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Raúl Ruiz un triste adiós

La viuda del director presenta a concurso la rígida «Linhas de Wellington»

  • La actriz Cho Min-soo y el actor Lee Jung-Jin rodean al cineasta coreano  Kim Ki-duk,
    La actriz Cho Min-soo y el actor Lee Jung-Jin rodean al cineasta coreano Kim Ki-duk,

Tiempo de lectura 4 min.

05 de septiembre de 2012. 00:49h

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5/9/2012

Es peligroso imaginar cómo sería «Linhas de Wellington», que ayer concursó en la Mostra, si Raúl Ruiz la hubiera dirigido. «Raúl habría hecho una pelicula de seis horas, habría añadido más historias... Me limité a hacerla respetando los pequeños cambios que él quería en el guión. Y en la medida en que me pasé 64 días rodándola en pleno invierno portugués, la siento mía». Habla Valeria Sarmiento, la viuda del cineasta chileno, la montadora de muchas de sus películas y la encargada de, quince días después de la muerte de Ruiz, con la producción lista para arrancar, tomar el relevo y filmar un homenaje póstumo a su marido al que se sumaron, en cameos o papeles secundarios, John Malkovich, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert y Marisa Paredes. Sobre el papel, «Linhas de Wellington» parece la perfecta cara B de «Misterios de Lisboa», obra maestra de Ruiz que logró una difusión y un éxito de público inédito. Con ella comparte el escenario histórico, la concatenación de microrrelatos y el hecho de ser una versión condensada de una serie de televisión. Pero en la práctica las distancias se agigantan. La severidad y rigidez del conjunto la convierten en algo que Ruiz no hizo nunca: una película académica.

«Linhas de Wellington» está situada en el Portugal de 1810, invadido por las tropas napoleónicas. Los ingleses, liderados por el general Wellington, más preocupado por la imagen pública de sus batallas que por el olor de los cadáveres, evacúan a los portugueses, los obligan a exiliarse protegidos por un sistema de fortificaciones construido cerca de Lisboa. «Me impresiona ver que un pueblo es invadido por otro», admitía Sarmiento. «Tengo una sensibilidad política, y creo que es bueno recordar, ahora en Europa, qué ocurre cuando hay guerras. Recordar el éxodo de un pueblo como el portugués, tan importante como fue el exilio chileno para mí». Sarmiento se interesa por los desastres de la guerra, no por el campo de batalla. No le interesa la violencia sino sus efectos sobre personajes cotidianos y en tránsito. Ante su cámara aparecen decenas de historias, pero, más allá de humanizar a sus personajes, nunca tejen un tapiz en profundidad de campo. No hay aquí sofisticación metalingüística sino acumulación folletinesca. No hay interpelación al espectador sino una distancia educada, convencional, de «prime time» nocturno, ante unas vidas errantes sobre las que nunca pesa la tensión dramática.

Paredes, contra el Gobierno
Marisa Paredes, que trabajó con Ruiz en «Tres vidas y una sola muerte», aprovechó para hablar de un cine español que ahora ni siquiera podría plantearse participar en una producción paneuropea tan ambiciosa como ésta. «No creo que el cine español renquee. Lo que hace renquear al cine español son las medidas que toma el Gobierno sobre la cultura. Los productores están organizando una protesta a nivel europeo, las salas empiezan a cerrar... Y si algún político tiene algo en contra del cine español, debería entender que hacerlo tan visible es tirarse piedras contra su propio tejado».

«Pietà»: el Eros y Tánatos de Kim Ki-duk ya ni escandalizan
Los italianos se toman muy en serio sus descubrimientos. Es la única forma de explicar los aplausos a la última película de Kim Ki-duk, «Pietà», doce años después de que «La isla» escandalizara hasta al último pez de los canales del Lido con su explosiva combinación de «amour fou» y sadismo cruel. El cineasta coreano, que ha atravesado años de depresión y bloqueo creativo (documentados en un videodiario íntimo que tituló «Arirang»), vuelve a pisar terreno conocido con esta historia de venganza y amor de madre que, inspirada en la escultura de Miguel Ángel, concentra en sus primeros cinco minutos un suicidio, una masturbación y una mano aplastada en un torno. ¿Lo demás? Eros y Tánatos marcándose un tango con violación pseudoincestuosa de regalo. Mal rodada y peor contada, «Pieta» no se merecía ni las buenas tardes.

 

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