«Happy birthday papá»

Don Felipe celebró su 44º cumpleaños en la intimidad familiar antes de viajar a la isla de El Hierro. Las Infantas le entregaron un dibujo y le ayudaron a soplar las velas de la tarta

Las Infantas Leonor y Sofía tuvieron que conformarse otra vez el pasado lunes con no poder ver a su padre el día de su cumpleaños. Con toda probabilidad debieron de optar por felicitarle y cantarle el «Cumpleaños feliz» –o quizá el «Happy Birthday» en inglés, ya que las dos han aprendido desde pequeñas este idioma– la víspera del día en que el Heredero de la Corona cumplía la ya respetable cifra de 44 años. Lo que está claro es que las hijas de los Príncipes de Asturias ya están acostumbradas a que papá y mamá, a pesar de ser príncipes, tienen por norma cumplir antes con la obligación que con la devoción.

No es la primera vez que la familia de Don Felipe y Doña Letizia tiene que adelantar o retrasar la celebración de una fecha señalada, como es el cumpleaños de cualquiera de ellos, o incluso de las Infantitas, y se han tenido que adaptar a que sus propias fiestas de «cumple» sufran retrasos debido a que sus padres estaban de viaje fuera de Madrid para cumplir con sus obligaciones institucionales. Así que, al caer este año en lunes el cumpleaños de Don Felipe, hay que suponer que el día anterior, domingo y fiesta de guardar, como se decía antes, las pequeñas Leonor y Sofía entregaron a su progenitor sus regalos, acompañados, probablemente, del típico dibujo infantil en el que no faltaría un tierno y cariñoso «Felicidades papá». Y quizá también aprovecharon para ayudar a su padre a soplar las cuatro docenas y media de velitas de la tarta, que son muchas para ser apagadas por él solo.

Como consuelo, el Príncipe se queda con las innumerables veces que los niños de El Hierro entonaron la conocida canción de felicitación en su recorrido por las distintas localidades de la isla canaria. Cada diez metros, había un grupo de chavales cantando el «Cumpleaños Feliz» a Don Felipe e, incluso, varios chicos entregaron al Heredero un dibujo con una tarta decorada con velitas para agradecer su visita.

Desde hace años, los miembros de la Familia Real han optado a veces por celebrar onomásticas y cumpleaños con actividades muy especiales, con la intención de compartir esas fechas con colectivos que cumplen con misiones de carácter solidario y con frecuencia muy arriesgadas. Fue el caso del 60 cumpleaños del Rey Juan Carlos, en 1998, cuando visitó a las tropas españolas destacadas en territorio croata que tanto habían contribuido a la pacificación de la zona después de la guerra de los Balcanes. O el viaje que el Príncipe de Asturias hizo al Líbano en 2008, programado para la fecha de su 40 cumpleaños y que luego tuvo que ser aplazado unos meses por cuestiones tácticas.

En esa línea también fue especialmente emotivo el 35 aniversario de Don Felipe, que lo celebró junto a su padre el Rey en el cuartel general de Despliegue Rápido de la OTAN en Valencia, en el que padre e hijo se fundieron en un cariñoso abrazo después de que el Príncipe apagara las velas correspondientes a su edad de una tarta que prepararon los militares.

Conducta ejemplar
En cualquier caso, si hay algo que el Príncipe tiene claro, cuando se encuentra ya en un momento crucial de su madurez, es que nunca ha estado más justificada que ahora la necesidad de mantener una conducta ejemplar. Es el camino para mostrar que, pese a los presuntos escándalos protagonizados por su cuñado, el Duque de Palma, lo único que él puede hacer es cumplir con sus obligaciones institucionales, volcarse en su trabajo como Heredero, no salirse de la línea que le marca su condición de príncipe, que conlleva muchas más obligaciones y deberes de lo que la ciudadanía supone. Una idea que ya están inculcando Don Felipe y Doña Letizia a sus hijas, las Infantas Leonor y Sofía, que tienen que aceptar la ausencia de su padre el día de su cumpleaños a pesar de todo el cariño que se tienen.


La Casa Real festeja en la intimidad
No acostumbran a celebrar las onomásticas y los cumpleaños fuera de la intimidad familiar. En la Zarzuela, tansólo se recuerda una ocasión que la Familia Real «rompiera» con esta tradición: hace cuatro años, con motivo del 70 cumpleaños del Rey, en el que se organizó una gran cena conmemorativa. Una excepción que no ha vuelto a repetirse, y es que Don Juan Carlos dedicó gran parte de su último aniversario, el pasado cinco de enero, a trabajar en su despacho. Noviembre es el mes por antonomasia de los cumpleaños de la Corona y la prudencia los caracteriza. Así, la Reina, que cumple años el día dos de este mes,
compartió tarta con su nieta, la Infanta Leonor, cuyo aniversario es dos días antes. Asimismo, la Infanta Cristina y su hermana la Infanta Elena celebran su nacimiento alejadas de los focos, con una velada sólo para sus más allegados.


La estricta disciplina de las Infantas Leonor y Sofía
Los Príncipes desean que sus hijas disfruten de una infancia como la de cualquier niña de su edad. O por lo menos que se asemeje lo máximo posible. Las Infantas Leonor, de seis años, y Sofía, de 4, aún son demasiado pequeñas para acostumbrase a ser fotografiadas cada vez que salen de Zarzuela. Por eso, el Príncipe no permite que fotógrafo alguno ponga un pie en el colegio Santa María de los Rosales, donde la posible futura Reina de España estudia primero de primaria y su hermana continúa en infantil, para realizar una instantánea como sí hacían cuando él era estudiante. No lo pasaba bien y no quiere que las niñas sufran lo mismo. Reciben una estricta educación y su jornada no termina después del cole, ya que no faltan a sus clases particulares de inglés, idioma en el que les habla Doña Sofía, así como de historia de España y de los Borbones, mismas lecciones que en su día impartió Carmen Iglesias a su padre. Pero además de la lengua de Shakespeare, las niñas ya han comenzado a aprender chino, gallego, euskera y catalán, lengua en la que, según «Vanity Fair», las canta su tía Telma Ortiz. La Infanta Leonor, al ser la segunda en la línea sucesoria, también deberá aprender dicción y oratoria. Una disciplina estricta que les deja tiempo para jugar. Y mientras la infanta Sofía, al parecer, es, a su corta edad, un as de la tecnología, al manejar con soltura el ordenador y el reproductor de música, a la primogénita le gusta pasear a los perros y cocinar con su madre, quien insiste en que también aprendan modales, entre otros, tienen prohibido llorar en público. También comer golosinas, dulces que apasionan a todo niño. Doña Letizia es estricta en su alimentación, les enseña a comer de manera saludable, aunque, inevitable, ya se han dejado ver en una famosa cadena de hamburguesas.


FASTOS EUROPEOS POR TODO LO ALTO
Los Príncipes de Asturias destacan por su sencillez, huyen de los fastos reales y jamás han festejado su aniversario fuera de la intimidad familiar. Ambos celebran sus cumpleaños sin interrumpir su agenda oficial. De manera bien distinta disfrutó su 60 aniversario el Príncipe Carlos de Inglaterra, quien protagonizó una intensa semana de fastos, entre ellos, una cena de gala en el palacio de Buckhingham, organizada por la Reina Isabel II, a la que asistieron más de cuatrocientos invitados, entre ellos, los Príncipes y los Duques de Palma. El mismísimo Rod Steward entonó «Happy Birthday». Victoria de Suecia, única mujer heredera al trono, fue homenajeada en julio con una fiesta, con concierto incluido, en la Plaza de los Deportes de Borgholm, además de recibir las felicitaciones de las numerosas personas congregadas en el palacio de Solliden, donde tuvo lugar una reunión de carácter privado. La esposa del Príncipe Guillermo, Máxima de Holanda también vivió su 40 cumpleaños por todo lo alto. Presidió un recital que la Orquesta Real holandesa ofreció en su honor al que acudieron numerosos miembros de la realeza, entre ellos, Marta Luisa de Noruega, hermana del príncipe heredero del país nórdico, quien sopló hace poco las mismas velas en Palacio ante 200 asistentes.