Presidente a su estilo

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Sin hacer ruido y sin soltar prenda. Trabajando con discreción, sin que se le suba a la cabeza. En sus primeros días como presidente «in pectore», Mariano Rajoy no cambia su manera de hacer política. Entre felicitaciones de mandatarios extranjeros y otras de los nuevos «marianistas» de pedigrí, el líder del PP no filtra un solo nombre y se dedica a tres cosas: averiguar el estado de las cuentas públicas para ejecutar sus reformas, perfilar la estructura de su nuevo gobierno, con carteras reducidas, y preparar el discurso de investidura que le llevará de inmediato a La Moncloa.
Bajo el lema de campaña «gobernar para todos», Rajoy maneja los tiempos a su modo. Algo de risa debe provocarle la lista de aspirantes a ministros que se pasean a diario por los medios informativos. Con su habitual templanza, ni se inmuta. Solo la eficaz Soraya despacha con el jefe la evolución del traspaso de poderes. La hasta ahora portavoz en el Congreso conoce muy bien las claves de la pasada legislatura, lo que le otorga una solidez indiscutible en las reuniones con Ramón Jáuregui. Un gran acierto de Rajoy, que no da puntada sin hilo y actúa ajeno a presiones de ningún tipo. A él le informan, pero no le condicionan. Con el empleo y la economía prioritarios, en su despacho mantiene incesantes reuniones. Algunas, conocidas, como las de primeras figuras del sector financiero, Rato, Fainé o González. Otras, más reservadas, siempre con el objetivo de sacar a España del negro túnel y con generosidad de miras. He ahí su encuentro con Zapatero, para afianzar la posición de España ante Bruselas. A Mariano, todo esto no le es ajeno. Ha pisado la moqueta del Consejo de Ministros muchas veces y conoce bien los legajos de la Administración. Es y será un presidente fiel a su estilo.