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La capital financiera de Pakistán se hunde en el caos social y la violencia

La guerra entre bandas armadas ligadas a partidos políticos en Karachi ha dejado más de 300 muertos en julio y está convirtiendo a la capital financiera de Pakistán en una de las ciudades más peligrosas del globo.

Un grupo de jóvenes curiosea junto a los restos de dos vehículos incendiados durante los incidentes para protestar contra los atentados en Karachi
Un grupo de jóvenes curiosea junto a los restos de dos vehículos incendiados durante los incidentes para protestar contra los atentados en Karachilarazon

Terrenos en disputa, enfrentamientos étnicos, pugnas políticas y la cada vez mayor penetración de redes talibanes centran los motivos de la violencia en esta ciudad con 18

millones de habitantes, que acoge la Bolsa y que debe ser el motor económico de Pakistán.

"Sabemos quién está tras la violencia. Todas las mafias deben rendirse", declaró hoy a la prensa el ministro paquistaní de Interior, Rehman Malik.

Muchos afganos y bangladeshíes están en Karachi con "pasaportes paquistaníes ilegales", apuntó el ministro, quien anunció medidas enérgicas por parte de las fuerzas de seguridad para atajar la enésima ola de asesinatos que sufre Karachi.

"Ayer murieron 26 personas. No podemos permitir que esto continúe", alertó Malik.

Fuentes policiales de Karachi consultadas por Efe constataron que otras cuatro personas perdieron la vida en tiroteos registrados hoy.

Hombres armados han incendiado durante las últimas 24 horas un total de 56 coches en la capital de la provincia sureña de Sindh, según la Policía, en el marco de la guerra entre bandas ligadas a etnias y partidos políticos.

El canal televisivo Express informó de que un grupo de hombres atacó una fábrica en el barrio de Ahsanabad, donde unos 1.500 trabajadores quedaron atrapados y un centenar de motocicletas fueron incendiadas.

Las fuerzas de seguridad están intentado controlar la situación, pero los tiroteos y ataques se suceden por barrios, a menudo en forma de revanchas entre grupos rivales.

Algunos de los barrios más afectados son los de Sarjani, Bilal y Orangi, este último con gran presencia de la etnia pastún, la propia de los talibanes.

Ayer fue un día particularmente violento en Karachi, pero durante el mes de julio han muerto más de 300 personas en tiroteos y asesinatos selectivos.

En vista de ello, la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP, siglas en inglés) alertó de que la polarización del nervio financiero del país "ha socavado su tradición tolerante".

La comisión argumentó que los grupos criminales han intentado explotar el colapso de la ley en Karachi, pero "no parecen ser los principales directores de este horrible juego de muerte y destrucción".

"Esa distinción pertenece a los más poderosos grupos políticos, y son ellos los que tienen la llave de la paz", abundó la HRCP.

Los principales actores en el tablero de Karachi son el Partido Popular (PPP), que encabeza el Gobierno nacional paquistaní, y dos partidos minoritarios que tienen su banco de votos en sendas etnias enfrentadas.

El ministro del Interior de Sindh, Mansur Wasan (PPP), mantuvo ayer reuniones con el Partido Nacionalista Awami (ANP), que defiende los intereses de los pastunes, y con el Muttahida Quami Movement (MQM), dominado por los mohayires.

El MQM acusa al ANP de fomentar la inmigración pastún, que en su opinión sirve como puerta de entrada del integrismo islámico a Karachi.

Pero el partido que reúne a los pastunes laicos y una parte del PPP han criticado por su lado los vínculos del MQM con bandas criminales.

La política nacional complica aún más la situación: el MQM, antiguo socio del PPP, ha abierto varias crisis políticas en Islamabad al retirarse y volver al Gobierno paquistaní en varias ocasiones.

Las fricciones entre el partido del presidente, Asif Alí Zardari, y la fuerza que representa a los mohayires -hablantes de urdu que llegaron a Pakistán de la India tras la partición en 1947-, están desestabilizando Karachi, aunque el Gobierno ve involucrados a otros agentes.

"Hay una fuerza antipaquistaní activa (en Karachi). Estamos intentando luchar contra ella", aseveró el ministro del Interior, quien en otras ocasiones ha sugerido que grupos integristas o extranjeros están sacando tajada del caos en la capital económica de Pakistán.