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La Alianza mantendrá un contingente más allá de la retirada en 2014

La OTAN advierte de que 20000 militares afganos han desertado

  • La OTAN advierte de que 20000 militares afganos han desertado

Tiempo de lectura 4 min.

10 de marzo de 2012. 02:59h

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10/3/2012

MADRID- A finales del año 2014, las tropas de los 50 países que actualmente tienen desplegados efectivos en Afganistán concluirán su misión de asistencia a la seguridad del país centroasiático. Eso no significa que hasta el último soldado de la coalición se vuelva a casa. Lejos de eso, la Alianza Atlántica permanecerá más allá de esa fecha sobre el terreno completando, entre otras cosas, trabajos de formación como los que actualmente realiza, tal y como refleja un documento enviado por la OTAN a los ministerios y estados mayores de los aliados al que ha tenido acceso LA RAZÓN. En ese documento, la Alianza marca las líneas básicas sobre las que se discutirá en la cumbre de Chicago de mayo, y remarca los compromisos con el país asiático: «La OTAN continuará entrenando, apoyando y asistiendo a las fuerzas afganas una vez que la transición se haya completado».

Mientras tanto, subraya el documento, y hasta finales de 2014 (lo que ocurrirá más allá de esa fecha y qué tipo de fuerza se queda se discutirá en Chicago), «ISAF proveerá de asistencia, entrenamiento y apoyos críticos como artillería, ingenieros de combate y logística». Además, añade el informe, «hasta que los afganos desarrollen sus propias capacidades» la Alianza seguirá realizando «operaciones de combate donde y cuando sea necesario, hombro con hombro con las fuerzas afganas». Eso, además de los 1.000 millones de dólares solicitados por Estados Unidos para el mantenimiento de las fuerzas afganas.

Los aliados están haciendo especial hincapié, de cara a ese cambio de escenario, en el entrenamiento de policías y militares locales. El Ejército afgano tiene en la actualidad 176.350 efectivos y la Policía afgana más de 143.000, aunque la OTAN y el Gobierno de Kabul esperan elevar el número total a finales de este año hasta los 352.000. Esa cifra, según explicó el ministro de Defensa francés, Gérard Longuet, el pasado 3 de febrero, podría reducirse hasta 230.000 efectivos en un plazo mayor. Hasta el momento, según los cálculos de fuentes militares y de la OTAN consultadas por este periódico, entre 20.000 y 25.000 soldados y policías han abandonado las fuerzas de seguridad hasta el momento. De esos, es prácticamente imposible saber cuántos han desertado para integrarse en las filas talibanes, aunque las fuentes militares consultadas consideran que la mayor parte de ellos simplemente desertan por cuestiones ajenas a la guerra que se libra en Afganistán. En un país desestructurado, en el que no hay casi ninguna conexión entre una ciudad y otra, y cuyo pueblo tiene un fuerte arraigo familiar, cualquier traslado forzoso a una ciudad que no es la propia genera en muchos de los «reclutas» la desazón suficiente como para abandonar las filas y quedarse en su pueblo. Un traslado de una provincia a otra puede suponer que el sujeto tarde en regresar a su casa días. Por eso, muchas de las deserciones se producen durante permisos o vacaciones. Se marchan de descanso y ya no vuelven. Los militares y policías son reclutados en todo el país e instruidos en su fase inicial en Kabul. De ahí son desplegados en las diferentes provincias donde concluyen su formación con tropas extranjeras, con las que patrullan y realizan misiones de todo tipo. Es en esta etapa donde se han producido los ataques contra instructores que han sufrido países como España, Francia o Reino Unido. El problema, subrayan las fuentes militares, es que esos desertores se vean seducidos por los talibanes. Han sido entrenados por tropas internacionales que han certificado su validez y ese entrenamiento puede volverse en su contra.

La perspectiva de una retirada ha alentado a los talibanes a mostrar su fuerza, no tanto de cara a las tropas internacionales sino a la propia población afgana, lanzándoles el mensaje de que cuando los «invasores» se marchen, ellos seguirán allí. Ese miedo a los talibanes, o simplemente una «paga» especial, puede llevar a un desertor a engrosar las filas del enemigo. Un riesgo hoy multiplicado por  más de 20.000.
 

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