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El palacio de la última Emperatriz

El palacio de la última Emperatriz
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Con luto riguroso, la menuda mujer que llegó en la mañana del 23 de agosto de 1922 a la localidad vizcaína de Lekeitio, procedente de la estación bilbaína de Dos Caminos, tenía tras de sí una desgraciada historia reciente. Su marido, Carlos, había fallecido unos meses antes en el exilio de la isla portuguesa de Madeira, tras ser obligados a abandonar el trono del Imperio austrohúngaro al acabar la Primera Guerra Mundial. Ésta había supuesto también el final del reinado de los Habsburgo.
La muerte de Carlos la dejaba sola y con una familia numerosa en el bando de los derrotados.
En aquellas circunstancias, tan sólo Alfonso XIII se apiadó de la viuda, Zita, por cuyas venas discurría sangre italiana, francesa, portuguesa y española, y cuyo apellido, Borbón-Parma, entroncaba con el del monarca español. Éste ofreció cobijo a la familia. Tras una estancia en El Pardo (Madrid), los niños y su abuela paterna, la archiduquesa Teresa, llegaron a Lekeitio el 18 de agosto de 1922, a las cinco de la tarde, fueron recibidos por Juan Tomás Gandarias y otras autoridades. Tres días más tarde, el alcalde de la localidad vizcaína obsequiaba con un té a la familia.
Zita llegó el día 22 y desde entonces la emperatriz y sus hijos se convirtieron en la atracción de la pequeña ciudad. Para hospedarlos se alquiló el Palacio Uribarren, propiedad del conde de Torregrosa, donde también se había hospedado Isabel II en sus estancias en la localidad.
Allí, los descendientes de la dinastía austrohúngara fueron visitados regularmente por la reina madre, María Cristina, y por las autoridades locales.
La viuda y sus hijos se integraron en la vida de la localidad. Otto de Habsburgo, el futuro heredero, fallecido el pasado verano, no sólo cursó sus estudios, sino que además aprendió algunas palabras de vascuence que recordaría toda su vida. Un jovencísimo José María de Areilza ejerció como traductor gracias a sus conocimientos de alemán.
Durante siete años el Palacio Uribarren fue la residencia de la última emperatriz antes de partir a Bélgica. El edificio acoge hoy en día un hotel de la cadena Aisia que se ha convertido en un balcón al mar Cantábrico y a la villa marinera. Y, a título de curiosidad, si Zita fue enterrada con la etiqueta de los Habsburgo en Viena (Austria), fue gracias a las gestiones del nieto de su benefactor español, el rey Juan Carlos I.

l Por Manuel Ortega