Lola Herrera también emociona en comedia por Jesús MARIÑAS

La expectación de su vuelta acabó con ovaciones y entusiasmo desatado durante el estreno en Madrid de «Querida Matilde», la obra que protagoniza Lola Herrera, en la que estuvo arropada por numerosos compañeros. Entre ellos, Carmen Maura, con incontenibles lágrimas, y Tina Sainz, que se arrodilló ante Lola para mostrar así el debido respeto a tan magistral amiga. Hubo un tiempo en que eran inseparables con Vicente Parra como lazo de unión. Lola Herrera es símbolo de calidad escénica y en este nuevo espectáculo tiene como aval el talento de Antonio Albert, encargado de adaptar junto al director Juan Luis Iborra la obra original de Israel Horovitz. El alicantino Iborra no puede dejar el Festival de Cine de L'alfàs del Pi, que se aproxima a sus bodas de plata. «No me dejan cesar aunque creo haber cumplido», explicaba ante Raúl Sénder, que se muestra reacio a volver a escena. Más dispuesto a reaparecer vi al magnífico Juanjo Puigcorbé, una especie de Cary Grant español a quien sólo se le aproxima Luis Merlo.
 
Lo de un Paco León que desternillaba, no resulta tan sofisticado como esta alta comedia que magnifica más a Lola. Lina Morgan la siguió feliz desde el que es su «palco vitalicio» del madrileño Teatro La Latina, que siempre será suyo por más que la haya vendido. Cierta nostalgia de la cómica todavía domina el último reducto de lo que fueron magníficos musicales en los que siempre apareció «emocionada y agradecida». Las mismas emociones que propicia el retorno de Herrera a este escenario. Porque antes los distintos locales tenían clientela y actores que ejercían casi titularidad sobre el «tablado» –como Isabel Garcés en el Infanta Isabel–, pero ahora se trata ya de una costumbre perdida. Arturo Fernández ya no es habitual del Teatro Reina ni Lola deslumbra en el Lara y la clientela se ve obligada a cambiar de espacios si quieren seguir a sus figuras.

Lo de Lola y su albergue actual dicen que durará al menos un par de temporadas. No calculan mal a juzgar por el pasmo que despierta su exquisito trabajo: flexible, inteligente... pura maestría en el gesto. Desde los tiempos como pareja fiel de su íntimo Vicente Parra –al que Lola no deja de añorar–, siempre mostró buenas maneras para una comedia que hoy ya merece el calificativo de alta. Su feminidad cálida y cercana le permite interpretar a cualquier tipo de mujer, desde el patetismo de la protagonista de «Solas» –obra en la que formó dúo junto a su hija Natalia– a la comedia que ahora representa.

Lección magistral sobre las tablas, con la que refrenda la profesionalidad de esta actriz que, para deslumbrar, no precisa a Carmen Sotillo, su personaje en «Cinco horas con mario». No se pierdan este alarde de ductilidad, ya escasean.