Pekín

Cambio en China por Cástor Díaz Barrado

La Razón
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L que sucede en China tiene, cada vez más, una mayor repercusión en la escena internacional. No estamos en presencia de un Estado aislado, sino plenamente integrado en el concierto internacional. Cualquier acontecimiento que tenga que ver con el país más poblado del planeta, que además goza de un poder político, económico y militar muy relevante, se deja sentir en todas las cancillerías e interesa al conjunto de la comunidad internacional. Si, finalmente, aunque a través de un proceso lento, China llegase a convertirse en un estado en el que imperase un régimen democrático, asistiríamos a una de las más significativas transformaciones del siglo XXI. Con ello, todos los miembros del Consejo de Seguridad habrían adoptado la democracia como régimen político, lo que supondría la consolidación de una legitimidad democrática en orden internacional que, con seguridad, no sólo facilitaría los procesos de transformación en otros estados sino que, al mismo tiempo, permitiría la adopción de decisiones a nivel mundial en asuntos que nos interesan a todos. Es muy posible que tengamos que esperar todavía algún tiempo antes de que ello suceda, pero un camino seguro que deberían seguir las autoridades chinas sería el que los llevase al establecimiento de un régimen democrático. En el plano interno, los recientes acontecimientos en torno a la eventual acumulación de riqueza por parte de la familia del primer ministro chino, Wen Jiabao, muestran una evolución que va desde la prohibición de ofrecer noticias en relación con esta cuestión hasta un cierto interés que se expresa en la sociedad china por que se aclaren las informaciones que han sido difundidas. Ello prueba quizá que nos encontramos en una fase de transición en la que, aunque con dificultades, se vaya abriendo camino la libertad de expresión. No obstante, será en el plano internacional en el que se demuestre si China está decidida a aportar cambios innovadores en las actuales relaciones internacionales. Todo estado es libre de elegir a sus socios, pero también es verdad que las afinidades políticas e ideológicas pueden ir cambiando y que la «modificación» ideológica en China arrastraría a un número de estados hacia otras posiciones. No se corresponde con la realidad de las actuales relaciones internacionales la defensa incondicional del régimen de Corea del Norte ni tampoco la voluntad de mantener al actual régimen sirio. Si algo distingue a las autoridades chinas es su capacidad de diálogo que ha permitido al país no sólo, en función de su poder político y económico, ocupar uno de los lugares centrales en el reparto del poder mundial. La apertura democrática decidida por Pekín sería sumamente beneficiosa para la economía china y para la sociedad de este país y tendría un impacto sobresaliente en la comunidad internacional.