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Un amor en movimiento por María VOCE

La Razón
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De «La luz en los ojos». 19 años, una sonrisa florecida en el dolor. Hablo de Chiara Luce Badano, la joven italiana proclamada beata hace unas semanas en Roma. «Su vida muestra que sólo el amor con la ‘‘A'' mayúscula nos hace felices». Lo evidencia el propio Papa en el Ángelus el día después. En ella el amor estaba siempre en movimiento. La habitación del hospital de Chiara Luce –golpeada a los 17 años por uno de los tumores más dolorosos y agresivos– tenía las dimensiones del mundo: vivía y sufría por las iniciativas sociales para los pobres de África, se unía a la oración por los jóvenes de la Plaza de Tiananmen, por la Jornada Mundial de la Juventud de Santiago de Compostela. Un rostro y una historia que han abierto de par en par a miles de jóvenes el horizonte de una santidad posible y fascinante. La santidad no es una opción, sino un recorrido obligado. Lo advertimos claramente: es una llamada de Dios en esta hora de Europa. Sólo una nueva corriente de santidad tiene la fuerza de renovar la Iglesia y la sociedad. El Papa lo continúa repitiendo. En esta Europa triste, recorrida por el miedo a lo diferente, sin futuro, sin el valor para tener hijos. Será éste el llamamiento de Benedicto XVI en Santiago de Compostela. Símbolo de Europa, sí, pero también de un camino de conversión, de un retorno a la radicalidad vivida por los Apóstoles. Basta mirar a Benedicto, a Cirilo y a Metodio, a Brígida de Suecia y a Catalina de Siena. Y más cercanos a nosotros, a Schumann y a De Gasperi. Son cristianos de una pieza que han provocado un renacimiento espiritual y social y han abierto nuestro continente a lo nuevo.

«Conforme se pasa de una época a otra –como dijo Chiara Lubich en Madrid hace unos años– lo que se pensaba que era Europa resulta poco a poco ser demasiado pequeño. Su fisonomía ha ido modificándose». Así ocurre hoy. No hablo sólo del proceso de ampliación de la Europa política, sino también del fenómeno migratorio que hace al Viejo Continente cada vez más multicultural y multirreligioso. Nos abre al mundo. No es una amenaza a una identidad o a una civilización. Es el desafío de un nuevo mundo en gestación, que se puede experimentar ya con la gente de cualquier color, cultura y religión con que vivimos. Es el desafío de mostrar la vitalidad de las raíces cristianas poniendo en movimiento el amor que derriba los muros entre «iguales» y «diferentes», entre amigos y enemigos, ese amor evangélico capaz de crear en todos sitios espacios de fraternidad. Sólo así Europa podrá todavía ser protagonista en el mundo que, pese a los conflictos y las tensiones, se dirige hacia la unidad. Pero hace falta la fuerza creativa de la santidad. Esa santidad de pueblo que ya pedía con urgencia Pablo VI cuando era cardenal. Aislados es una empresa inaccesible. Juntos se hace posible.


María VOCE.
Presidenta mundial del Movimiento de los Focolares.