Roussel el surrealismo era él

Tradicional de personalidad y vanguardista de creación. Los libros de Raymond Roussel inspiraron a docenas de artistas. El Museo Reina Sofía dedica una muestra al hombre que logró que dos palabras valieran más que dos mil imágenes 

La muestra empieza con «Le Diamant», inspirado en el libro «Locus Solus».
La muestra empieza con «Le Diamant», inspirado en el libro «Locus Solus».

Aun hombre hay que trazarle el boceto biográfico desde su contexto, desde la matriz de su tiempo. Una época, un siglo, una década no es más que su literatura, su arte, su ciencia, sus pasiones. A Raymond Roussel hay que definirlo a través de las ideas que inspiraron su genialidad; de los artistas que recogieron sus sugerencias, de las ocurrencias que habitaban en sus libros, en las diferentes dramaturgias que dibujó con su existencia, llena de placeres y de días. Una persona no es más que la fragua de su contemporaneidad. El Museo Reina Sofía ha abordado la figura de este intelectual contradictorio que hacía vanguardia desde unas raíces tradicionalistas, clásicas; desde la huella que fue dejando en otros coetáneos. Para avanzar, muchas veces, hay que retroceder a los antepasados, a ese legado que dejaron otros. Acudir a las fuentes de otros maestros, que era una idea que ya defendía Petrarca (en contra de Vasari, que sólo prefería un progreso constante, sin mirar hacia atrás). Y Roussel, justamente, está ahí.

La batidora del talento
Nació en ese intervalo que va del París de 1877 al Palermo de 1933, que es de donde salió prácticamente toda la centuria pasada. Es el paréntesis en el que Albert Einstein revolucionó la física con la Teoría de la Relatividad, James Joyce rompió el cajón de la Literatura con el «Ulises» y la política convertía en ideología los viejos postulados filosóficos. El arte era una sucesión de corrientes continuas y el cine, una nueva vía que nadie había imaginado con anterioridad. Roussel cogió todo eso, más su herencia intelectual, lo metió en la batidora de su talento, y le salieron unos libros literarios que acabaron por ser obras fundamentales para muchos artistas. Bajo el título «Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel», la pinacoteca madrileña acerca la semblanza de este personaje fundamental para el siglo XX –y que, como tantos otros, han quedado sepultados para la mayoría sin saber bien el motivo. «Es una figura mítica, aunque se le conoce muy poco», aseguró Manuel Borja-Villel, director del centro. «El siglo XX no sería igual sin los libros de Roussel, un paradigma y uno de los motores del arte de la centuria pasada», reconoció Joao Fernandes, uno de los comisarios de la exposición. «Sin duda, no ha recibido el reconocimiento que se merecía», puntualizó François Piron, el otro comisario que ha participado en el montaje. Alrededor de este nombre se han juntado trescientas obras, que abre el impresionante «Le Diamant», de Jacques Carelman y la película «Viaje a través de lo imposible», de George Mélliès, de 1907 –también se puede ver una proyección con Salvador Dalí de protagonista. Roussel, que provenía de una familia acomodada y que se convertiría en un gran crítico de esa clase social que describió con excelencia Marcel Proust, dejaría su impronta en pintores como Duchamp. El artista declaró en varias ocasiones lo importante que sería Roussel para el conjunto de su obra, sobre todo para «El Gran Vidrio» (pieza que se mostrará próximamente en esta muestra). Los trabajos de Duchamp están expuestos en una sala a través de «Coffee Mill» y «Trébuchet», entre otras piezas.

Obra póstuma
El grupo de los surrealistas dio fe de su reconocimiento al propio Raymond Roussel a través de una misiva firmada por ellos. Robert Desnos, Paul Éluard y André Bretón estaban entre esos admiradores. A través, precisamente, del libro póstumo que el escritor dejó a estos creadores, titulado «Cómo escribí algunos libros míos», se conoce cuál era el proceso de escritura del autor de «Impresiones de África», que se adaptó al teatro, y «Locus Solus». Usaba frases fonéticamente semejantes, pero con un sentido distinto y que encontraban su razón de ser en el conjunto de un relato. En el discurso de la exposición, en el que se pueden apreciar obras de Man Ray, Roberto Matta, Max Ernst o Francis Picabia, se alude también a esta manera particular que Roussel tenía de abordar la redacción.

Las obras expuestas recorren el arco de todas las expresiones artísticas. Desde la fotografía, la pintura, las instalaciones, el vídeo, las revistas y los libros hasta los Ready Mades, la cartelería, revistas y manuscritos originales. Una manera de ir esculpiendo, si no el rostro, sí el complejo imaginario de un autor literario, que reverenciaba a Julio Verne y Víctor Hugo, y que terminó su vida prematuramente debido a los excesos. Cuando falleció, sin embargo, dejó un rastro inconfundible. Había influido en los surrealistas, en los dadaístas, había repercutido en los patafísicos y mostrado su lado más antropológico y primitivista a través de esas «impresiones de África». Un texto que sigue vigente y que todavía repercute en la creatividad de artistas actuales. Y es que Roussel, aunque haya pasado desapercibido en los grandes foros públicos, todavía cuenta con una legión de «fans» entre los artistas y los escritores (algo que le complacería de forma especial, ya que consideraba a los genios las personas más cercanas a él). Por eso también puede observarse una pieza de Cristina Iglesias, que hizo el proyecto de las puertas para la ampliación del Museo del Prado. En esta ocasión, pueden contemplarse de ella unos paneles con frases grabadas, que ha titulado precisamente «Impresiones de África II».

 

Influencias literarias de un soñador
El talento también tiene padrinos. Influencias inspiradoras. Hombres cuyas acciones, físicas o intelectuales, empujan a cumplir con los propios sueños. Raymond Roussel abogó por escritores de imaginación extravagante. Autores como Julio Verne (en la foto superior), que pensaban que se podía alcanzar la Luna o dar la vuelta al mundo en ochenta días. Personas como Víctor Hugo (en el centro), que convirtió la pobreza de los miserables en un «best seller», y gente extraordinaria, como es el caso de Camille Flammarion (abajo), que era astrónomo, inventor y escritor.

 

Cuándo:  Hasta el 27 de febrero de 2012. Dónde: Museo Reina Sofía de Madrid l Cúanto: 3 euros las exposiciones temporales.