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El abismo vasco

Tiempo de lectura 4 min.

25 de junio de 2011. 21:23h

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26/6/2011

El País Vasco, y especialmente Guipúzcoa, sufre un proceso de batasunización imparable. Desde el aval a Bildu de los seis magistrados del Tribunal Constitucional –cinco propuestos por el PSOE– hasta el presente han pasado sólo unas semanas, pero han resultado suficientes para que se hayan erradicado los progresos de los últimos años de gobierno constitucionalista, los espacios de libertad recuperados hayan resultado laminados y se haya materializado un retorno al pasado más negro. La realidad es que ETA está más presente que nunca en el territorio y que su poder institucional y económico es inmensamente mayor al que tuvo jamás. El clima totalitario y de abierto desafío a la legalidad es creciente. A la retirada ilegal de la bandera nacional y del cuadro del Rey en el Ayuntamiento de San Sebastián se han añadido los homenajes públicos a los terroristas en localidades como Hernani. El portavoz de la coalición proetarra reclamó ayer la reducción de la presencia de la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía y el Ejército en el País Vasco porque «la mayoría social vasca no se siente identificada» con ellos y urgió a su repliegue de forma progresiva. Obviamente ese supuesto no sucederá, y tal vez se debería abrir una reflexión sobre la conveniencia de revisar al alza el actual  despliegue.

La situación más negativa del proceso no es que Bildu desarrolle el discurso más ortodoxo de la banda ETA –que se mueve en ejes similares a los de la Alternativa KAS–  porque, más allá de que nacionalistas y socialistas vendieron las bondades y el cambio de esta gente, Bildu siempre ha sido ETA y obra como tal. No, lo más grave es que los representantes del Estado de Derecho no cumplan con su deber y la opinión pública tenga la sensación de que se han bajado los brazos. No nos podemos confundir, la banda llegará hasta donde la democracia le deje, pero parece que el Gobierno no quiere ser consciente de ello. Ayer mismo el ministro Blanco dijo que se hará cumplir la Ley, pero no dijo más y eso es muy poco cuando la democracia se juega tantas cosas.

El País Vasco se asoma al abismo también en lo económico. El proyecto de Bildu, que es el de ETA, amenaza la prosperidad y el futuro de una comunidad pujante. De las primeras palabras de los responsables en la Diputación de Guipúzcoa o en San Sebastián se deduce una apuesta por una economía cerrada, «estatalizadora», intervencionista y a favor de una inminente subida de impuestos. Su veto a las grandes infraestructuras de comunicación como el AVE o las autopistas sólo puede enmarcarse en su concepción particularista del desarrollo y en su tradicional ideario marxista-leninista. Bajo este esquema es incomprensible la afabilidad de algunos empresarios con la nueva situación.

La democracia no puede retroceder en el País Vasco. Y la idea de España, tampoco. Hay que aprender de los errores y tres décadas de cesiones tuvieron consecuencias nefastas. Como otras veces, ETA se ha aprovechado de una coyuntura favorable por el cambio de ciclo, la debilidad institucional y el tacticismo errado de algunos. El País Vasco también necesita un Gobierno fuerte en Madrid, que utilice la Ley para hacer Justicia.

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