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Protagoniza «Tan fuerte, tan cerca», un drama cursi de Daldry sobre el 11-S

Max Von Sydow / actor: «Bergman es lo mejor que le ha pasado a mi carrera»

  • Max Von Sydow / actor: «Bergman es lo mejor que le ha pasado a mi carrera»

Tiempo de lectura 4 min.

11 de febrero de 2012. 01:14h

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11/2/2012

«Tuve la suerte de encarnar a Jesucristo en "La historia más grande jamás contada". Más tarde, no te imaginas lo mucho que me arrepentí: sólo me ofrecían papeles de santo, sacerdote, obispo o mártir. Los directores de casting no tienen demasiada imaginación, por eso cuando aparece un papel como éste, no dudas en aceptarlo».

Habla Max Von Sydow, que, a los 82 años, ha obtenido su segunda nominación al Oscar gracias a «Tan fuerte, tan cerca», que se acerca a las tragedias íntimas del 11-S a través de los ojos de un niño que supera el dolor de la pérdida de su padre en los atentados enfrentándose con su propio sentimiento de culpa. Stephen Daldry saca toda la artillería pesada para exprimir la lágrima del respetable: donde debería haber respeto por la memoria de los muertos y por el duelo de sus familiares, hay la cámara hipócrita de un cineasta que desangra la herida utilizando considerables dosis de cursilería y mal gusto.
           
Un día de ficción muy real
Ayer, en la Berlinale, Daldry echaba balones fuera cuando se le preguntaba por el 11-S. Su película, decía, habla sobre «la pérdida tras la catástrofe», quitándole hierro a las implicaciones políticas del desastre. Ni una palabra sobre cómo ha cambiado el paisaje social e ideológico de Estados Unidos o de por qué es una fecha tabú para los americanos, una fecha que ni siquiera está contemplada en los libros de texto de la escuela primaria. Mientras tanto, Max Von Sydow, que parecía sorprendido de que la Prensa le dedique tanta atención, nos explicaba dónde estaba el fatídico día.
«Recuerdo que estaba conduciendo, con mi mujer, volviendo a un hotel, en Suecia, cuando recibí una llamada de mi hijo. Muy alarmado, me contó la noticia y me prohibió que volviera a París en avión. Nos pasamos el resto del día delante de la tele sin poder creer lo que estábamos viendo».

En la cinta se establece una dinámica entre el protagonista, que habla sin parar, y el personaje de Von Sydow, un viejo mudo que vive refugiado en el piso de la abuela del chico. Thomas Horn es un actor novel, Von Sydow un consumado experto en su arte. La inocencia intenta explicarse a sí misma, la sabiduría cierra la boca. ¿Fue difícil manejarse con un actor sin currículum? «Tom es fantástico. No tenía ninguna experiencia en interpretación, sólo había participado en un concurso», explica. «La primera vez que nos conocimos, durante unas pruebas de vestuario en Nueva York, ensayamos un par de escenas, y me pareció que recitaba su diálogo de una manera muy monótona, muy plana. Pero un mes y medio después, cuando empezamos a rodar, me encontré a un actor maduro, con mucho futuro por delante».

Bergman sale en la conversación –«es lo más importante que le ha pasado a mi carrera»–, y también sus primeros pasos en el teatro sueco – «doy las gracias por la existencia de los teatros municipales, que me ayudaron a caer y aprender a levantarme»–. Y uno se pregunta: ¿qué película habría hecho Bergman sobre el 11-S? ¿Habría colocado a un niño irritante y tiránico como protagonista? ¿Nos habría obligado a escuchar los mensajes que deja una víctima de los atentados antes de morir, una y otra vez? ¿Habría filmado un cuerpo cayendo de las Torres Gemelas como si apareciera en el anuncio de una aseguradora? Pues va a ser que no…

 

La estrella de Safran Foer
La carrera del escritor va viento en popa. No es la primera vez que uno de sus libros es llevado a la pantalla. Ya sucedió con su novela «Todo está iluminado» (2002), que llevó a la pantalla Liex Schreiber e interpretó Elijah Wood. Ahora ha sido Daldry quien ha transformado en imágenes las palabras de Safran Foer (en la imagen), cuyo hermano, curiosamente, presentaba ayer libro en Madrid.

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