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El optimismo cura

Un estudio realizado en niños enfermos revela que un 62% mejoró tras vivir emociones positivas

  • Todavía no hay unanimidad científica en torno a los beneficios de la felicidad
    Todavía no hay unanimidad científica en torno a los beneficios de la felicidad

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2012. 21:59h

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16/9/2012

Madrid- Dicen que el dinero no da la felicidad, aunque ayude a conseguirla. Ahora bien, ¿la felicidad nos aporta salud o simplemente nos ayuda a estar más sanos? Cierto es que numerosos estudios han revelado en los últimos años que la percepción subjetiva de la salud mejora cuanto más optimistas somos. Pero cada vez más análisis coinciden en señalar que no sólo se trata de una ilusión motivada por nuestro estado ánimo: la felicidad puede ayudarnos a sanar. El último de ellos es el trabajo realizado por la Fundación Pequeño Deseo con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid. La mecánica del análisis fue sencilla: a un centenar de niños que padecen una enfermedad crónica o de mal pronóstico se les concedió el deseo que más anhelaban –un regalo, un viaje, conocer a su ídolo, etc.–. Los resultados fueron llamativos. Entre seis y nueve meses después de vivir aquella agradable experiencia, los pequeños mejoraron en su estado emocional en un 79% de los casos. Pero además, los médicos informaron de alguna mejoría en su estado de salud en el 62% de los menores. Así, en una escala del 1 al 10, los especialistas estimaron que la influencia del deseo sobre la recuperación física de los menores se situaba en un 5.02.

Un catalizador

«Tras ver cumplido un deseo, aparecieron en estos niños emociones positivas que funcionaron como un catalizador y que generaron cambios más profundos: una fortaleza personal, un sentimiento de optimismo hacia el mundo, una sensación de felicidad con respecto a sus vidas...», explica a LA RAZÓN la psicóloga Covadonga Chaves, perteneciente al equipo de la Universidad Complutense de Madrid que ha coordinado el estudio. De esta forma, el 81% de los pequeños aseguró que, tras vivir la experiencia, aumentó su espíritu de lucha, mientras que el 97% afirmó que les ha servido para animarse en momentos malos. Además, nueve de cada diez niños aseguraron que aquel estímulo les ayudó a recuperarse físicamente. «El impacto directo de la felicidad sobre la salud es algo bastante novedoso, pero es evidente que cuando los pacientes se encuentran bien consigo mismos, su salud es mejor. Existe una conexión directa entre las emociones positivas y el estado físico. Influye en el sistema inmune», dice Chaves.

Ahora bien, ¿cuál es el mecanismo que desencadena esta relación causa-efecto? Precisamente esta semana se ha celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) el primer «Encuentro sobre la Influencia de la Felicidad en el Estado de la Salud», organizado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, y en el que han participado científicos, médicos, sociólogos y psicólogos de toda España. Entre ellos se encuentra Jesús Sánchez-Martos, catedrático de Educación para la Salud de la Universidad Complutense de Madrid. «Contamos con evidencias científicas de que la felicidad es salud», asegura. ¿La prueba? Un simple análisis de sangre. «Aquellas personas que se sienten más felices muestran un mayor índice de hormonas como la serotonina y las dopaminas, así como de endorfinas, creadas en nuestro propio cuerpo y que también aumentan con la práctica de ejercicio físico», explica. Todas ellas, sustancias que nos proporcionan bienestar. «Las endorfinas, por ejemplo, comparten una raíz química similar a la morfina, un derivado del opio que aleja el dolor», añade.

La literatura científica no deja de engordar en este sentido. La Sociedad Europea de Cardiología analizó los perfiles de 8.000 funcionarios de Reino Unido y estudió sus respuestas en torno a su vida cotidiana – relaciones amorosas, nivel de vida, trabajo, familia, sexo...–. Así, se concluyó que un estado psicológico positivo supone un 13% menos de probabilidades de sufrir enfermedades cardiacas.

 Con todo, esta relación no está del todo asentada en la comunidad científica. «La situación actual parece indicar que no está de moda ser feliz», dice Sánchez-Martos. No en vano, el catedrático aboga por la «formación de los médicos en comunicación humana», una asignatura «que no existe en las facultades». Y es que, «puede que la felicidad no sea la panacea, pero hay que tener en cuenta que no cuesta dinero».

Testimonio
: Carmela Costumero y Laura Alonso / madre e hija
«El cariño fue para mi hija como una inyección»
Laura cumplió su sueño hace un año: pasar un día entero con sus amigas a bordo de una limusina, de la que sólo bajaba para «ir de tiendas». Un anhelo que le fue concedido de la mano de la Fundación Pequeño Deseo. Por aquel entonces, la joven, de 16 años, luchaba contra un linfoma de Burkitt, una rara forma de cáncer que cambió su vida y la de su familia. «Fuimos al centro comercial de La Gavia. Y era entrar en las tiendas y me daban todo gratis: ‘‘¿Quieres una americana, quieres una chaqueta?''», recuerda. En aquel momento, la sorpresa le ayudó. «Es un momento de felicidad en el que te olvidas de todo. Me llegué a olvidar hasta de la enfermedad», asegura.
Hoy, Laura tiene otra «pelea» bien distinta: la de retomar los estudios. Porque hoy puede decir que está totalmente recuperada. Su madre, Carmela, reconoce que experiencias como la que vivió Laura, o las visitas que recibió de sus primos en el hospital «fueron para ella como una inyección». Y es que Carmela no tiene dudas de que «la felicidad ha influido muchísimo en su recuperación». Y, por supuesto, en aquel día en que cumplió su sueño, «fue la chica más feliz del mundo». 

 

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