Los «gastro cacos» atacan de nuevo

«Spidermans», ladrones de guante blanco, «manguis».... y ahora «gastro cacos». Ha nacido una tipología de mangante especializada en restaurantes a tenor de la oleada de robos que están sufriendo estos establecimientos, sobre todo en el País Vasco y más concretamente en San Sebastián. El último en convertirse en diana de estos delincuentes ha sido el prestigioso cocinero Martín Berasategui.

El cocinero vasco asegura que entraron «como Pedro por su casa»
El cocinero vasco asegura que entraron «como Pedro por su casa»

Los amigos de lo ajeno accedieron durante la noche del viernes al sábado en el local de 1.500 metros cuadrados que posee en Lasarte y «lo robaron absolutamente todo», según palabras del propio cocinero. «Actuaron con una profesionalidad fuera de lo normal», llevándose material muy costoso y numerosos objetos, entre los que se incluye la cubertería de plata y los juegos de cuchillos de los cocineros. Este robo se suma a los que han sufrido, a lo largo del verano, otros establecimientos vascos, como el de Juan Mari Arzak y Pedro Subijana.

El cocinero tres veces ganador de la estrella Michelin contaba que en la mañana de ayer se encontró todas las cerraduras de las dos plantas reventadas, con los bombines sacados y colocados sobre una mesa, «como si nos estuvieran vacilando». Según apuntaban las primeras pesquisas, los asaltantes aprovecharon la noche para llevar a cabo el hurto. Sin duda, además aprovecharon las fiestas de la Semana Grande de San Sebastián que acabó ayer. Para evitar que les pillaran con las manos en la masa, lanzaron con rapidez los objetos por la terraza y con la oscuridad del monte como aliada, emprendieron la huida.

 Según explicó el cocinero, al parecer los ladrones entraron a sus instalaciones por la parte de atrás, donde se encuentra el aparcamiento, y luego accedieron al interior desde el jardín. Estuvieron «como Pedro por su casa, fastidiando todas las cerraduras, abriendo todo» y se llevaron «lo que más valor tenía», como «toda la infraestructura del restaurante a nivel de ordenadores e impresoras, además de las computadoras de los jefes de cocina y las botellas de vino de lujo». «Yo creo que primero abrieron todo y después cogieron lo de más calidad», repite Berasategui, quien también ha echado en falta bandejas y juegos de café de plata, aunque los ladrones no se han llevado dinero en metálico. A pesar de todo, el restaurante abrió sus puertas.

Con éste se eleva a siete el número de robos perpetrados en establecimientos hosteleros en los alrededores de la ciudad. Los ladrones consiguieron burlar los sistemas de seguridad y sustrajeron grandes cantidades de dinero. Se desconoce aún quién los llevó a cabo, pero la Ertzaintza investiga si detrás de todos ellos se esconde la misma banda. Aunque en las últimas semanas habían reforzado la vigilancia, ayer lo único que podían hacer era certificar por dónde habían entrado y salido los asaltantes.

El «modus operandi»

En todos los casos, los ladrones accedieron a los locales por la parte trasera, desactivaron las alarmas y se apoderaron del dinero. La ejecución de los robos permite sospechar que los ladrones constituyen un grupo organizado y especializado en este tipo de delitos, integrado por cinco o seis personas, que ha comenzado a actuar ahora en el País Vasco, según señalan desde el departamento vasco de Interior.

El restaurante de Juan Mari Arzak fue atacado de idéntica manera el pasado menos de julio –aprovechando también una festividad, la noche de Santiago– aunque los ladrones no pudieron hacerse con un botín tan elevado como en el caso de Berasategui. Los ordenadores quedaron intactos y tampoco lograron una gran cantidad de dinero en el local al no poder abrir la caja fuerte electrónica y debido al hecho de que casi todos los comensales pagan con tarjeta de crédito.

Prácticamente 24 horas después, su compañero Pedro Subijana también lo sufría en sus propias carnes. El Akelarre, en el monte Igeldo, era «tomado» por los cacos. Rompieron las puertas blindadas, desactivaron las alarmas y arrasaron hasta que encontraron la caja fuerte. En total, unos 20.000 euros.

Quizá los mismo atracadores se llevaron la semana pasada la recaudación del Saltxipi, cuyo propietario prefirió no dar muchos detalles y exigió a las autoridades que adoptaran medidas para protegerles. Otro atraco se perpetraba el pasado 7 de agosto, cuando los ladrones sustraían 389 euros de la máquina tragaperras del restaurante Belartza.

Tampoco se salvaron las sidrerías donostiarras. En Urkiola han padecido tres asaltos desde principios de enero, aunque en ninguno se llevaron dinero. Mismo guión, pero diferente escenario: el club de golf Basozabal no ha conseguido librarse y el pasado 15 de agosto desaparecía la recaudación del bar-restaurante y el botín de la caja registradora. Demasiados en tan poco tiempo.


El dos estrellas Mugaritz acabó carbonizado
Cuando en febrero del año pasado el restaurante Mugaritz, del chef Andoni Luis Aduriz, se quemó hasta los cimientos, todos lo adujeron a un cortocircuito. Nadie pensó que se tratara de alguna forma de sabotaje. El cocinero aprovechó la reapertura para innovar: «Damos un nuevo paso hacia la contención, eliminando todo lo superfluo y acentuando la sensación de que uno viene aquí a vivir una experiencia».