Berlín

Billy Bob Thornton padre no hay más que uno

Billy Bob Thornton padre no hay más que uno
Billy Bob Thornton padre no hay más que unolarazon

BERLÍN- Por poco no coincide con su ex por los pasillos del hotel Hyatt berlinés, aunque dejó claro para los cotillas que mantiene con Angelina Jolie «una buena amistad», y que probablemente se verían un rato ayer por la tarde, cuando pudieran cuadrar sus ocupadas agendas. Billy Bob Thornton estaba pletórico: su tercera película como director, «Jayne Mansfield's Car», concursa en la Berlinale, y parece que esta vez la ha hecho sin sufrir las presiones y remontajes que la Miramax impuso en su versión de «All the Pretty Horses». «Mi padre era un irlandés autoritario. Era un veterano de la guerra de Corea con el que creo no haber tenido nunca ni una sola conversación», explicó. «Le gustaba llevarnos, a mi hermano y a mí, a ver accidentes de coche. Se quedaba allí, fumando sus Lucky Strike, durante dos horas, y nos preguntábamos qué diablos hacíamos en ese lugar. Era su manera de comunicarse con nosotros».

Una familia sureña
Relajado, con una sonrisa de oreja a oreja, evocaba la figura paterna como inspiración del patriarca insensible que interpreta Robert Duvall en «Jayne Mansfield's Car», una película sobre «el romanticismo de la tragedia» que toma los conflictos de una familia sureña con su pasado –y en especial, con las huellas de la guerra– como pretexto para hacer un elogio del perdón y la reconciliación. El filme de Thornton tiene ínfulas de gran novela americana, personajes excéntricos, un tono entre cómico y funerario y un plantel de actores irreprochable (a Duvall se le añaden John Hurt, Kevin Bacon, Robert Patrick y el propio Thornton). Sin embargo, da la impresión, de que su fresco familiar –que reúne a la rama británica de la saga con la sureña, con el inevitable choque de culturas servido en caliente– esconde una acérrima defensa de la institución como cemento que une un montón de vidas desgarradas, y que, en definitiva, resulta mucho más sentimental y convencional de lo que le gustaría admitir. Ambientada en plena efervescencia del movimiento hippie, la película retrata una familia que parece indemne al paso del tiempo, como un monolito que sólo se tambalea cuando el pater familias toma por accidente una dosis de LSD. Thornton muestra una cierta sensibilidad en los momentos intimistas, pero fracasa cuando les busca un marco histórico que hable de tres generaciones marcadas por la guerra.

Ladrón de turistas
La sorpresa del día llegó de la mano de la suiza «L'enfant d'en haut». La película cuenta la singular relación entre un niño de doce años, que dedica todo su tiempo a robar a los turistas de una estación de esquí y a revender a buen precio todo lo que pilla, y su hermana mayor, que salta de novio en novio para aliviar su desesperación. Si nos dijeran que la han dirigido los Dardenne, nos lo creeríamos: aunque está menos pendiente de renovar las formas del cine social que «Rosetta» o «El niño», sus personajes también intentan compensar sus carencias emocionales buscando referencias en un mundo que se niega a abrazarles. Ursula Meier vuelve a explorar los espacios desolados de su ópera prima, «Home» –los arcenes de carretera, los aparcamientos–, para convertirlos en un reflejo de la devastación moral de sus criaturas.

A mitad de «L'enfant d'en haut», y se muestra un secreto que arroja una nueva luz sobre la trama. La película desvela lo que tenía de enfermiza la relación entre sus protagonistas, y la sorpresa quizá demuestra que Meier ha tenido miedo de profundizar en las sombras del incesto de un vínculo familiar en el que el cariño siempre se compra con dinero.

 

El menú lo sirve Aduriz
La Berlinale invitó ayer a degustar la cocina vasca a través del documental «Mugaritz B.S.O.», proyectado dentro de la sección «Cine culinario», y un menú ofrecido por el chef Andoni Luis Aduriz. «Para mí "Mugaritz B.S.O."es una película de aventuras, de cómo una serie de gente se dedica a crear unos platos de cocina», declaró.