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«Limpiaré Libia de ratas casa por casa»

Gadafi acorralado en Trípoli: «Moriré como un mártir»

Toda la zona oriental de Libia está en manos de la oposición n La lucha se concentra en la capital

  • Gadafi, durante su intervención en la televisión estatal
    Gadafi, durante su intervención en la televisión estatal
  • Un grupo de opositores  enarbola la bandera monárquica en la ciudad liberada de Tobruk
    Un grupo de opositores enarbola la bandera monárquica en la ciudad liberada de Tobruk
El Cairo.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de febrero de 2011. 13:29h

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El Cairo. 22/2/2011

El coronel Muamar  Gadafi se dirigió ayer por la tarde a la nación en un largo e incoherente discurso televisado, en el que dejó claro que está dispuesto a seguir masacrando a su pueblo. El dictador admitió de forma implícita haber perdido el este del país, pero ha prometido seguir luchando hasta el final y no abandonar Libia.

Ahora, el destino de Gadafi se decide en la batalla por la capital, que prosiguió ayer y está siendo especialmente sangrienta: varias ONG situaban el número de  muertos en más de 500, los heridos en varios millares y en más de 1.000 los desaparecidos, en una semana de protestas. Muchos de ellos habrían sido víctimas de los bombardeos de la aviación de Gadafi sobre Trípoli, que comenzaron el lunes por la tarde, según la cadena de televisión Al Yazira, y habrían seguido el martes, aunque es difícil saber qué ocurre en la capital libia, aislada desde hace dos días, sin comunicaciones ni prensa internacional.

Las fuerzas aún leales al líder libio seguían atacando brutalmente a los opositores en las calles de la ciudad, incluso con proyectiles de artillería, desde tierra y desde el aire, tal y como denunciaban varias fuentes. Además, varios testigos aseguraban que los mercenarios extranjeros, mayoritariamente chadianos y nigerianos, que han hecho el trabajo sucio al coronel libio, aumentaron en número en las calles de la capital.

En su confuso discurso, Gadafi dio a entender que Bengasi había caído en manos de los revolucionarios, de los que dijo que sólo son «grupos de jóvenes drogados, de 16, 17 ó 18 años», que buscan imitar a sus vecinos de Túnez y Egipto. El dictador aseguró que  Estados Unidos e Italia habían facilitado las armas, e incluso lanzagranadas RPG, a los habitantes de esa localidad. El ministro de Asuntos Exteriores egipcio aseguró que el aeropuerto de Bengasi está destruido y toda la región estaría incomunicada de la capital y en manos de los grupos antigubernamentales, según confirman cada vez más fuentes.
 
En un comunicado obtenido por LA RAZÓN, los jóvenes de Bengasi declaran haber hecho caer la dictadura y formulan los nuevos principios del país que quieren: democrático, que respete los derechos universales y con buenas relaciones con todo el mundo. Asimismo, muestran su apoyo a los rebeldes de la capital, especialmente afectada, y otras ciudades, que «pronto se liberarán del yugo de la tiranía» firmado desde un «Libia libre».

Gadafi no parece dispuesto a que el resto del país corra la misma suerte, pero su régimen se está desmoronando. Ayer su ministro del Interior, Abdel Fattah Younis Al Abidi, se pasó a las filas rebeldes y pidió al Ejército, del que forma parte, que apoye al pueblo.

Pero el régimen, o lo poco que queda de él, no parece dispuesto a que el resto del país corra la misma suerte y Gadafi ha declarado abiertamente la guerra a los opositores, a los que ha amenazado con un final «al estilo Tiananmen», plaza en la que el régimen chino masacró a los manifestantes en 1989. «Están enfermos y se han infiltrado en nuestras ciudades», atacando a las familias y quemando los edificios, dijo un Gadafi más desquiciado que nunca. Son «ratas pagadas por los Servicios de Inteligencia extranjeros» y recordó que todo traidor se enfrentará a la pena de muerte, según la ley libia. Su discurso estuvo plagado de acusaciones sobre una conspiración internacional contra él y la mano de Estados Unidos en las revueltas. Gadafi atacó directamente a su enemigo público, pero tuvo también palabras muy duras para su principal aliado europeo y ex metrópoli, Italia. Después de repasar la historia colonial del país, advirtió contra la posibilidad de una nueva invasión de las fuerzas extranjeras y se preguntó si Libia quiere acabar como Afganistán, Somalia o Irak, ocupada por EE UU. El maníaco dictador advirtió, además, sobre la posibilidad de una guerra civil, incitándola al mismo tiempo: en su alocución pidió a sus seguidores que salgan de sus casas y bajen a las calles, y «maten a esas ratas», que vayan a por ellas en sus «escondites», si «aman a Gadafi». También que el Ejército no les detendrá por lo que hagan hoy, y que no habrá violencia contra ellos.

Gadafi aseguró que limpiará Libia «casa por casa» y parece dispuesto a hacerlo sin piedad y de la forma más hipócrita. A diferencia de Ben Ali o Mubarak, Gadafi no ha intentado calmar a las masas, simplemente ha dicho que está dispuesto a aceptar las reformas propuestas por su hijo Seif al Islam. En su discurso de 75 minutos, dejó claro que no cederá: «Resistiré. Soy un revolucionario y moriré como un mártir».


Un país dividido en dos
- Una línea invisible divide la costa de Libia entre la región oriental, Cirenaica y la occidental, Tripolitania. Cirenaica, tradicionalmente hostil a Muamar Gadafi, se ha convertido en el principal bastión de la oposición y centro neurálgico de la revuelta. Tripolitania, feudo del coronel, se ha mantenido fiel hasta los enfrentamientos en Musratha del pasado fin de semana.
- Cirenaica, igual que todo el país, está compuesta por un conglomerado de tribus que controlan el 90% de las reservas de petróleo. Los clanes de Al Zuwaya, Warfalla y Magariha, resentidos por el trato del «hermano» Gadafi, pelean su adiós definitivo. El islamismo también está presente en la región, un factor inquietante.                  
R. Colomer


«Limpiaré Libia de ratas casa por casa»
En un discurso desafiante, el tirano libio agitó ante el mundo el fantasma de Ben Laden y Al Qaida.
Ante las cámaras, Gadafi leyó los artículos del código Penal libio, que prevé la pena de muerte para los «traidores y rebeldes».

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