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Los jóvenes y su futuro por Lluís Martínez Sistach

La Razón
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Recientemente, en un ensayo sobre la actualidad, leí esta observación: «La generación más bien equipada tecnológicamente de toda la historia humana es también la generación más afectada, como ninguna otra, por la sensación de inseguridad y de impotencia». Lo podemos ver en la actual crisis económica, que nos hace temer por nuestro futuro y por el de las próximas generaciones.
Hablar del futuro equivale a hablar sobre todo de los jóvenes. Los jóvenes viven intensamente la crisis actual. Los vínculos con la familia son decisivos para muchos de ellos en estos tiempos. Pero el gran problema de los jóvenes es sin duda la dificultad de encontrar trabajo. Uno de cada dos jóvenes que buscan trabajo no lo encuentra y está en paro, situación que afecta a más del 50 por ciento de este colectivo, una cifra aterradora.
Para nuestros jóvenes es muy difícil obtener un crédito para iniciar una actividad o para adquirir una vivienda e independizarse y fundar una familia, porque no pueden aportar las garantías que se les piden. Y aumenta entre nosotros la llamada generación «ni–ni», que ni estudian ni trabajan, a los que en el mundo anglosajón se les llama los «neet». Esta palabra está formada por las tres primeras letras de las palabras en inglés «no en educación, ocupación y formación profesional» (en inglés: «not in education, employment and training»).
El mercado de trabajo para los jóvenes que han podido entrar es en general muy volátil y flexible, a menudo con situaciones de una grave precariedad. Algunos de ellos no dudan en emigrar a países donde puedan trabajar. Esto, que es una solución para quienes lo viven, es sin duda una notable pérdida para el país, porque los que se marchan son con frecuencia los que están más preparados y podrían hacer una mayor aportación a nuestra sociedad.
Ante esta realidad todos hemos de sentirnos afectados y todos somos responsables de garantizar un futuro para nuestros jóvenes. Modestamente, he procurado colaborar en la promoción de un proyecto titulado «Jóvenes en paro», que gestiona Cáritas Diocesana, con la colaboración de la archidiócesis de Barcelona y de diversas instituciones ciudadanas, entre las cuales deseo subrayar que están los dos principales clubes de fútbol de nuestra ciudad. Pido que surjan más iniciativas en este sentido, tanto por parte de las instituciones cristianas como de las instituciones civiles y políticas, sin olvidar la aportación decisiva de los empresarios, tanto de los mayores como también de los pequeños y medianos.
Algunos pensarán que éste –como tantos otros– es un problema político y que ha de tener una salida sobre todo política. Sin negar la aportación de la política a la solución, creo que todos nos tendríamos que esforzar para no caer en la resignación y ponernos a hacer aquello que está en nuestra mano. El filósofo de cultura judía Martin Buber –destacado exponente del pensamiento filosófico centrado en la relación yo–tu y en la persona– decía que «comenzar por uno mismo es lo primero que cuenta. El punto de apoyo de Arquímedes desde el cual puedo levantar el mundo es la transformación de mí mismo». Soy consciente de que resolver el problema del futuro de los jóvenes es algo que nos puede parecer tan imposible como levantar el globo terráqueo. Pero esto no nos ha de llevar a la resignación y la inacción. El principio de la responsabilidad personal y de la capacidad de cada persona son unos valores irrenunciables.