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El rito del recuerdo por Antonio PÉREZ HENARES

El rito del recuerdo, por Antonio PÉREZ HENARES
El rito del recuerdo, por Antonio PÉREZ HENARESlarazon

El paso repetido se convierte en sendero. El rito es el sendero. El mío, al llegar al Enebral, es el saludo con los montes, los labrantíos y los bosques. El encuentro con los árboles jóvenes que uno mismo plantó y con las viejas encinas que le vieron llegar. Y descollando sobre los matorrales y los enebros, la más centenaria sabina bajo la que reposa para siempre mi buen Lord. Allí subo al atardecer, tras remontar antes un poco más, hasta el Mirador de las Grullas, que domina el otero y desde donde espero en otoño ver sus bandadas bajar hacia el sur.Ahora no hay trompeteos en los cielos, sino el zureo de la tórtola cobijada del bochorno en el frescor de una hondonada. Le pongo al viejo compañero una ramita de romero y me siento a su lado, buscando la compañía que me falta y pienso en los pasados.El pasado existió, pero ya no existe, ya no es. El recuerdo sí y es nuestro. Por ello mejor abrazarlo y buscar su caricia en vez de intentar rehuirlo. Porque si de algo no podemos huir es de él. Inevitablemente nos alcanza y siempre nos encuentra. Ni lo huyo ni lo enfrento. Y al darse cuenta de que no hay rechazo también se va. Y en el rito del recuerdo me voy, hacia la charca del barranco, a aguardar que salgan las estrellas. Porque hoy no asomará la luna ni el jabalí vendrá.P. D. Las estrellas estuvieron todas, el silencio me cobijó en su vientre sereno y una brisa leve me regaló su mejor y fresco aliento. Esperé hasta muy tarde por si se equivocaba una raja de luna, pero tampoco se equivocó el jabalí. Decidí, para completar el sendero del recuerdo, dormir en la hamaca, que un día ya lejano traje de unos Roques venezolanos, en el porche, bajo el suave resplandor de las lamparillas del universo hasta que me despertara el relente de la amanecida y el sol comenzara a hacer guiños al asomarse por la Sierra de Altomir.