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El militar se encuentra fuera de peligro

Un soldado español herido y siete talibanes muertos en un combate

Las tropas españolas lucharon de manera intermitente durante once horas

 

  • Un paracaidista español herido en Afganistán
    Un paracaidista español herido en Afganistán
  • Imagen del contingente español en Afganistán
    Imagen del contingente español en Afganistán
Qala-i-Now.

Tiempo de lectura 4 min.

29 de agosto de 2012. 13:55h

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Qala-i-Now. 29/8/2012

A las cuatro de la mañana (hora local), la 13ª compañía paracaidista de la III Bandera daba inicio a una operación de reconocimiento al norte de la base avanzada de Ludina. El objetivo era analizar los riesgos de la zona para intentar reiniciar las obras de gravelado de la carretera que une Qala-i-Now con Bala Murghab, al norte de la provincia de Badghis, tras el parón producido por el Ramadán. Una hora después de comenzar la patrulla, los efectivos españoles, unos cien, sorprendieron a un grupo de insurgentes en el camino que tenían que reconocer. Los militares españoles tomaron posiciones mientras los talibanes corrían y comenzaba así un enfrentamiento que se prolongaría, de modo intermitente, hasta once horas después, cuando el convoy regresaba a la base avanzada.

La táctica habitual de los talibanes en este tipo de ataques consiste en lanzar una o varias ráfagas de ametralladora y Kalashnikov, y una vez que lo han hecho cogen sus motocicletas y huyen para volver poco después a atacar desde otra posición. La potencia de fuego que despliegan las tropas españolas hace que los insurgentes eviten la mayoría de las veces un enfrentamiento directo prolongado. La mañana siguió esa tónica. Hacia las 10:30 (las 8:00 hora española), la compañía realizaba una patrulla a pie por la misma ruta cuando los talibanes lanzaron otro ataque. En éste, el caballero legionario paracaidista J. F. F., de 27 años y natural de Albacete, resultó herido en ambas piernas mientras patrullaban a pie. El disparo entró por su muslo izquierdo, salió por la parte interior y rozó su pierna derecha. La patrulla respondió al ataque con sus fusiles y con armamento pesado y morteros para continuar con su operación y dar seguridad a la evacuación del herido. En todo momento, los efectivos españoles mantuvieron sus posiciones tratando de hacer retroceder a los insurgentes, que insistían cada poco en lanzar hostigamientos. Esta persistencia llevó al jefe de la compañía a solicitar al mando de la OTAN en Afganistán apoyo aéreo. Con éste y la acción de los propios soldados españoles se produjeron en las filas enemigas un total de siete u ocho muertos.

Los talibanes, pese a la contundencia y la fuerza demostrada por los paracaidistas, siguieron realizando hostigamientos cuando la patrulla se retiraba tras haber completado su misión y sabiendo ya que el paracaidista herido se encontraba fuera de peligro. La bala no impactó en ningún hueso ni arteria. Al mismo tiempo, a unos kilómetros de allí y cerca de otra posición española, la de Moqur, los insurgentes lanzaban otro ataque contra uno de los puestos del Ejército afgano, pequeños fortines instalados habitualmente en lomas, desde los que vigilan las únicas carreteras «decentes» de la provincia. Al recibir la alerta en la base avanzada de Moqur, el jefe de la compañía allí destacada lanzó una unidad de reacción rápida para apoyar a los militares afganos que estaban siendo asediados. Mientras, el equipo de guiado del apoyo aéreo condujo a los cazabombarderos aliados desde la propia base de Moqur. La aparición de la aviación hizo huir a los talibanes, que ya habían causado una baja y un herido entre los militares afganos.

 

Fiebre  guerrera talibán tras el Ramadán
Los paracaidistas españoles han sufrido en los últimos días constantes ataques, bien con fuego de fusilería o con artefactos explosivos improvisados. Desde el pasado jueves, el contingente ha sufrido un total de ocho ataques. La preparación y los vehículos que utilizan han salvado a las tropas de más disgustos. Pero ¿por qué los talibanes están tan agresivos? Primero, porque tras el Ramadán están dando un «do de pecho» que se prolongará hasta la llegada de las primeras nieves. Lo segundo, porque los paracaidistas hacen sus patrullas a fondo, yendo mucho más allá de la carretera principal, en valles y pueblos perdidos, con el riesgo que eso conlleva. Y tercero, porque las zonas en las que se mueven las compañías de combate son cada vez más territorio hostil.
 

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