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CRÍTICA DE CINE / «Nannerl la hermana de Mozart»: La sombra alargada de Amadeus

Dirección y guión: René Féret. Fotografía: Benjamin Echazarreta. Intérpretes:  Marie Féret, Marc Barbé, Delphine Chuillot, David Moreau.  Duración: 120 min.  Francia, 2010. Drama.

  • «Nannerl, la hermana de Mozart»: La sombra alargada de Amadeus
    «Nannerl, la hermana de Mozart»: La sombra alargada de Amadeus

Tiempo de lectura 2 min.

21 de octubre de 2011. 02:13h

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21/10/2011

Es casi justicia poética tratar a Mozart como una nota a pie de página, teniendo en cuenta que su hermana mayor, Nannerl, la gran ignorada por todos los libros de texto, era tan buena como él tocando el violín y el clavicordio. La sombra del genio es alargada, y más en el siglo XVIII, cuando la mujer todavía no había adquirido el derecho público de ser tan creativa como el hombre.
  
Durante el viaje que lleva a la familia Mozart por toda Europa, con parada y fonda en el Versalles del rey Luis XV, Nannerl intenta liberarse de su condición de actriz secundaria en un espectáculo que apunta su foco hacia los prodigios de Wolfgang, pero el «biopic» apócrifo imaginado por René Féret demuestra que el feroz anhelo de independencia de su heroína no pudo luchar contra los caprichos de las esferas de poder (paternal o monárquico) que coartaron su libertad.

Es ésta una película de época mucho más preocupada por trazar un retrato feminista que por decorar suntuosamente su telón de fondo. Los personajes masculinos –el padre y el hermano de Nannerl, el delfín de Francia– se apagan ante la solidaridad de las mujeres, que hacen piña antes de dejarse llevar por su destino y resignarse a aprobar el papel que les ha tocado jugar en la dinámica de una sociedad que prefiere travestirlas que aceptarlas tal como son.

Por otra parte, la relación de amistad que se establece entre Nannerl y una de las hijas bastardas del monarca resulta lo más conmovedor de una película que está tan empeñada en acercarse a su personaje desde la modestia y la contención que acaba por convertirlo en un misterio demasiado opaco. A ello contribuye, sin duda,  la hermética interpretación que realiza Marie Féret, que no sabe traducir bien la pasión, entre atolondrada y avanzada a su época, de una mujer que nunca disfrutó de aplausos exclusivos.

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