Crónica negra: La aparición de Anastasio

Javier Anastasio de Espona era el mejor amigo de Rafael Escobedo Alday, el yerno de los marqueses de Urquijo, condenado a 53 años de prisión por el asesinato en agosto de 1980, en un chalet de Somosaguas.

Javier Anastasio, hace años, cuando huyó
Javier Anastasio, hace años, cuando huyó

Anastasio fue imputado al mismo nivel que el condenado y en el aire quedó otra probable condena de casi sesenta años de prisión. El joven Anastasio, un chico alto, delgado, con la cara afilada, huyó después de tres años y medio de prisión preventiva burlando a la lenta justicia. Veintitantos años más tarde, envejecido, calvo y cincuentón, aquel «fugado de oro» del Caso Urquijo regresa de forma mediática en una entrevista a Vanity Fair en la que afirma que se fugó porque se lo recomendó uno de los jueces.

Anastasio parece no tenerlas todas consigo porque hace esta aparición en Buenos Aires y no da la cara en Madrid, temeroso de que se haya hecho mal la cuenta de los cargos judiciales. Aunque se atreve a ofender al menos a uno de los jueces del tribunal. Así que se refugia en la capital argentina y desde allí dice las mismas cosas que ya decía antes de hacerle un corte de mangas a la justicia, que con una pachorra infinita no hizo lo preciso para buscarlo. Esa misma justicia indolente (él mismo dice «a mi no me ha buscado nadie») es la que tiene en su propio mecanismo la prescripción de los peores delitos a los veinte años, lo que permite que un presunto delincuente se pasee por los medios diciendo la verdad que le interesa, quizá cobrando.

Según mis fuentes Anastasio ha podido estar en España mientras estaba en busca y captura, entrando y saliendo del país, como si tal cosa. En su deposición para la directora de Vanity Fair –Feria de Vanidades–, en un hotel de Buenos Aires, que tilda a Anastasio de «fugitivo más buscado de España», lo que no es la menor de las mentiras de su discurso, Anastasio afirma que él es inocente, que su amigo Rafi tampoco mató a los marqueses y que el peor error de su vida fue aceptar deshacerse de la pistola del crimen. Pero si él no tuvo nada que ver ,¿cómo sabe que aquella que le dio Rafi era la pistola del crimen? Al esconderla cometió un grave delito.

Además se atreve a lanzar veladas acusaciones contra el hijo de los marqueses y el administrador, que aguantaron a pie firme el desarrollo de los acontecimientos y la acción de la justicia, y no como él, huyendo como un conejo sino tenía nada que ocultar. Tanto Juan como el administrador resultaron al margen de cualquier imputación, de manera que sobran las insinuaciones de alguien que regresa del pasado y señala sin pruebas. A Anastasio no le prendieron porque nadie estuvo interesado en hacerlo. El programa de televisión de Jesús Quintero lo entrevistó sin mayor problema. La eficaz policía española le habría echado el guante en un pis pas si se lo hubieran ordenado.

Increíbles declaraciones mediáticas de un antihéroe, que ha querido vender un libro en las editoriales españolas a un precio que le han echado con cajas destempladas y que pretende ahora publicar en Internet. Anastasio no ha llegado con grandes revelaciones ni ha sacado las pruebas perdidas del caso: en el Caso Urquijo desaparecieron los casquillos de bala, lavaron los cadáveres con agua caliente, se llevaron la pistola, la linterna y el rollo de cinta americana que utilizaron para romper los cristales. También se llevaron los motivos del asesinato.


Misterios sin resolver
Los grandes misterios del Caso Urquijo siguen vivos. Rafael Escobedo confesó a su amigo Matías Antolín, y este lo recoge en su libro «Un crimen al hombro», que disparó por odio a su suegro en la nuca mientras dormía. Lo que no dice es quién le disparó a la marquesa el abejorro que le entró por la boca y el tiro de gracia que le dio en la yugular, disparos tan precisos que le hizo al prestigioso doctor García Andrade hablar en su dictamen de asesinos profesionales. ¿A quien además de a Escobedo le molestaba la existencia del marqués de Urquijo? ¿Quiénes se beneficiaron del odio del yerno al que habían desheredado? ¿Dónde está el resto de los asesinos? Anastasio nos habla menos de ellos que de lo que ha trabajado a lo largo de su vida, de lo que por cierto no dice nada, como si nunca hubiera dado un palo al agua. Dice que ha vivido del dinero de un apartamento que vendió, de lo que le dieron por hablar con Quintero y de lo que le mandaba su familia.

El problema de los Urquijo empezó en el seno de un grupo de jóvenes sin oficio ni beneficio, comandado por Rafi, poco amigos de esforzarse que copiaban en los exámenes y se dedicaban a pelar la mona. Luego unos tíos más listos se beneficiaron de lo bobos que eran.