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Redford: genio figura y polvos compactos

El actor y director presenta fuera de concurso en Venecia «The Company You Keep», sobre Vietnam

  • Un Redford más cerca ya de los 80, visitó ayer la Mostra
    Un Redford más cerca ya de los 80, visitó ayer la Mostra

Tiempo de lectura 4 min.

07 de septiembre de 2012. 00:06h

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7/9/2012

Apareció en la Mostra veneciana con gafas de sol y más arrugas que una pasa. 76 años maquillados con polvos compactos y sonrisa demócrata. Robert Redford sigue empeñado en encarnar el arquetipo de actor liberal y pro-Obama, sensible con el medio ambiente y Espíritu Santo del cine «indie». «En mi país hay unos que ven el cambio como algo positivo y otros que le tienen miedo», puntualizó Sundance Kid respondiendo a la inevitable pregunta sobre la campaña presidencial americana. «The Company You Keep», que presentaba fuera de concurso y en la que hace doblete como actor y director, no oculta sus simpatías. En su favor cuenta su interés por desenterrar las hazañas de The Weather Underground, representantes de la faceta más extrema y violenta del movimiento antiguerra del Vietnam, y proyectarlas al presente. En su contra juega una realización gris y rutinaria.
«Por un lado, me interesaba recuperar un fragmento de la historia de América», explicó Redford, «y, por otro, los paralelismos que pueden establecerse con "Los miserables", con ese protagonista condenado a ser fugitivo toda su vida a pesar de haberse reinventado bajo una nueva identidad». Habla, claro, de su personaje, un abogado que, treinta años después de estar implicado en un asesinato como miembro de un grupo de radicales, ve caer su máscara de buen ciudadano en manos de un periodista (Shia LaBeouf) que busca su momento de gloria. ¿Dónde estaba Redford mientras el mundo estallaba en pedazos? «Simpatizaba por la causa, porque estaba motivada por una buena razón, una guerra equivocada e injusta, pero era evidente que iba a autodestruirse por culpa de una cuestión de egos», admitió Redford. «Es sólo una opinión. En esa época no estaba políticamente implicado, estaba dedicado a mi carrera y a levantar una familia». Quizá esa falta de militancia es la responsable de lo cauto y bienintencionado de su enfoque. En «The Company You Keep» todos tienen sus razones, desde los que se arrepienten de la lucha armada hasta los que piensan que aún hay una causa que justifica la violencia. No hay tanto un posicionamiento ideológico como una llamada de atención a que todos aprendamos a asumir las consecuencias de nuestros actos y a comprometernos con nosotros mismos. Lo que gana en tolerancia lo pierde en fuerza dramática. El problema es que el aliento trágico de la historia, que sobrevuela los sueños de cambio de una generación que mayormente enterró su rabia para integrarse en el sistema, es neutralizado por la monotonía narrativa, por la incapacidad de Redford para personalizar las cláusulas en mayúscula de su contrato con la Historia.

El vientre de Mendoza
Fascinado por la cultura de las gentes de las islas más ignotas del archipiélago filipino, Brillante Mendoza ha dirigido su película más accesible hasta la fecha. Excepto por dos partos descarnados que abren y cierran el filme, «Tu vientre» discurre plácidamente en las aguas de la vida de una pareja sólo agitada por el deseo de tener un hijo. Su esposa es estéril, luego la única solución es que el marido se case con otra mujer más joven. La bigamia no es un problema para los miembros de esta comunidad, pero sí lo es la dote. Buena parte de la cinta describe las costumbres de los nativos de la zona mientras estos dos enamorados buscan a la mujer ideal. «Es una realidad que muchos filipinos desconocen», admitió el director de "Kinatay". «Por eso nos desplazamos allí, para observarlos comiendo, durmiendo, viviendo». La cinta parece un documental etnográfico financiado por el National Geographic, todo exotismo, pero sus últimos veinte minutos, en los que emerge súbitamente la bondad de una mujer capaz de sacrificarlo todo por amor, son muy hermosos y conmovedores. No sería extraño que entrara en el palmarés.

Ni a la suela del zapato
En «La quinta estación» (en la imagen, su director y la protagopnista), lo que empieza como el retrato estilizado de la vida de una comunidad rural belga adquiere pronto tintes de pesadilla apocalíptica. Las semillas no germinan, las abejas desaparecen, las vacas no dan leche y la gente enloquece. El escenario parece una mezcla rígida y pretenciosa entre «Los pájaros» y «The Wicker Man». Si no fuera por su premioso ritmo, y porque lleva la palabra «alegoría» subrayada en la frente, podría ser una versión «hardcore» de «El incidente». El filme de   Woodworth y  Brosens emite severas ondas de mal rollo, pero si quería parecerse a «El caballo de Turín», lo cierto es que no le llega ni a la suela del zapato.


 

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