Vivir ecológicamente por Ramón TAMAMES

Vivir  ecológicamente, por Ramón TAMAMES
Vivir ecológicamente, por Ramón TAMAMES

Al reflexionar sobre el epígrafe en la colum-
na de hoy, me viene a la mente, antes que nada, el viejo aforismo latino de «primun vivere, deinde philosophare»; expresivo de que para darnos cuenta precisa de cómo vivimos lo primero es tener asegurados unos ciertos mínimos de supervivencia, en términos de alimentación y sitio de acogida. Y es una vez superados esos niveles cuando realmente comienza la verdadera lucha por la vida.
Ya lo intuyó Malthus al referirse a la pugna entre enemigos de todas clases a la hora de asegurarse las vituallas básicas para sobrevivir, empeño en el cual, generalmente, vencen los más dotados. Como simultáneamente advirtieron Darwin y Wallace al basar sus teorías de la evolución en la idea de que en la contienda por vivir suelen resultar vencedores los más capaces y que están en mejor forma.
Y en la misma línea de filosofía reflexiva, fue un discípulo de Darwin, Ernst Haeckel, quien introdujo la noción ecológica, al referirse, extrayéndolo del griego, a la «administración de la casa grande de la naturaleza», puntualizando que eso es ecología: respetar una serie de principios básicos, para mantener los equilibrios que hoy justamente llamamos ecológicos y que son la propia garantía de la supervivencia de la especie humana.
Naturalmente, además de esas precisiones más o menos científicas, están los sentimientos; con manifestaciones tan espléndidas como «La Pastoral» de Beethoven. O «La canción de la Tierra», de Mahler, que el pasado lunes oí de nuevo a la London Philharmonic Orchestra en el Auditorio Nacional. Todavía resuenan dentro de mí los últimos versos del poeta chino armonizado por el músico vienés: «¿A dónde voy? Vago hacia las montañas / ¡Busco paz para mi corazón solitario!... / Por todas partes la amada tierra florece en primavera y reverdece». ¿Qué frases mejores que las anteriores, combinación del pensamiento oriental con el occidental, para enaltecer una vida más ecológica?
NOTA BENE. Dedico esta columna de hoy a Charo y Lolito, grandes melómanos y amantes de la Naturaleza.