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Nati Abascal emula a Cruella de Vil por Jesús Mariñas

La Razón
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En el Festival de Cine de San Sebastián unieron novedad y tradición en lo que parece un justo equilibrio. Me pregunto qué pensaría José Sacristán al verse emparejado con la intérprete Macarena García en la categoría de mejor actor y actriz, respectivamente. Ella es la protagonista de la cautivadora «Blancanieves», una de las tres cintas realizadas últimamente sobre este cuento, incluida la de Julia Roberts. Macarena, recién llegada, arrasa con su primer papel importante y se consagra por su frescura interpretativa, que va más allá de la pantalla, como pudo verse al recibir el premio «ex aequo». Recuerda a la Leslie Caron de «Lili» o a la Audrey Hepburn de «Vacaciones en Roma». Transmite una idéntica ingenuidad comunicadora en nuestra película aspirante a los Oscar.

Fue llegar y besar el santo. Macarena se encuentra en estado de gracia y, por eso, San Sebastián equiparó la suya a la exhaustiva carrera de José Sacristán, de la misma manera que los premios de Hollywood igualaron a Penélope con míticas interpretaciones cuando la premiaron por «Vicky, Cristina, Barcelona», aunque ésta no hizo historia, a diferencia de Bette Davis en «Jezabel», Katherine Hepburn en «El león en invierno», Liz Taylor en «¿Quién teme a Virginia Wolf?» –cualquier parecido con la propuesta teatral de Carmen Machi es pura coincidencia– y Liza Minnelli en «Cabaret». Fueron actuaciones que se transformaron en mitos de la interpretación al aire de Vivien Leigh en «Lo que el viento se llevó», Jane Wyman en «Belinda», Meryl Streep en «La decisión de Sofía», la exquisita Diane Keaton en «Annie Hall» y ya no hablemos de Glenda Jackson, premiada por su actuación en «Mujeres enamoradas» y «Un toque de distinción», ambos papeles tan opuestos. De Jackson prefirieron su labor teatral aunque escupa al hablar; me salpicó en la obra de «Rose» que realizó en Londres.

Infiel a Valentino
Y hablando de Blancanieves, algo de madrastra tuvo Nati Abascal en su «reentré» neoyorquina en un homenaje que hicieron a Valentino en el New York City Ballet, donde se emparejó, es un decir, a Sarah Jessica Parker, a quien no veo como inspiración del modista italiano, que parece perdido o más bien confundido por sus actuales amistades, entre las que la actriz de «Sexo en Nueva York» no da la talla.

Nati asistió vestida con un ceñido traje negro de Etro, que siempre busca la inspiración en Ibiza. Sorprendió por su estudiada sofisticación, aunque el modelo la convertía en la más mala de la película, casi como una Cruella de Vil. Pero ¿por qué se presentó con un diseño de Etro en un homenaje a Valentino y, encima, unida a Carlos Souza, que fue todo en la vida del italiano? Da para malpensar.