Lección moral

La Razón
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Fabriciano González «Fabri» y José Bordalás, entrenadores de Granada y Elche respectivamente, no han sido, durante los partidos de promoción de ascenso a Primera División, buen ejemplo para el deporte. Ambos han adoptado posturas y han hecho manifestaciones que en nada ayudan a la práctica limpia del fútbol. Como contraste, dos entrenadores de alevines, Ernesto Chao y David Fernández, del Sevilla y del Espanyol, han enseñado a sus jugadores el camino del «fair play», trofeo de la Unesco, que en una ocasión obtuvo el jugador del Sabadell, Zaballa. En Azpeitia y Azcoitia se ha jugado un torneo de alevines, noticia insignificante para la mayoría de los medios informativos. Ha tenido que ser un gesto más que plausible para que se haya tenido noticia de tal competición. Lo importante no ha sido el juego ni la presencia de futuros «Messis». Lo trascendental ha sido la actuación del entrenador de los sevillistas, quien dio lección a los suyos y de consuno a los adversarios y al deporte en general. Según el entrenador sevillista, los chavalines españolistas habían jugado mejor e incluso tenían menor edad. El trofeo se decidió en los lanzamientos de penaltis y ganaron los del Sánchez Pizjuán. Ernesto Chao, que es entrenador del fútbol base, del que nunca llega a las primeras páginas, reunió a los suyos y les dijo que había que regalar la copa a quienes habían sido mejores aunque no hubieran vencido. Los periquitos no podían esperar decisión tan generosa y emotiva. En alevines se dio un soplamocos a Fabri y Bordalás. Posdata. Los niños no deben competir sino jugar. Chao lo predica.