Alemania cerca a la corrupción

El presidente Wulff se ve obligado a dimitir después de que la Fiscalía le quitara su inmunidad

Tras dos meses en la cuerda floja por recibir regalos y favores de empresarios amigos, el presidente federal alemán, el democristiano Christian Wulff, anunció ayer su dimisión. Durante una intervención sin preguntas en el berlinés palacio Bellevue y acompañado de su esposa Bettina, Wulff reconoció que «los acontecimientos de las últimas semanas muestran que la confianza y mis posibilidades de actuar están alteradas de manera significativa».

«Alemania necesita un presidente que pueda enfrentarse a los retos internacionales y que goce de la confianza, no de la mayoría de los alemanes, sino de la inmensa mayoría», aseguró Wulff tras reiterar su inocencia y denunciar la persecución mediática sufrida por él y su esposa.

Lo cierto es que la situación del dirigente democristiano se había hecho insostenible desde que el diario sensacionalista «Bild» comenzara un goteo de revelaciones sobre tráfico de influencias y favores vinculadas a su etapa como jefe de Gobierno de Baja Sajonia (2003-2010). Sin embargo, la gota que colmó el vaso llegó el jueves, cuando la Fiscalía de Hannover solicitó al Bundestag (Parlamento federal) que levantara la inmunidad del jefe de Estado tras hallar «indicios concretos y suficientes» para abrir una investigación criminal en su contra, algo inédito en la historia política alemana.

Tras conocerse la renuncia de su correligionario político, la canciller alemana, Angela Merkel, compareció para expresar que había recibido la noticia «con gran respeto» y «gran pesar», y afirmar que el presidente saliente y su esposa representaron «con dignidad» a Alemania. En su opinión, el caso muestra que «todo el mundo recibe el mismo trato independientemente de su cargo».

Merkel, que suspendió un viaje a Roma, anunció que «queremos liderar las conversaciones para proponer un candidato común para la elección del próximo presidente de la República Federal de Alemania». Según la Constitución, la Asamblea Federal, que reúne a los 620 diputados del Bundestag y al mismo número de representantes de los 16 estados federados, debe reunirse en un plazo de 30 días para elegir al nuevo presidente.

Wulff recibió en 2008, cuando era primer ministro de Baja Sajonia, un crédito de 500.000 euros del empresario Egon Geerkens y su mujer, que posteriormente liquidó en condiciones favorables con otro crédito de un banco público. Con ese dinero, Wulff y su segunda esposa compraron una vivienda unifamiliar con una parcela de 658 metros. A las primeras informaciones sobre el préstamo siguió un reguero de revelaciones acerca de las vacaciones de Wulff a invitación de los Geerkens y otros casos de presunto amiguismo.

Así, también se investigan las relaciones del dirigente democristiano con el productor cinematográfico David Groenewold. Ambos disfrutaron en 2007 de unas vacaciones en la exclusiva isla alemana de Sylt que pagó Groenewold, aunque el Wulff ha asegurado que abonó en metálico su parte a quien califica de amigo personal.

Pero a las sombras sobre su honradez se sumaron sus maniobras para ocultar el escándalo. Wulff dejó un mensaje intimidatorio al director del «Bild», Kai Dieckmann, amenazando con una «guerra» y consecuencias legales si el caso salía a la luz. El presidente también llamó al jefe del grupo editorial, Mathias Dopfner, para evitar que se publicara.

La presión contra los medios supuso el principio del fin de la Presidencia de Wulff, que desde entonces fue también el blanco de la Prensa conservadora. De ahí que los medios sean de alguna forma los que han puesto fin a la prometedora carrera política del dirigente democristiano de 52 años, que como presidente abogó por la integración social de los musulmanes que residen en Alemania.


Bettina, la ambición rubia
A sus 39 años y con un tatuaje tribal en el brazo, Bettina Wulff, la primera dama más joven de la historia de Alemania federal, jugaba con una carta en su favor: en tanto que especialista en comunicación, ha sabido gestionar la imagen de su marido en los medios. Fue precisamente Bettina quien consiguió dar un nuevo brillo a la imagen de su marido, que había acumulado polvo en los últimos años. Ella le enseñó a amar las alfombras rojas, los flashes de los fotógrafos y el «glamour». Y es gracias a los tabloides alemanes que Wulff consiguió hacer «digerir» su sonado divorcio y sus segundas nupcias a la sociedad bienpensante alemana. Los escándalos han puesto un abrupto fin a las ambiciones de la alegre Bettina.