Las mujeres al poder por Julián García Candau

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Los Juegos Olímpicos de Londres deberían tener como eslogan «las mujeres al poder». Ello tiene diversos motivos. Por una parte, han aumentado las pruebas para ellas, como son los casos del waterpolo y el boxeo, aunque de éste habría que hablar aparte, porque tal vez sea derrota feminista. Han participado más mujeres musulmanas que nunca y las competidoras españolas han salido al rescate de los hombres.

El deporte femenino tardó en entrar en los Juegos y ya ha sucedido el hecho impensable de que la delegación de Estados Unidos haya acudido con más mujeres que hombres. El equipo español tampoco ha tenido gran diferencia entre los sexos. Ha sucedido, sin embargo, que ha habido que confiar más en ellas que en ellos. Tal vez el fenómeno más llamativo ha sido el de las chicas de waterpolo. Han acudido por vez primera y se han ganado el pase a la final, en la que en el peor de los casos tendrán la medalla de plata. El hecho de que hayan participado en competición durante el tiempo de su preparación les ha impedido estar concentradas junto a otras muchachas como las de natación sincronizada. Es sintomático que, como ya se ha resaltado, haya sido el agua el lugar adecuado para sus éxitos. En los primeros días hubo cierta depresión en la Villa Olímpica donde residen los españoles. La ausencia de buenas clasificaciones individuales, las eliminaciones casi en masa hacían crecer un ambiente de decepción general.

La aparición de Mireia Belmonte cambió el espíritu, porque demostró que también se podía ganar. Mireia no se conformó con una medalla de plata, sino que ganó la segunda y de manera brillante. La actuación de Maialen Chourraut en las aguas bravas mereció más que aplausos porque luchó con gran bravura. Las aguas bravas recuerdan a los valientes navarros que bajaban del monte los troncos de los árboles que cortaban por medio de las almadías, balsas construidas uniendo los troncos y salvando los problemas de la corriente. Toda clase de poemas merecerían las muchachas del waterpolo. Han sido debutantes y han marcado una pauta para el futuro. Probablemente, en los próximos Juegos se comenzará a pensar en la posibilidad de que sus sucesoras obtengan nueva presea.

Andrea y Ona estaban ayer por la mañana rendidas cuando se presentaron ante los medios. Acabaron sentadas en el suelo del pasillo tras haber respondido a cuantas preguntas se les plantearon en la sala de conferencias de prensa. Pusieron las posaderas en el suelo mientras esperaban su vuelta a la Villa, porque ya habían participado en el entrenamiento matinal y, además de cansancio, tenían hambre. Y todo ello con naturalidad, sin presumir por haber ganado una medalla. Y Marina Alabau cumplió el pronóstico. Conquistó el oro en las mismas aguas en que había ganado el Mundial. Las chicas no nos fallan. Al menos en los deportes donde el ego no es tan pronunciado como en otros, llenos de estrellas.

Posdata
Es posible que Luis Milla pase a la historia como el seleccionador que en época gloriosa de «Las Rojas» pasó por los Juegos de Londres sin una victoria, sin un gol y el último del grupo. No es papel muy defendible y ha resultado medianamente comprensible su fulminante destitución. A José María Odriozola, presidente de atletismo, no se le puede dar la boleta como a Milla, pero debería flagelarse. Digo.