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Brian de Palma: de carnaval y sin complejos

Prometía mucho y se quedó en poco esta «Passion» sin sentido del ridículo, a tono con el conjunto de esta Mostra sin un favorito y que hoy entregará sus premios

  • Pareja de cine. Noomi Rapace plantó un beso para la foto a Brian de Palma
    Pareja de cine. Noomi Rapace plantó un beso para la foto a Brian de Palma / Reuters

Tiempo de lectura 8 min.

08 de septiembre de 2012. 03:55h

Comentada
8/9/2012

Si repasamos la excéntrica lista de las diez mejores películas de la historia según Michael Mann, publicada hace un mes en la revista británica «Sight & Sound», encontraremos dos títulos tan insólitos como «Avatar» y «Biutiful». Con este criterio, se puede esperar cualquier cosa del presidente del jurado de esta 69 edición de la Mostra veneciana. La lógica dicta que el palmarés se repartirá entre las dos películas que han creado un cierto consenso entre la crítica: la esperada «The Master», en la que Paul Thomas Anderson sobrevuela la polémica sobre la Cienciología y pule las aristas de «Pozos de ambición» para sumergirse en la pasión platónica entre dos hombres al borde de la locura, y «Después de mayo», en la que Olivier Assayas se acerca a sus experiencias como joven militante de la extrema izquierda en la Francia de los primeros setenta con tanto rigor como falta de nostalgia. Cuesta creer que, por muy loco que esté Mann, «Passion», el nuevo thriller erótico de Brian de Palma que ayer cerraba la competición, logre domar al León de Oro, pero, por lo demás, la bola de cristal está totalmente empañada y llena de incertidumbres.

Agua de borrajas
Dos películas, desde luego, que no justifican una sección oficial que, sobre el papel, prometía ser gloriosa. Promesas incumplidas: antes de que empezara el certamen, el nuevo director de la Mostra, Alberto Barbera, se jactaba de haber sido más duro en el proceso de selección que su antecesor, Marco Müller, y de haber reducido el concurso de veintidós a dieciocho títulos y los estrenos mundiales de sesenta y cinco a cincuenta. Da la impresión de que Barbera confió en los grandes nombres y que la mayoría (Malick, Kitano, Kim Ki-duk, De Palma) le han salido rana. Dado el imprevisible criterio de Mann (que preside un jurado con cineastas como Pablo Trapero, Ursula Meier y Matteo Garrone, actrices como Laetitia Casta y Samantha Morton, y una artista tan mediática como Marina Abramovic), podrían dar la campanada películas tan penosas como «Pietà», del coreano Kim ki-duk, que ha entusiasmado a la crítica italiana; la notable «Bella durmiente» de Marco Bellocchio, cumpliendo con creces con la imprescindible cuota italiana en la repartición de premios; o «Tu vientre», en la que destaca la actriz filipina Nora Aunor. Si el jurado no quiere premiar lo evidente, «The Master» tendrá que conformarse con la Copa Volpi al mejor actor para Joaquin Phoenix.

¿Dónde encaja Brian De Palma en este embrollo? Si hace un par de años, Müller programó el canto del cisne de la saga de los zombis de Romero, «Survival of the Dead», ¿por qué no incluir a competición los delirios sáficos del director de «Carrie»? «Passion» es la otra cara del espejo de «Femme Fatale», una de sus mejores y más incomprendidas obras maestras. Juega en la misma liga, explota los mismos temas: la fascinación por la duplicidad y las trampas de la mirada; la libertad de narrar entre las leyes del sueño y la vigilia; el deseo como motor del poder; la obsesión por las máscaras y los disfraces... Y, sin embargo, y a pesar del innegable placer que provocan sus desvaríos, «Passion» es una película fallida.

En la rueda de prensa De Palma se mostró entre perezoso y displicente. Cuando se le preguntó por Hitchcock, respondió con una sonora carcajada que puso en evidencia a un pobre periodista. Cuando se le inquirió por el gesto de un personaje que desafía la lógica del relato, gritó: «¡Es un sueño!». Y, en efecto, el segundo tramo de «Passion» es tan agresivo como el de «Mulholland Drive» en su intento de disolver desde lo onírico la mirada del espectador. Una extraña escena con pantalla partida –a un lado, el ballet de Jerome Robbins inspirado en el «Preludio a la siesta de un fauno» de Debussy; a otro, un asesinato– divide el filme en dos capítulos disonantes: el primero cuenta la mórbida relación, de tintes entre lésbiscos y sádicos, entre una pérfida ejecutiva de una agencia de publicidad (Rachel McAdams) y su protegida (Noomi Rapace), a la que roba ideas para fortalecer su posición en la empresa; el segundo se sumerge en un túnel de sueños y mentiras en el que De Palma planta innumerables pistas falsas para mantener la tensión narrativa.

 «El cine de suspense me da la oportunidad de contar mis historias de una manera muy visual», explica sobre su predilección por este género, «y esta historia se sustenta sobre dos escenas clave apoyadas por la interacción de dos actrices que dan sustrato emocional a la película». Quede claro
 
Remake de «Crime d'amour», el filme póstumo del francés Alain Corneau, «Passion» sorprende por su plano acabado visual, más propio de un «europudding» mal digerido que de los disparates acrobáticos que De Palma se marcó en títulos tan memorables como «Vestida para matar» o «Doble cuerpo». Los juegos de iluminación y angulación de cámara, que firma el español José Luis Alcaine, resultan propios de un principiante, y la fría funcionalidad de la puesta en escena congela el punto fuerte del cine de De Palma, esto es, la confianza en el poder manipulador de la imagen y la maleabilidad de la mirada del espectador.

Banal y caprichoso
Fascinado por las nuevas tecnologías desde «Redacted», plaga la pantalla de otras pantallas, de móvil y de ordenador, en las que los reflejos se desdoblan, las caras se deforman, las apariencias engañan. Y, sin embargo, nunca su discurso había resultado tan banal, tan caprichoso, tan devaluado. «Me considero un gran observador de los medios y las nuevas tecnologías. Ya las utilicé en ‘‘Redacted'' para construir la historia, integrándolas en mi narrativa. Y sí me considero un poco visionario, un poco profeta, teniendo en cuenta que en mi película ‘‘Hola, mamá'' (1970), ya hablaba de un programa de telerrealidad llamado ‘‘Be Black Baby''», explicó.

«Passion» divierte por su falta de sentido del ridículo, por su apego a lo absurdo, por su simpatía por el morbo ingenuo, pero nunca por su virtuosismo. Y eso es uno de los peores insultos que se le puede hacer a una película de Brian De Palma.


El chófer, el político y la actriz novata
Es probable que los italianos carezcan de la distancia necesaria para entender hasta qué punto «Un día especial» es ridícula. Francesca Comencini quiere hablar del negro futuro de los jóvenes en un país en crisis, ahogado en la herencia de Berlusconi, pero lo que cuenta, la historia de amor entre una aspirante a velina y el chófer novato que la conduce hasta el político que la corromperá, no es más que un «Antes de amanecer» para multisalas.


Celia Rico, una heroína solitaria en la mostra
Dice Celia Rico que, con su silencio, Luisa (Asunción Balaguer) «reproduce un viejo mecanismo, el del consentimiento». Esta abnegada esposa es, aclarémoslo, la heroina cotidiana del corto «Luisa no está en casa» (en la imagen, una secuencia del filme), que representa a España en solitario en la Mostra veneciana, y que compite en la sección Orizzonti. Hay cientos, miles, millones de Luisas, mujeres invisibles que pertenecen a una generación invisible, que ha trabajado duro para no hacer ruido, para sostener su hogar entre órdenes masculinas y jornadas intensivas. La directora sevillana Celia Rico rinde homenaje a su fortaleza subterránea respetando a su personaje, introduciendo de manera sutil las semillas de rebelión que una lavadora estropeada, unas sábanas sucias y una nueva amiga supondrán en una vida callada y temerosa. Lo mejor que podemos decir de este sensible corto es que nos apetece ver qué ocurre con Luisa después de que suba el volumen de la radio. 


EL «LOOK» DEL DíA
Roxanne  Mesquida

Saltando de alegría y con los brazos en alto, la actriz protagonista de «Kiss of The Dammned» no quiso pasar desapercibida ayer en Venecia. Antes de desfilar por la alfombra roja lució un mono corto sin mangas (con escote cero que estilizaba sus larguísimas piernas)  y con brillantes de colores degradados. Lo que más llamó la atención, fueron las sandalias de finísmo tacón que se adornaban en la parte superior con plumas negras.

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