Historia

La Paz

Un remanso de paz

María de Villota, heroica y renacida, ya no podrá ser piloto de F-1, pero luchará por que una mujer lo consiga

Carlos Sainz saluda a María de Villota en presencia de Miguel Cardenal, presidente del CSD
Carlos Sainz saluda a María de Villota en presencia de Miguel Cardenal, presidente del CSDlarazon

Madrid- La primera vez que se vio al espejo pensó que quién la iba a querer así. Con el tiempo, no le hizo falta mucho, el cariño demostrado –si es posible expresarlo de forma tangible– «ha cubierto ya lo que hubiera cubierto toda una vida». Y ayer, en su primera aparición pública, María de Villora, piloto de Fórmula Uno, aunque ya no pueda serlo más porque perdió el ojo derecho en el accidente del aeródromo de Duxford, pudo comprobar todo el cariño que se siente por ella en una sala abarrotada del Consejo Superior de Deportes, donde la acompañaron sus padres; Carlos Sainz padre e hijo, Theresa Zabell, y estuvo flanqueada por el presidente del CSD, Miguel Cardenal, el presidente de la Federación de Automovilismo, Carlos Gracia, y el cirujano plástico de La Paz que la está tratando, el doctor César Casado.

De las causas de su accidente, por el que sigue abierta una investigación más de tres meses después, «no se podía ni debía hablar», pero tampoco era la preferencia de María de Villota, sino compartir la humanidad de este pasaje de su vida, del que dice que saca cosas buenas y la lección de vida de que «lo mejor está por venir, porque estoy viva».

Así, en un remanso de paz, De Villota compartió dos momentos claves. Cuando despertó y el médico la comunicó que le habían salvado la vida, pero había perdido un ojo. «Necesito los dos para conducir, como usted dos manos para operar. Luego ves los ojos de tu familia, que te ven con ojos de milagro. Y vas viendo con claridad que estás viva. Sólo vivía para la Fórmula Uno y este ojo me ha devuelto el norte. Ahora veo más porque veo cosas que no veía». El otro duro momento fue cuando se miró en el espejo por primera vez, aterrada, pero cuando vio lo que su madre, «que es guapísima», estaba «sufriendo» por ella, se dirigió a su imagen y soltó: «Quita bicho», y su madre sonrió. «Las cicatrices se irán cubriendo y esta nueva oportunidad la voy a vivir al cien por cien», relató.

Le quedan operaciones pendientes; luego su vida la repartirá en «tres bandos»: «El del motor» (seguirá con su escuela, lo segundo más gratificante para ella después de estar a los mandos); «el bando de los enfermos», por los que quieren hacer algo (como en la Unidad de Quemados); y «el de la mujer»: «Ahora sí tengo un impedimento físico para coger un coche, pero quiero que alguien coja el relevo». «Hay vida más allá de la Fórmula Uno», sentenció ante la admiración unánime.
 

Secuelas permanentes
1. Psicológicas
Las secuelas que le quedarán permanentes, que no son susceptibles de corrección, «preocupan» al doctor Casado porque pueden conducir a «algo psicológico», ya que le recordarán el accidente.
2. Ausencia de olfato
María de Villota ha perdido el sentido del olfato y, por ende, en parte, el del gusto.
3. Diversas fracturas
Craneales, faciales y orbitales, en las que ha perdido masa ósea y tejido blando. Tiene limitación de la apertura bucal, del movimiento de la frente, dolores de cabeza, nervios faciales afectados...