Antonio del Real / director de cine: «En la Guardia Civil se han partido de risa con mi película»

Un cadáver, un par de agentes de la Guardia Civil algo desastrosos, una investigación, una trama de corrupción dentro de la Benemérita, un cabo honrado y trabajador... Hasta ahora, nadie se había atrevido a entrar a saco en las miserias de la Guardia Civil. Antonio del Real lo ha hecho, desde el humor, en «Ni pies ni cabeza», su nueva película, que llega a las salas el viernes protagonizada por Christian Gálvez, Jaidy Michel, Miguel Hermoso, Alejandro Tous, Blanca Jara y Juanjo Puigcorbé, entre otros. Y ha logrado que la Unión de Oficiales del cuerpo «se muera de risa con la película», asegura.

–Un filme sobre la Guardia Civil, un terreno complicado. ¿Con un par?
–Sí, pero yo lo veo muy claro. Me encanta cómo abordan sus problemas políticos y militares en el cine americano: primero zurran la badana y después siempre hay unos defensores que salvan el asunto. Yo, por encima de todo, he querido hacer una comedia, nada trascendental. Que la gente se divierta, porque con los tiempos que corren es muy bueno y terapéutico el hacer reír. Hemos querido que prevalezca el triunfo del bien sobre el mal por encima de la historia de risa, que luego va derivando en algo bastante serio. Y la realidad supera a la ficción, porque lo que contamos ha ocurrido ahora [el escándalo en torno a la Asociación Pro Huérfanos del Instituto Armado]. Pero siempre habrá quien nos ponga a caldo.

–Pues se lo ha puesto fácil a sus detractores con el título...
–Ya espero que me zurren, pero en ese sentido estoy por encima del bien y del mal: ¡he recibido tanto! No cuento con que la crítica sea muy amable conmigo, no lo ha sido nunca. No sé si es porque no me quieren o porque no soy de las bandas de privilegiados. Pero me ha dado lo mismo. He sido siempre una persona independiente, lenguaraz, que digo lo que me apetece. Pero me siento muy orgulloso delante de mis hijas al hacer esto. La película es muy divertida. Fermín Cabal ha hecho un gran trabajo como guionista, con un humor muy inteligente. La novela era zafia, y la hemos llevado al terreno que nos gustaba, el de la comedia que he hecho toda mi vida: «Cha-cha-chá»; «Los hombres siempre mienten», «Corazón loco»... También he firmado cosas serias, como «El río que nos lleva», «La mujer de mi vida», «La conjura de El Escorial». No he querido nunca que me clasifiquen. Pero ahora tocaba la risa.

–Hace años, una comedia sobre la Guardia Civil habría sido impensable. ¿España está ya preparada?
–No lo sé, veo al país más avanzado y valiente para abordar temas que eran tabú. Pero aquí pasamos de un extremo al otro. Yo creo que la gente va a divertirse; los miembros de la Guardia Civil que la han visto salieron partiéndose de risa.

–¿Ha recibido facilidades de la Benemérita?
–Tengo un amigo, Carlos Medina, que me ayudó mucho. No sé qué pasó al final, porque ha habido una serie de despropósitos de producción. Pero creo que ahora tenemos a todos a favor. ¡Todo será que me detengan al día siguiente del estreno! Hay prejuicios y miedos de abordar una serie de temas, porque venimos de estar con el guerracivilismo y la otra parte siempre aprovecha para endiñarle a los contrarios. Eso me parece impresentable.

–¿Se ha librado usted mismo de algún prejuicio hacia el cuerpo?
–A mí la Guardia Civil me parecen personas que han hecho toda la vida un servicio impagable a España. La gente critica, y nosotros lo hacemos en la película: el personaje de Jaidy Michel saca a relucir las aduanas, Intxaurrondo, la corrupción... ¡Hasta el novio de Rociíto! Pero luego el personaje de Christian Gálvez le rebate todo eso: la labor que desarrolla la Guardia Civil, la cantidad de agentes que han muerto al servicio de la Ley y el orden, la lucha contra el terrorismo... Son dos pensamientos que había que plantear. Mi apuesta al final es que los más jóvenes, los que no están corrompidos, salvan la situación. Es la lucha del bien contra el mal. Ha sido una máxima toda mi vida. Aunque es una cinta de mucha risa, tiene mensajes sutiles y serios. Está contada de una manera muy tierna la vida en los cuarteles de montaña de la Guardia Civil, hay un alegato contra la droga... No pretendemos hacer una película de mensajes, pero el espectador se dará cuenta.

–Y, de forma implícita, muestra la precariedad con la que viven...
–¡Los mossos d'esquadra cobran más que los guardias civiles! Y la labor de éstos es más importante. Si haces el cine como divertimento, mejor, pero debe despertar la conciencia social y de los políticos.

 

Ni de izquierdas, ni dogmático
Antonio del Real es consciente de que paga con creces decir sin tapujos lo que piensa: «Me han perseguido mucho y me he sentido muy marginado por los propios compañeros. En mi profesión, al que no es de izquierdas y no sigue los dogmatismos de gente como Pilar Bardem y algunos directores se le cierra mucho trabajo. Lo decía Berlanga: la censura política es jodida, pero es mucho peor la económica». Y da ejemplos: «La Academia de Cine sacó un diccionario de directores en el que yo no estoy, pero sí compañeros que han hecho menos películas». Otro ejemplo: TVE tiene comprada «La conjura de El Escorial» (arriba), pero, sobre su emisión, le dicen que de aquí a 2017. «Todo eso me duele mucho, porque yo jamás le he preguntado a un actor qué ideología tiene, qué religión practica o qué sexo le gusta. Soy una persona abierta: busco la profesionalidad».