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Alfonso Ussía: «Nos gusta el humor negro áspero como es España»

En «Safari», editado por Planeta, el liberado marqués abandona  su finca de «La Jaralera» para disfrutar de apasionadas y nuevas aventuras en África

  • «La literatura de humor no triunfa porque somos muy dogmáticos y siempre se ha mirado con resentimiento por los pedantes»
    «La literatura de humor no triunfa porque somos muy dogmáticos y siempre se ha mirado con resentimiento por los pedantes»

Tiempo de lectura 8 min.

26 de octubre de 2012. 02:14h

Comentada
26/10/2012

El Marqués de Sotoancho se ha cansado de la tranquilidad que le ofrece la vida en su finca «La Jaralera». Sin la presencia de Mamá y recién enviudado, el horizonte se le hace pequeño en sus tierras de la baja Andalucía. No hay marcha atrás: Cristián se va a África de cacería. «Safari. Nuevas, escalofriantes y nada edificantes aventuras del Marqués de Sotoancho» (Planeta) es el último libro del escritor, periodista y articulista de LA RAZÓN, Alfonso Ussía, que ayer presentó en Sevilla. Tiros, amoríos desenfrenados bajo los baobas y mucho humor son los protagonistas de una obra preñada de la sonrisa más inteligente. 

–Ha mandado al Marqués de Sotoancho de safari. ¿Sabe si durante su ausencia le ha invadido la finca Sánchez Gordillo?
–No, nada de eso. «La Jaralera» está perfectamente organizada en ese aspecto, no hay nada que temer (risas).
–Lo que sí es cierto es que su vida se mueve casi a golpe de entierros.
–La verdad es que sí, siempre, porque es la segunda mujer que se le muere.
–Y casi la tercera...
–Casi, casi, pero él es un enamoradizo y supera muy bien las defunciones.
–¿Esto de matar a la mujer tiene algo que ver con Freud o es más mundano?
–No, no. Sabe lo que pasa, yo tengo una obsesión. Cuando a mí un personaje me llega a molestar, como para cualquier escritor, lo más fácil es matarlo. Marsa, esta segunda mujer del marqués, ya había cumplido con todo su recorrido en la saga.
–La mejor parte se lo lleva el protagonista, que pasa de «Patrimonio Nacional» a «Mogambo».
–Además, a un «Mogambo» bastante subido de tono, la verdad (risas).
–Tiene un tono más tórrido que las peripecias de Ava Gadner y Grace Kelly...
–Parece que sí. No sé muy bien cómo me ha salido así. Mire, Cela era un gran lector de Sotoancho, le gustaba mucho. Un día estábamos hablando de este personaje en su casa y me decía que le empezaba a preocupar que más que yo, era él quien escribía la historia. Era el propio marqués el que me la dictaba a mí. Entonces Cela me dijo (pone voz de Cela): «Alfonso, cuando un personaje se te va de esta manera hay que darle una hostia y ponerlo en su lugar». En cambio, yo le discutía que cuando un personaje se va de esta manera y domina al escritor es que está vivo. De tal modo, que si yo me encuentro al Marqués de Sotoancho en el Alfonso XIII de Sevilla, en un bar o en un hotel de Madrid no me llevaría ningún susto.
–En la sabana se le ve como un valeroso cazador, un intrépido aventurero y un galán sin competencias. ¿Por qué le da entonces más miedo Mamá que los leones o hipopótamos?
–Es que la madre era muy peligrosa, muy peligrosa. Ella era una persona muy peligrosa para Sotoancho, insisto.
–¿Ha pasado miedo escribiéndolo con tantos tiros?
–Todo lo contrario, yo escribo sobre él cuando estoy preocupado, porque me relaja, me tranquiliza mucho.
–Pues con la situación en la que está España, con todos preocupados, escribirá una enciclopedia sobre el personaje.
–Sí. Wodehouse escribió casi veintitantas novelas sobre Jeeves. Cuando coges un personaje cuesta soltarlo, porque le coges cariño mientras lo escribes. Ahora lo que voy a hacer es narrar una época muy dura de España, para que vuelva a aparecer esa figura tremenda de la madre, que tiene mucho éxito entre los lectores. Voy a escribir la infancia de Sotoancho.
–Al origen de la historia...
–Al meollo. A los orígenes de todas las historias que Sotoancho ha protagonizado.
–¿Sotoancho, por qué cae tan bien a todo el mundo?
–Porque es buena persona, es generoso y porque en el fondo, como Antonio Mingote decía, pasa de ser un perfecto imbécil, dominado por su madre, a un héroe que se revuelve contra ella. Prueba de ello es que se casa por primera vez con la hija del guarda. Es decir, es una persona que lucha y busca su libertad.
 –Una libertad ganada a golpe de cama. No lo niegue.
–Pues sí, porque ha pasado de ser un «pichafloja» a ser un golfo.
–Decía Góngora que «a batallas de amor, campos de plumas». En su caso, la sabana ha engendrado al héroe ante tribu y familia.
–Campos de sabana. La intención también de este libro es desmitificar la literatura de safaris. Esos libros tan pesados en los que se nos cuenta lo difícil que es matar al león y al búfalo. Entonces llega Sotoancho y demuestra que eso es facilísimo y que no hay más problemas.
–Sotoancho viene de África con un amor muy especial. ¿Es ése el verdadero fin de raza del señorito andaluz?
–No quiero que se interprete como un señorito andaluz porque «Sotoanchos» hay en todas partes de España. Los hay en Madrid, el País Vasco y Cataluña, aunque está claro que la zona con un sentido del humor más luminoso es el triángulo de Andalucía la baja, donde la gente es más tolerante y los campos son más bonitos. Extremadura y Andalucía. Por eso elegí ese territorio imaginario situado entre las provincias de Sevilla y Cádiz para localizar la finca.
–Yo me refería al hecho de entroncar con la realeza africana...
–Ya, pero es que es una realeza muy relativa. Es princesa de una tribu y a la pobre no le va muy bien en España.
–En Jerez ya hay muchos señoritos que van a Cáritas con la fiambrera escondida bajo el blazer. ¿Le pasará lo mismo al marqués o capeará el temporal?
–No, la fortuna de Sotoancho es tan incalculable que no se dará eso nunca. Quitando esos excesos que ahora ha hecho, el hombre vive en la finca con su familia en mayúsculas, que son la gente que vive con él. Todos están bien pagados y contentos, es decir, que ha sabido agradecer los favores recibidos.
–¿Estamos ante un hombre de éxito del siglo XXI?
–Totalmente, y además es un tío que las enamora y le gusta mucho a las jóvenes.
–¿En eso se parece a usted?
–(Risas) No, me encantaría, (más risas).
–Tengo un amigo que es marqués y vizconde que vive de vender teléfonos móviles. Cómo ha cambiado todo, ¿no le parece?
–Hay una visión distorsionada de la nobleza en este país. Sé de muchos en la misma situación. Son personas normales y corrientes, como todos. De hecho, conozco al hijo de un Grande de España que es camarero.
–Entre Cádiz y Sevilla lo que de verdad está es Lebrija. ¿La realidad es que la finca «La Jaralera» es un estado mental para muchos españoles?
–Lebrija es simplemente la frontera entre las dos provincias y «La Jaralera» es mucho más frondosa, tiene dos ríos, una sierra portentosa, la albariza de los juntos... Es una quimera y un sueño puesto allí. Creo que todos los españoles sueñan con tener una Jaralera.
–¿A los españoles, qué les hace falta, más literatura de humor o más humor que literatura?
–La literatura de humor no está bien vista en España porque somos un país muy dogmático. En Inglaterra, la literatura de humor es un plus. Hace unos años celebramos los 400 años de Cervantes, pero lo pasó fatal. «El Quijote» es la obra maestra del humor, Quevedo también lo pasó falta. La literatura de humor siempre se ha mirado con resentimiento por los pedantes.
–En realidad lo que nos pasa es que lo que más nos gusta es realmente Valdés Leal.
–Exactamente.
–Y eso que el humor es una forma muy inteligente de interpretar la vida, ¿no cree?
–El humor es un estado de gracia que sobrevuela todas las circunstancias.
–¿Por qué no triunfa el humor fino en nuestro país?
–Nos gusta el humor negro, áspero. Al ser un país áspero y poco cultivado, nos gusta más lo abrupto que lo sutil. Somos más de carcajada que de sonrisa. Insisto, la verdad es que los españoles no formamos un país cultivado. Lo que pasa es que cuando yo pienso en una persona cultivada lo que me imagino es a alguien a quien le salen berenjenas de las orejas.
–El ministro Montoro asegura que la crisis económica terminará en 2013. ¿Se lo cree o piensa que es una humorada?
–Me gustaría creérmelo, pero no acabo de convencerme.
–¿Le cuesta mucho pasar de la escritura seria, como articulista, a la de humor con Sotoancho?
–Pienso que un escritor tiene que cambiar de «abrigos».
–Rifles, amor y algún que otro traspiés. ¿Le ha mandado algún ejemplar al Rey?
–El libro lo entregué dos meses antes del asunto ese del elefante. Me pareció que el safari del Rey estuvo muy bien y creo que no debió pedir disculpas.

 

Un aristócrata muy querido en el país de la envidia
Las andanzas y amoríos africanos de Cristián no se pueden presentar en otro sitio que no sea en la capital hispalense. Como el Marqués de Sotoancho tiene «La Jaralera» en los difusos límites de Sevilla y Cádiz, el Hotel Alfonso XIII, icono de la ciudad y espacio de referencia para la «jet set», encajaba perfectamente para la puesta de largo de «Safari». Alfonso Ussía relató ante los incondicionales de Sotoancho cómo ha nacido este nuevo episodio de la saga e ilustró sobre las peripecias de sabana y cama en el continente africano. La sala en la que se celebró la presentación se quedó pequeña para acoger a una audiencia deseosa de conocer las andanzas sexuales y cinegéticas del marqués. Ussía señaló que, aunque este tipo de publicaciones  le produzca satisfacciones, lo que de verdad le gusta es la poesía satírica. En especial, se declaró un fiel enamorado de Manuel de Palacio, de quien admira sus poemas a los que coloca por encima de los de Quevedo. Rico y generoso, Sotoancho consiente incluso que sus criados le roben algo de dinero. «Está bien que me robes, pero hazlo dentro de lo normal», recordó Ussía, que al tiempo relató que él en cambio no es más que un «escritor arruinado» al contrario que su personaje, que vive con una inmensa fortuna. El escritor glosó cómo ha ido evolucionando una figura que con el tiempo se ha apropiado de su propio destino y ha impedido, en muchos casos, que el propio Ussía pueda dominar los designios de un aristócrata que decidió un día mostrar con humor y sabiduría cuál es la mejor manera de ser rico y de que le amen a uno en el país de la envidia.

 

Barca, el complemento perfecto de Ussía
Aunque Alfonso Ussía es el padre del Marqués de Sotoancho y quien le bombea la sangre necesaria para que vaya viviendo nuevas peripecias, Barca le ha puesto rostro, barriga y mirada pícara al apuesto galán del sur andaluz. «Ussía y yo nos conocemos muy bien desde hace muchos años», comenta el ilustrador, que señala que ambos saben de «muchos que podrían ser Sotoancho». Es más, añade, «en Jerez y Sevilla nos dicen que se reconocen en el marqués», aunque claro, «ninguno le ponemos ni nombres ni apellidos», comenta entre risas. En «Safari» había que sacar a toda la troupe del escenario habitual y llevarlos a cazar animales. Lo que en principio era un reto, se convirtió en una interesante aventura, pues es «un gran aficionado a la caza y a los animales, por lo que ha sido muy estimulante poder hacer las escenas y los rostros de los cazadores», dice.
 

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