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Los novelistas Carlos Salem, José Luis Muñoz, Cristina Macía y Guillermo Orsi discuten en el certamen sobre el papel de la mujer en la novela policiaca

El amor también puede ser negro

El amor siempre es un negocio caro en el que los sentimientos, a veces, sufren menos que las billeteras, y el humor es una manera elegante de  afrontar la despedida de esa chica delgada que se ha largado con otro sin que parezca que le han metido a uno 13 balas de plata en el pecho. Los tipos duros saben que para ellos todo es diferente y que de nada sirve  tener talento ni ser valientes. Aceptan con resignación que siempre se tropieza con la misma piedra y que el futuro sólo será una repetición del pasado.

  • El amor también puede ser negro
Gijón.

Tiempo de lectura 2 min.

11 de julio de 2010. 21:48h

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Gijón. 11/7/2010


Dos tipos de historias
«Las mujeres resultan fatales», comenta con ironía Carlos Salem, escritor prolífico y de curtida vida literaria, cuando habla de esos detectives que encajan mejor un disparo que las caricias de una muchacha. Lo suyo en este oficio viene de hace tiempo. Ayer participaba en un debate de la Semana Negra, donde compartía mesa con José Luis Muñoz, Cristina Macía y Guillermo Orsi y en la quedó claro algo: en el género policiaco las mujeres no tienen nada de rosas. «Sin amor no puede haber novela negra. Siempre tiene que existir una pérdida a la que referirse. El amor y la muerte son diferentes caras de la misma moneda en la vida. Todos tenemos grandes pasiones, pero al final se termina solo», afirma Orsi, que acaba de publicar «Ciudad santa» (Almuzara) y cuyo nombre suena para un próximo reconocimiento. Salem matiza: «Hay dos tipos de historias de amor: las que motivan el comportamiento de un personaje y las que desencadenan un crimen.

Lo que no me creo son esos polis y esas chicas que se rechazan al conocerse y que después de que los hayan perseguido, tiroteado y están sucios y guarros, de repente, se lían».

Es en el encuentro, mejor dicho, en estos desencuentros de frases ingeniosas y deseos frustrados, donde los   investigadores muestran las esquirlas que les vuelven humanos y cercanos, y el lector descubre que son almas que cambian a lo largo de las páginas. «Estas aventuras son las que les hace evolucionar. A unos chicos como esos, el encuentro con sus propios sentimientos les hacen dudar, porque el amor siempre hace dudar de uno, y a veces, hasta hacer tonterías», se ríe Salem, que ha publicado en Salto de Página «Camino de ida» y «Matar y guardar la ropa».

En la orilla peligrosa
Orsi interviene: «Estas relaciones son como un fantasma que les acosa. Las novelas negras trabajan en el submundo de la condición humana, con los duros más descarnados del dolor. En estas obras no existen mayordomos». Salem profundiza en la psicología de estas figuras y argumenta que «ellos no llevan vidas corrientes. Están en la orilla más peligrosa. Están solos. Poseen la soledad de las vidas vividas, las que han descubierto la muerte, el engaño y el miedo. Sus mujeres provienen del pasado y el futuro para ellos jamás será muy sentimental».

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