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Entrevista a la Directora del máster de bioética de la UCAV

Sara Gallardo: «El universo es un inmenso trabajo de artesanía milimétrica»

Tiempo de lectura 2 min.

06 de julio de 2012. 00:16h

Comentada
6/7/2012

MADRID- El hallazgo de la «partícula divina» no sólo ha revolucionado el mundo científico, también representa un nuevo reto para la relación entre ciencia y fe. Una experta en Filosofía y Teología explica cómo analizar estas nuevas relaciones.

–¿El descubrimiento del posible bosón de Higgs condiciona la existencia de Dios?
–En ningún caso. Más bien es un argumento a favor de su existencia. Se trata de una pieza dentro de un rompecabezas que los físicos van reconstruyendo. Ya se postuló su existencia en los años 60 y parece que se ha confirmado ahora. Este descubrimiento nos sirve para defender la existencia de Dios porque nos muestra que el universo es un inmenso trabajo de artesanía milimétrica, y las piezas que no conocemos pero que, en buena lógica, deben existir, para que el conjunto funcione, las vamos encontrando. Estos hallazgos exigen tiempo, esfuerzo y superar muchas dificultades, cosa que los científicos sufren y conocen más que los legos en estas materias. Y nuevamente estas dificultades hablan a gritos del maravilloso orden del mundo, que nosotros a duras penas vislumbramos y admiramos, pero que sólo se explica por la existencia de un Ser inmensamente inteligente que piensa y crea. No es casualidad que un gran número de científicos sea profundamente creyente.

–¿Por qué se dice que Dios está detrás de esta partícula?
–La expresión «partícula de Dios» está tomada del libro del premio Nobel de Física Leon Lederman. Ha tenido éxito por ser muy comercial, pero sin duda podemos decir que las peculiares características de la partícula y la teoría que confirma nos lleva especialmente a una mejor comprensión del origen del universo. E indudablemente, nos pone en bandeja la pregunta más radical de cómo o quién ha establecido tales condiciones o iniciado tal proceso. El científico puede legítimamente plantearse esa pregunta. Pero debe saber también que se mueve precisamente en el límite de su propia disciplina.

–¿Se puede probar la existencia o no de Dios?
–¡Claro que sí, por muchísimas vías! Todo el trabajo de nuestros científicos se basa en la creencia de que el universo entero es racional, porque muestra un orden, unas leyes, una bellísima armonía que deslumbra. Este orden puede ser aparente o real. Si es aparente, pensaríamos que es pura casualidad, que en el fondo no existe orden ni ley alguna.
 

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