Bruselas

Portugal vota forzada por la crisis

Veinte meses después de las últimas elecciones, los portugueses acuden a las urnas para elegir al Gobierno que deberá aplicar el draconiano plan de ajuste exigido por el FMI y la UE a cambio del préstamo de 78.000 millones de euros.

Passos Coelho, en un acto de campaña esta semana
Passos Coelho, en un acto de campaña esta semanalarazon

Todos los sondeos vaticinan que el opositor Partido Socialdemócrata (PDS, conservador) será el más votado (36,5%), aunque sin mayoría abosoluta. Su líder, Pedro Passos Coelho, deberá pactar con el derechista CDS/PP para poder gobernar. A cinco puntos y medio, las encuestas colocan al Partido Socialista (PS) del primer ministro, José Sócrates, cuya popularidad se ha visto mermada por los duros planes de ajuste puestos en marcha desde 2009. Superado por la crisis y el auge del PDS, el jefe de Gobierno en funciones ha hecho un último llamamiento al «voto útil» para aglutinar el voto de izquierdas.

Sócrates acusa a los conservadores de pretender «destruir el Estado social». «Provocaron esta crisis política para hacer venir al FMI y aplicar más fácilmente un programa ultraliberal», defiende el líder socialista. Mientras, Passos Coelho, que defendió el rescate financiero antes que el Gobierno, responde que en caso de victoria socialista Portugal podría hallarse «en seis meses» en la «trágica» situación de Grecia. Desde la extrema izquierda, el Bloque de Izquierdas y los comunistas tratan de aglutinar al alectorado contrario a la asistencia financiera internacional por su alto coste social. Con una intención de voto del 13-15%, serían los aliados naturales de los socialistas. Sin embargo, sus críticas a Sócrates dificultan a priori un pacto postelectoral.

Profundamente decepcionados con la clase política, los portugueses se hallan ante la disyuntiva de elegir entre un primer ministro impopular y una oposición conservadora dispuesta a llevar los planes de austeridad más lejos de lo que recomienda el FMI y la UE. Este estado de ánimo explica que aún una cuarta parte del electorado no haya decidido el sentido de su voto, lo que deja muy abierto el resultado electoral. Precisamente, un escenario de inestabilidad política, según los expertos, puede retrasar la salida de la crisis. «Fue justo la falta de un Gobierno fuerte con una mayoría lo que desató la petición de rescate por parte de Portugal, cuando se hundió el Gobierno de Sócrates al no poder pasar las medidas de austeridad», explica Diego Iscaro, economista de IHS Global Insight.

Maria Cecilia da Silva, una jubilada portuguesa de 76 años, «no sabe a quién creer». «No comprendo por qué [los partidos] hablan tan mal unos de otros, cuando ambos firmaron lo mismo» para recibir la ayuda internacional y aceptar sus condiciones, añade perpleja. Y es que el acuerdo hipoteca al nuevo Gobierno. El documento prevé que Portugal deberá privatizar empresas públicas, subir los impustos, reducir las indemnizaciones por despido y rebajar el gasto público. Esta amarga medicina agravará, según los expertos, la creciente desigualdad de un país donde el 20% de la población (dos millones de personas) vive bajo el umbral de la pobreza. Los recortes sociales y las subidas de impuestos provocarán que el PIB descienda un 2% este año y el próximo, lo que aumentará la tasa de desempleo, actualmente en un 12,4%. Un panorama que explica por sí mismo el pesimismo de la sociedad lusa.

José Sócrates (Candidato socialista). El «Blair portugués»
Tras seis años en el poder, el líder socialista portugués, José Sócrates, se juega su futuro político en estas elecciones. Más cerca del Nuevo Laborismo de Tony Blair o de la socialdemocracia escandinava que del socialismo tradicional, Sócrates siempre se ha presentado como un político reformista que ambiciona situar a Portugal en el s. XXI mediante la inversión en las energías limpias y las nuevas tecnologías. De su primera legislatura(05-09) se recuerdan sus medidas para reformar la economía y el sobredimensionado Estado, que le granjearon la oposición de los sindicatos. Asimismo, mostró su rostro más progresista con las leyes para legalizar el matrimonio gay, despenalizar el aborto y facilitar el divorcio, rechazadas por los sectores más tradicionales de la sociedad lusa. En cambio, su segunda legislatura (09-11) se vio marcada por una crisis económica que colocó a Portugal en el punto de mira de los especuladores. Presionado por Bruselas y sin mayoría en el Parlamento, el Gobierno socialista puso en marcha un duro plan de ajuste que incluía la reducción de los salarios de los funcionarios y la subida de los impuestos. Su última vuelta de tuerca a las cuentas públicas le costó su primera derrota en el Parlamento y su fulminante dimisión el 23 de marzo. Refrendado como líder del partido con el 93,3% de los votos en abril, Sócrates lucha por una tercera victoria advirtiendo de las graves consecuencias sociales de un Gobierno conservador. A sus 53 años, este ingeniero divorciado, padre de dos hijos y socio y accionista del Benfica, aún confía en una «sorpresa» en las urnas. En caso de perder, pocos le ven como líder de la oposición.

Pedro Passos Coelho (Candidato conservador). El gran defensor del rescate
A punto de cumplir 47 años y con escasa experiencia política, Pedro Passos Coelho tiene en su mano la posibilidad de acabar con seis años de Gobiernos socialistas. Economista, profesor universitario y ex director financiero de Formentinvest, se hizo con las riendas del Partido Social Demócrata (PSD, conservador) hace sólo 15 meses. Tras imponerse en las primarias con un 61% de los votos, Passos Coelho heredó un partido dividido y aún herido por la derrota electoral de Manuela Ferreira Leite, que en la campaña de 2009 había enarbolado la bandera antiespañolista para oponerse a los planes de los socialistas para unir ambos países por trenes de alta velocidad. Con unos socialistas sin mayoría en el Parlamento, el líder conservador supo jugar la carta del interés nacional apoyando los planes de austeridad de Sócrates, cuya supervivencia política quedó de esta manera en manos de la oposición. Sin embargo, todo cambió el 23 de marzo, cuando el primer ministro dimitió tras ver cómo era rechazado en el Parlamento su cuarto Programa de Estabilidad y Crecimiento. Defensor antes que los socialistas del plan de rescate del FMI y la UE, el candidato conservador reclama el voto para lograr un Gobierno estable que pueda hacer frente a la grave crisis que atraviesa el país. Descrito como frío, analítico y poco temperamental por sus colaboradores, aspira a encabezar una coalición con los democristianos del CDS/PP de Paulo Portas, el líder político mejor valorado por los lusos. De llegar al Gobierno, tendrá que reencontrarse con el presidente, de la República, Aníbal Cavaco Silva, contra el que se manifestó en los 90 por la subida de las tasas universitarias.