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Gil Marín el gestor imposible

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Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2011. 21:51h

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14/2/2011

Criticar a un Premio Nobel
Reproduzco el primer párrafo de un teletipo del 29 de diciembre: «Miguel Ángel Gil Marín ha sido elegido como el mejor gestor deportivo del año en la gala de los Globe Soccer Awards, por delante de Galliani, Rosell, Hoeness y Abramovich». Leído lo cual, deberíamos abandonar este estéril debate porque, de lo contrario, terminaremos concluyendo que hay algún interés espurio detrás de la ojeriza de reconocidos atléticos hacia el dirigente que les ha brindado en los últimos siete meses dos de sus cuatro títulos internacionales, los primeros desde 1974. Puede que la vecindad con el Real Madrid, tan encantado de conocerse, contagie a los colchoneros el virus de creerse más de lo que son. Que no son poca cosa, ojo, pero que desde luego no son tan grandes como para aspirar a títulos cada temporada.
Le agradezco a María José que me permita siempre desempeñar el papel más sencillo en esta esgrima de los lunes, pero habrá de reconocerme que ni siquiera su inmensa capacidad dialéctica podrá con la rotundidad del galardón al que se hizo acreedor Gil Marín. Lo próximo, para exprimir sus dotes persuasivas, será intentar convencerles de que Corín Tellado escribía mejor que Cervantes o incluso de que Fernando Torres es capaz de lesionarse menos de cinco veces al mes. La justificación de casi ningún disparate está fuera de su alcance, pero es imposible negar que el Atlético ha vivido gracias a su actual mandamás dos momentos inolvidables (Hamburgo y Mónaco), por encima de las actuales potencialidades de un club obligado a vender para sobrevivir. Si el populismo no lo impide, traspasará a Agüero y construirá un buen equipo.

Lucas Haurie




El enterrador
Miguel Ángel Gil Marín ha sido nombrado mejor gestor del mundo en 2010; lo han decidido los agentes de jugadores en solemne asamblea con baile y cotillón. Normal. Probablemente, la Aso-ciación de Amigos del Alquitrán haría lo propio con el capitán del Prestige. Lo del premio a Gil Marín recuerda a la foto de Maradona en el partido contra la droga, y si no fuera tan bochornoso, tendría un algo de Berlanga que sería hasta gracioso. Una entiende que los agentes, forrados a costa de las comisiones que dejan los innumerables fichajes del Atleti, entreguen a su benefactor una figurita de Lladró que represente a un comisionista rampante, pero no concibe que encima el tipo, y el club, presuma de ello. Y eso porque la gestión de Miguel Ángel Gil no ha podido ser más desastrosa. Al pobrísimo devenir deportivo del equipo en los últimos años, títulos de 2010 aparte (celebrados por la directiva como quien celebra la nevada inesperada que tapa la mugre) hay que añadir la deuda galopante, la pérdida de patrimonio y reputación, la imagen erosionada hasta el hueso, hasta la afición, la única que mantiene el tipo al menos temporalmente y que empieza, por fin, a dar serias muestras de hastío e inconformismo. Es triste para los que somos de este equipo, pero la realidad está ahí: el Atleti tiene una deuda que no podrá cubrir por sí solo en muchísimo tiempo, baja cada año un peldaño deportivo y ha perdido la presencia y el empaque de antaño. El mejor gestor del año, mientras, sin siquiera la gallardía de ir al palco a ver la realidad, da vueltas por la M-30 durante los partidos pensando en cómo gastará el bonus de un millón de euros que, por su gestión desastrosa, él mismo se concede. Qué cosas pasan.

María José Navarro

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