El «gatillazo» de Tommy Lee Jones

Vino a recoger el Premio Donostia a San Sebastián y a presentar la comedia que ha realizado junto a Meryl Streep, estrenada ayer en España, que aborda la sexualidad de las parejas adultas

Tommy Lee Jones  habló de su carrera cinematográfica en San Sebastián y, también, de los nuevos proyectos que espera rodar próximamente
Tommy Lee Jones habló de su carrera cinematográfica en San Sebastián y, también, de los nuevos proyectos que espera rodar próximamente

Como vestido para una boda, Tommy Lee Jones recibe a la Prensa en un hotel de San Sebastián sin dejar de mirar por la ventana. Afirma que lo que más le ha atraído del paisaje es que en la carretera casi todas las casas tienen piscina y se sigue cultivando de todo. Es el penúltimo premio Donostia de esta edición, después de Oliver Stone, John Travolta y Ewan McGregor y antes de que Dustin Hoffmann, que ya ha llegado a la ciudad, clausure el festival más glorioso de las últimas temporadas. Asegura que ha aceptado el galardón porque «a los actores les gusta autoconvencerse de que reciben la aprobación de los demás y ésta es una buena manera». No le han ido mal los premios, pues, según reconoce, después de haber obtenido el Oscar al mejor actor de reparto por «El fugitivo», lejos de cumplirse la maldición que algunos dicen lleva aparejado el premio, no ha dejado de trabajar en filmes como «Men in Black» o «No es país para viejos»: «No sé si ha sido por el premio, pero el caso es que me han ofrecido una mayor variedad de papeles».

Compañeros de Oscar
Su compañera de reparto en el filme «Si de verdad quieres…», que presentó en la muestra, es una de las grandes actrices: Meryl Streep, que también vino a recoger el Donostia y acumula nominaciones y unas cuantas estatuillas de los Oscar. Tommy Lee Jones, cuando se refirió a ella, recalcó con admiración que «no se la puede comparar a ninguna otra, porque no hay nadie igual. Se trata de una de las mejores actrices del pasado siglo y también de este. Durante el rodaje me levantaba todos los días pensando en lo bueno de ir a trabajar con ella».
Aunque lo hace en tono de comedia, el filme aborda un gran tabú: la sexualidad en las parejas maduras. Después de décadas de convivencia, cuando ya no recuerdan la última vez que han hecho el amor, la esposa arrastra al marido hasta un pueblo perdido donde, sin presencia del entorno, se desarrolla una terapia de pareja en la que el primer escollo es salvar las reticencias de él, que considera que no hay nada que tratar pues los matrimonios a esas alturas no pueden llevarse de otra manera.

El director, aunque no se atreve lo suficiente, coloca a la pareja de veteranos en alguna situación incómoda para el espectador, como aquélla en la que el personaje de Streep intenta aprender a practicar sexo oral en las butacas del cine. A Tommy Lee Jones, sin embargo, parece que no le hace demasiada gracia hablar de disfunción eréctil durante las entrevistas, pues es un tema que vetó reiteradamente. El actor tampoco quiso pronunciarse sobre su favorito en las elecciones presidenciales de noviembre, ni siquiera dio un vaticinio: «No voy a hablar de política con ustedes». A ratos cortante, otras simplemente correcto; sin embargo, se explayó al explicar los pormenores de su nuevo filme como realizador después de la buena acogida de «Los tres entierros de Melquiades Estrada», en el que, por cierto, podría volver a coincidir con Streep. «No es fácil para nadie conseguir dinero para levantar un proyecto, y, desde luego, no voy a ser tan tonto como para invertir mi propio dinero en él», argumenta.

Un trabajo personal
El filme, «The Homesman», estará ambientado en Nebraska a mediados del siglo XIX, cuando aún no formaba parte de los estados de la unión. Aún así, el Gobierno federal, empeñado en repoblar aquel terreno con familias de raza blanca, ofrecía a los descendientes de europeos la propiedad de la tierra si construían allí y lograban permanecer dos años. «Se vivía en condiciones extremas, no solamente por la climatología, sino porque además no había médicos, especialmente lo pasaban mal las mujeres, de hecho, había una mortalidad superior al 70 por ciento», explica el intérprete. Cuando le precisamos que, a la vista de estos dos guiones que ha hecho propios, parece que le interesan los temas esenciales, como la tierra, la muerte o el nacimiento, responde por un lado inesperado, que «la comedia también lo es. Qué más esencial que las películas de Groucho Marx o Charles Chaplin».

Aunque comprende bastante bien el castellano, que estudió en su escuela de Texas y en la Universidad de Massachusets, asegura que no se atrevería a dar el discurso de agradecimiento en nuestro idioma: «Es lo suficientemente bueno para hablar con gauchos argentinos o vaqueros mexicanos, pero no para ponerme delante de un micrófono», reconoce. A pesar de la insistencia de los periodistas, no quiso decantarse por ninguna de las películas de su filmografía, aunque admitió que algunas son «francamente malas». «En la catequesis –puntualizó después– me enseñaron que el orgullo era un pecado. Como actor, no tengo respuesta, pero como empresario me siento más orgulloso de las que han dado más dinero en taquilla».

Así zanjó la cuestión, dando claras muestras de esa fuerte personalidad que causó enfren-tamientos con algún periodista. El festival ya aguarda el siguiente encuentro, esta vez con Dustin Hoffmann que, durante las primeras horas que ha pasado en la ciudad, ya ha dado muestras de mucha más simpatía.

AMAIA Y LAS JOYAS DE EVITA
A Eduardo Cortés le interesan los casos reales. Hace meses, acercó a las pantallas la historia de los Pelayos, la familia española que arrasó en los casinos de medio mundo. Ahora recuerda una peripecia sorprendente: «En 1956 hubo un atraco a un joyería de Madrid de dos argentinos que decían ser uruguayos». Luego está la versión oficiosa de que la mujer de Franco se encaprichó de las joyas de Evita que había empeñado Perón porque tenía las cuentas embargadas en el exilio. Pedro Costa, el productor, habló con un policía que le dijo «que el robo se había producido para que las alhajas no llegaran al Pardo». Con producción argentina, Cortés ha contado con Guillermo Franchella, que interpreta al veterano de la pareja de atracadores que forma con Nicolás Cabré. Amaia Salamanca (en la imagen) encarna a una enfermera que les encubrió y Óscar Jaenada, al oficial de la policía que llevó el caso.