pueblo catalán... Todo puede ser.

Por lo visto, la confusión en el caso del dramaturgo viene de la Guerra de los Segadores, donde, efectivamente, sí participó entre 1640 y 1642; y en la que, desgraciadamente, fue herido en una mano al igual que su otro «paisano» en Lepanto: «Los crímenes de guerra contra la población catalana le obligaron a huir a Madrid bajo la protección del rey, donde continuará su actividad teatral al servicio del monarca y con el nombre de Pedro Calderón de la Barca», cuenta el controvertido ensayo.

Con ello, se defiende que la obra cumbre de Calderón, «La vida es sueño», surge a partir de los originales de Vincenç García (por supuesto, catalán de pura cepa), con lo que el título primigenio de la pieza no sería otro que «La vida és somni». Sueño o pesadilla, lo que está claro es que conviene estar atento al ciclo de seis charlas del Institut de Nova Història que dieron comienzo ayer y que culminarán con la «bomba» de la «verdadera identidad» de Calderón. Pero para eso habrá que esperar hasta el 13 de febrero. Mientras tanto, seguiremos jugando a reubicar a los personajes en el mapa o a Pedro y el lobo, entonces, acertarán con la procedencia del susodicho, otra cosa es la importancia del mismo.

Soñar es gratis y, como escribió un madrileño, «los sueños, sueños son».