Rajoy redobla su presión sobre el BCE ante los líderes de la UE

MADRID- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llevará este miércoles a Bruselas su exigencia de un cambio en el papel del Banco Central Europeo (BCE) en la gestión de la crisis financiera. Moncloa cree que sin su intervención, directa o indirecta, será imposible contener la presión de la prima de riesgo y la espiral alcista de la rentabilidad de los bonos, y sin esa estabilidad el Gobierno tendrá muy difícil conseguir que sus reformas estructurales empiecen a dar frutos. Además del coste inasumible de los vencimientos. Este posicionamiento en favor de medidas en apoyo de la deuda lo defenderá en la cumbre extraordinaria que ha convocado para mañana el presidente del Parlamento Europeo, Herman Van Rompuy, para hablar del futuro de la eurozona. El problema es que el BCE no se fía de España (teme que haya más «Bankias») y de la mano de Alemania presiona para que haya más transparencia y más reformas.

Ayer, con la prima de riesgo en 485 puntos, Rajoy reclamó en Chicago una solución urgente en apoyo de la deuda soberana y para rebajar el coste de su financiación. «Lo importante y lo urgente es garantizar la estabilidad financiera y la sostenibilidad de la deuda», aseguró sin citar expresamente al BCE. Poco después, el presidente de EE UU, Barack Obama, pedía al BCE que compre deuda de España e Italia y que se impulse una política monetaria activa que ayude a los países de la eurozona que han puesto en práctica «objetivos y políticas muy duras» para cumplir con la disciplina fiscal.

En su ofensiva europea, Rajoy no romperá su alineamiento con las políticas de austeridad de la canciller alemana, Angela Merkel, pero sí se posicionará claramente en algunos de los puntos más conflictivos, como la política de liquidez y de inyección financiera. Con Merkel, entonces, en su planteamiento de que el camino para lograr el crecimiento pasa por la reducción del déficit público y las reformas estructurales. «Mientras se mantenga el calendario y el Pacto Fiscal siga siendo el que es, nuestra obligación es ratificarnos en nuestros compromisos. Creemos en la austeridad y en que el crecimiento no se consigue por la vía del endeudamiento. Pero es que, además, cualquier duda al respecto sería mortal en los mercados y entre los inversores», sostienen en Moncloa. Por tanto, Rajoy se llevará también a Bruselas, y a la «cumbre del crecimiento» de Roma, su discurso de que España sigue dispuesta a hacer más sacrificios y ajustes, a cambio de ese apoyo a la estabilidad de la deuda soberana. En el Gobierno señalan que de lo que haga el BCE depende el futuro de nuestros bancos. O, dicho de otra manera, si el BCE «no nos echa una mano al cuello» no tendrán que acudir al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Pero oficiosamente esa posibilidad no se descarta categóricamente, ya que dependerá, asimismo, del informe de los dos evaluadores independientes fichados por el Ministerio de Economía –Roland Berger y Oliver Wyman– y, por supuesto, de las necesidades de recapitalización de nuestros bancos. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera no ha llegado a su pleno funcionamiento, pero los países de la eurozona han decidido adelantar a julio la entrada en vigor de su sucesor, el Mecanismo Europeo de Estabilidad.

Por cierto, esta última semana de tensión ha llevado al Gobierno a revisar el alcance de nuestra diplomacia y a plantearse si están jugando con suficiente fuerza la carta de las consecuencias de una caída de España para el conjunto europeo. «Sería el fin del euro; sentaría un precedente para otros países en una situación de inestabilidad y tendría durísimas consecuencias políticas, sociales y económicas», recuerdan en Moncloa.

 

Diez semanas sin comprar bonos de la UE
El Banco Central Europeo (BCE) ha cumplido ya diez semanas consecutivas sin comprar bonos soberanos de los países de la eurozona. Su inacción ha hecho aumentar la presión sobre la prima de riesgo de la deuda italiana y la española, hasta niveles récord desde la entrada de la moneda única. El importe invertido a través del programa de compra de deuda en los mercados secundarios se ha reducido hasta 212.000 millones de euros.