El «comando Madrid»nacidos para matar

Durante 1986, el «talde» de Troitiño aterrorizó a la capital con atentados sangrientos con coches bomba

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MADRID- Alberto estaba preocupado. Se lo dijo a su madre después del atentado en la plaza de la República Argentina en Madrid en septiembre de 1985. Se había cansado de recoger cadáveres, restos de sangre, compañeros muertos por nada. «Mamá, voy a ser el siguiente, las cosas por aquí están díficiles».

Pero 1986 iba a ser peor. Madrid despertaba de la movida y disfrutaba de la Quinta del Buitre. Era un Madrid, además, donde De Juana, Troitiño, Soares Gamboa y López Riaño se movían como personas sin huellas. Ellos, que tenían en común el impulso asesino y la conciencia silenciosa, habían formado en marzo el nuevo «comando Madrid». La estructura informativa de la capital estaba formada, «sólo» tenían que dedicarse a matar. Un día, De Juana preguntó a Soares Gamboa si recordaba el microbús de la Guardia Civil que iba por Juan Bravo. Sí, lo recordaba.

El 25 de abril, a las seis de la mañana, Iñaki de Juana e Idoa aparcaron un Seat 124 lleno de explosivos junto al hospital Nuestra Señora del Rosario. Una hora después, Troitiño y Soares Gamboa llegaron a un parque cercano, mientras en un quirófano del hospital Teresa daba luz a dos mellizos, Mauricio, de 2,8 kilógramos y Enrique, de más de 3. Teresa subía a su habitación, medio anestesiada, con los niños y su marido, mientras Troitiño veía el Land Rover de la Guardia Civil parado en un semáforo. Cambió a verde, se acercó al Seat y apretó el botón. «Vi una llamarada y, luego, un trueno seco, enorme», contaban los testigos. Cinco agentes de la Guardia Civil murieron: Alberto Alonso Gómez, el que se había cansado de recoger cadáveres, Vicente Javier Domínguez, Juan José Catón Vázquez, Juan Mateos Pulido y Alberto Alonso Gómez. El quirófano de Teresa quedó destrozado.

Desde ese atentado, la presión sobre las Fuerzas de Seguridad del Estado fue insostenible. Un grupo de terroristas se movía por Madrid y no se sabía cómo pararlos. El miedo era un acompañante más de los guardias civiles cuando viajaban en autobuses, juntos, como presas enjauladas: «Unos metros antes de llegar al túnel que había en la carretera de Extremadura, se hacía el silencio», cuenta Santiago Busque, un guardia civil que iba en el autobús que atravesaba Repúbica Dominicana. «Las conversaciones y las bromas se cortaban, enmudecían a la entrada de aquel túnel. Era un callejón sin salida. Comentábamos lo fácil que lo tenían en ese punto». Al salir, suspiraban. «Un día más».

Los servicios de Información se patearon Madrid, buscaron entre los 100.000 vascos de la capital, rastrearon en las casas alquiladas, preguntaron a los vecinos. Pero los terroristas se sentía fuertes: el 17 de junio mataron al comandante Ynestrillas, al teniente coronel Vesteiro y al soldado Francisco Casillas Martín en su vehículo oficial. Pero sólo era un adelanto.

Cambio de asiento
«Había quejas porque siempre hacíamos el mismo recorrido». Era la mañana del 14 de julio. Santiago Busque entró en el autobús por la puerta trasera, cambió su sitio de siempre y se sentó con el «gallego». Mientras, Idoa aparcaba una furgoneta y Troitiño esperaba cerca. Avistó que el autobús Pegaso, el de Busque, giraba en República Dominicana, cogía Costa Rica y pasaba junto a la furgoneta. El botón y el dedo, otra vez.

Un testigo creyó que se había caído un edificio. Fue peor: murieron 12 agentes. «Mi compañero y el que compartía aquel día con él el asiento que siempre ocupaba yo murieron», recuerda Busque. Para el «comando Madrid» no parecía suficiente: antes de que acabara el mes atacaron el Ministerio de Defensa con granadas anticarro. Después Soares Gamboa e Idoa se fueron de Madrid y las Fuerzas de Seguridad del Estado comenzaron a tener éxito. Con cámaras en los aparcamientos y con papeles recogidos en otras operaciones contra ETA, cercaron al comando. El 16 de enero de 1987 detenían en un piso de la calle Río Ulloa a miembros del aparato logístico y a Antonio Troitiño e Iñaki de Juana Chaos. Éste, según sigue contando Xiana Siccardi en el libro «España negra», tenía una pistola al lado. «¿No la coges?», le dijeron. «Soy etarra, no gilipollas. Quiero ver cómo termina esta guerra».


El núcleo duro del terror
Iñaki de Juana Chaos
Responsable del «comando Madrid», ordenó algunas de las acciones más sangrientas de ETA en la capital. En la actualidad está huido de la Justicia.
J. M. Soares Gamboa
Uno de los etarras más sanguinarios. Asesinó a 29 personas y, en 1995, pidió perdón por sus crímenes. Tras su paso por prisión, está en libertad.
Idoia López Riaño
Indisciplinada y preocupada por su físico, cometió 23 asesinatos. Cumple 2.000 años de condena a contar desde 2001, cuando fue extraditada desde Francia.


Explosivo para un atentado a gran escala
500 kilos de explosivos
- Utilizó la banda terrorista para volar la T-4 de Barajas.
1.000 kilos almacenados
- Tenían 800 kilos de nitrato amónico, 13,5 de pentrita y 100 de combustible.