Ciclismo

Todo para Lastras

Cruzó la meta Pablo Lastras y se llevó a la boca la cadena que lleva colgada al cuello, se santiguó, comenzó a contar: uno, dos, tres, levantó los brazos al cielo y se llevó la mano al corazón. El «Pencas» era un enredo de emociones, de recuerdos. Se acordó de Wouter Weylandt, fallecido en el Giro, de su compañero Mauricio Soler, que todavía se intenta recuperar de una caída en la Vuelta a Suiza

Lastras dedica la victoria en Totana a Xavi Tondo y a su madre
Lastras dedica la victoria en Totana a Xavi Tondo y a su madre

Pero había dos recuerdos más fuertes. «Los brazos al cielo eran para Xavi Tondo», explicó. Para el compañero, el amigo que perdió la vida en Sierra Nevada, donde hoy termina la etapa, mientras Pablo intentaba ganar en el Giro su segunda etapa diez años después de haber ganado la primera. «Besarme las pulseras y llevarme el puño al corazón es un gesto especial para mí y para la gente que me quiere», añadió.

Un gesto para su madre, porque fue ella la que le convenció, en sus peores momentos sobre la bicicleta, de que debía continuar, de que esas piernas guardaban muchas victorias. Como la de ayer en la meta de Totana, como la que consiguió en el Tour de 2003 en el día del cumpleaños de su madre, fallecida cuatro meses antes. «Soy fuerte porque he visto a mi madre luchar», dijo entonces.

Y sigue siendo fuerte. Ayer se marchó escapado desde temprano, con buenos compañeros, como Sylvain Chavanel y Markel Irizar, además del ruso Pydgorny y Edet, que fue el primero en descolgarse. Lastras atacó en la subida al último puerto. «Era el momento, no podía esperar», dijo. Y después comenzó su carrera en solitario contra los tres «compañeros» de escapada que le aguantaban por detrás. Veinticinco segundos llegó a sacar en el descenso. Una ventaja que en el llano comenzó a menguar hasta que Chavanel se cansó de convertir la etapa en una pelea entre Lastras y él de la que se iban a aprovechar otros. El francés, Irizar y Pydgorny comenzaron a vigilarse, a mirar a los lados y a olvidarse de que Lastras marchaba por delante. Llegó a la meta con quince segundos de ventaja y se lo llevó todo. La etapa, el maillot rojo de líder, el de lunares de la montaña, el verde de la general por puntos y el blanco de la combinada. Además, hizo al Movistar líder de la general por equipos. Sólo él subió al podio, aunque iba cambiando de maillot y de azafatas. «Pablo sabe elegir el momento», dijo su mánager, Eusebio Unzúe. «La victoria ha sido un poco de pizarra», aclaró Lastras. «Me he planteado la etapa como una clásica. Mañana perderé 30 minutos, pero me da igual, el día era hoy», añadió.

Mañana es hoy, el día de la llegada a Sierra Nevada, el primer momento en el que los favoritos deben asomar la cabeza. La montaña llega muy pronto, en la cuarta etapa, aunque para algunos ya es demasiado tarde. Menchov volvió a rezagarse ayer. Entró a 3:06 y ya está a 4:01 de Lastras. «Estamos expectantes», explica Igor González de Galdeano, el mánager del Euskaltel.
«Hace mucho calor y Sierra Nevada es un puerto muy tendido. Puede que haya diferencias o que lleguen 40 al esprint», afirma. El Euskaltel está muy pendiente de su líder, de Igor Antón. Igor está muy pendiente del sol que castiga al pelotón en los primeros días y que ayer le hizo llegar agotado, con la marca del esfuerzo en la cara. «Si hace este calor es muy difícil que se mueva nadie», aclara Unzúe.